SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ
EL PAÍS
- España - 04-02-2005
Un
ensayista alemán escribió que nada es más peligroso
que la riqueza sin poder. Las palabras del lehendakari, Juan José
Ibarretxe, en el Congreso de los Diputados, el pasado martes, parecían
llevar al extremo esa misma sentencia: "Estamos a la cabeza del
Estado en materia de renta familiar disponible, tenemos el máximo
de ocupación que hayamos tenido nunca en nuestra historia, hemos
creado más de 4.000 empresas en esta legislatura... somos más
atractivos que nunca", explicaba el lehendakari ante el pleno del
Congreso. "Somos un país moderno, avanzado económicamente",
insistía. Queremos el poder. Todo el poder.
Todo lo que mostraba el lehendakari se ha conseguido, probablemente,
con los actuales niveles de autogobierno y con el famoso Concierto Económico
que permite al País Vasco quedarse con más recursos propios
que, desde luego, Cataluña o Madrid. Pero no basta: "Queremos
más para vivir mejor". Al lehendakari no le importó
desgranar sus reclamaciones con el sonido antipático del rico
que exige directamente todo. Posiblemente, porque estaba hablando para
su electorado y porque tiene claro lo que le ofrece: se trata de que
"nosotros" vivamos mejor, no de que el conjunto de los españoles
prospere o mejore. Y esa puede ser, sin duda, una gran motivación
para los vascos (como para cualquier otro ser humano) a la hora de empuñar
la identidad.
Que la riqueza reclame todo el poder es posiblemente injusto, pero explicable.
Lo extraño es que la izquierda se haya perdido tan completamente
que ya no sea capaz de distinguir de qué se trata y que, como
Ezker Batua, se limite a proclamar una vaporosa "solidaridad".
A veces se añora, no sólo en Euskadi, sino en todo el
mundo, un movimiento político de izquierda que sea capaz de arrancar
de cuajo esa palabra de su vocabulario y que hable de otra cosa: por
ejemplo, de cohesión o de apoyo. Porque solidaridad significa
simplemente la adhesión circunstancial a la causa de otro, algo
perfectamente compatible con tu ejercicio absoluto del poder, mientras
que cohesión busca reunir las cosas entre sí y apoyo supone
proteger y ayudar a otro, hacer que algo descanse sobre otra cosa. Por
eso el lehendakari asegura que su proyecto es solidario. Porque cuesta
muy poco, mientras que la cohesión y el apoyo mutuo exigen, justamente,
compartir ese poder absoluto que él tanto ansía para Euskadi.
Quizás ya sea tarde para explicar a muchos votantes vascos y
vascas el sentido, y los límites morales, de la frase del alemán
Ernest Junger. Quizás ahora lo más inteligente sea pedir
a esos votantes que analicen con cuidado dónde reside la mejor
posibilidad de que se abra una negociación que les permita salir
del embrollo actual y que les garantice su "buena vida" (Incluso
que permita extenderla a aquellos no nacionalistas que no se sienten
ahora en absoluto partícipes del festín). Ese será,
probablemente, el núcleo duro de la próxima batalla electoral.
Es posible que quien convenza a los electores de que representa el dialogo
entre Vitoria y Madrid tenga asegurado un gran puñado de votos,
quizás el decisivo. Por eso el lehendakari adelantó la
fecha de las elecciones y por eso lanzó el mismo miércoles
el lema de su campaña: "Por la negociación".
Ibarretxe, el PNV y sus aliados lucharán con todas sus fuerzas
para hacer creer a los vascos que la única forma de impulsar
una negociación es reforzar su mayoría en el Parlamento
de Vitoria. Quienes se les oponen tendrán que librar esa misma
batalla: hacer creer a los electores que, por el contrario, son ellos
quienes representan la esperanza, la negociación desde la legalidad
y el diálogo entre nacionalistas y constitucionalistas.
Y explicarles que, aunque es cierto, como decía Marlene Dietrich
y sin duda piensa el lehendakari, que "hay una gigantesca diferencia
entre ganar mucho dinero y ser rico", la razón está
en quienes aspiran, sobre todo, a un gran convenio dentro de una sociedad
en calma.
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