Un nuevo mundo, una nueva cultura

El mundo se está haciendo tan abarcable, que en él se impone la cultura de la solidaridad que nos interpela y convoca a todos los que nos sabemos compañeros de viaje en una nave azul por el espacio. Es inevitable volver los ojos hacia lo que supuso en la historia de la humanidad el siglo V antes de Cristo, el cambio de Era en los albores de esa formidable revolución que significó el cristianismo aunque nadie, entonces, lo presintiera en pleno auge del Imperio romano, la expansión del Islam con su dinamismo impresionante para tantos pueblos y territorios, el Renacimiento - con el uso de la brújula para la navegación, de la pólvora para las guerras, de la imprenta para la expansión de la cultura, de la eclosión del Estado moderno con el inédito concepto de frontera que separa frente al limes que atrae, del descubrimiento de un continente inimaginado, de la revolución copernicana y la de Galileo, la de Keppler, la de Newton y las de tantos otros que conmocionaron las conciencias y los modos de vida hasta entonces conocidos, del nacimiento del derecho internacional, hasta la revolución industrial y todo lo que supuso el dominio de las nuevas tecnologías. Actualmente, nos encontramos en un período similar pero con posibilidades a las que ni siquiera con la imaginación podemos acercarnos. Y la ignorancia no exime de la responsabilidad de prepararnos para que, como advertía Rilke, nada extraño pueda sucedernos fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo, aunque no podamos ni siquiera prefigurarlo. Una vez más, ante lo insondable del misterio que se anuncia, junto a la admiración y el asombro, es imprescindible la vela del centinela alerta por el que reposa el imperio, de Albert Camus.

Es urgente comenzar de nuevo antes que colaborar en remiendos y componendas de urgencia para satisfacer las conciencias de los que no saben ver que el hambre, las epidemias, la desertización creciente, la postergación de la mujer, la explotación de los niños y todas las formas de marginación no son causa sino efectos de una pobreza de los más exigida por la ambición de los menos.

Es preciso que nos movamos en este sentido para canalizar la savia incesante de tantas personas y comunidades que buscan odres nuevos para el vino nuevo. De lo contrario, la frustración podría dar lugar a regresiones insospechadas. Nada hay más terrible que la desilusión desesperanzada puesto que todo está relacionado y es "inter-independiente", como sostiene el filósofo Raimon Panikkar.

El planeta tierra es una realidad global que a todos nos afecta. Debemos acostumbrarnos a pensar con perspectiva planetaria y pasar de la ecología a la ecosofía.

No sólo nos va en ello la calidad de vida sino la misma supervivencia, pues no en vano los Informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertan sobre el peligro inminente de que el actual modelo de desarrollo pase de injusto a inhumano, de no poner coto a las prácticas impuestas por el modelo de desarrollo imperante. Esto no cuenta tan sólo para los países del llamado Tercer mundo, que representan cuatro quintas partes del planeta, sino para todos. Y si a alguien "fatigan" estos datos, como dijo en la Cumbre Social de Copenhague, de 1994, el anterior Secretario General de las Naciones Unidas, Butros Gali, más fatigan a quienes los padecen, por eso pidió "un nuevo pacto mundial entre el Norte y el Sur para evitar el estallido de una bomba social integrada por 1.300 millones de personas que viven en la miseria sin acceso al empleo, a la sanidad o a la educación. De la respuesta política y del compromiso financiero de los países más ricos depende el futuro del planeta ya que la explosión social es inminente".

Los más atroces sistemas sociopolíticos y económicos de la historia fueron anunciados previamente en publicaciones sin que el gran público reaccionase. Desde el comunismo de Estado hasta el fascismo y el nazismo inhumanos, con sus secuelas de exterminio de pueblos, de campos de concentración, de racismo y de toda suerte de calamidades, en su forma paradigmática: las guerras mundiales. No sería difícil enumerar las obras y los autores que anunciaron con tiempo las calamidades que sucederían una vez conquistaran el poder a lo largo de la historia.

De ahí que la apuesta solidaria para construir una cultura de la participación, en lugar de la cultura del consumo, hunde sus raíces en el grito de los pobres, y no sólo les presta su voz y sus manos sino que los escucha con atención porque ellos deben ser los protagonistas de su andadura vital y no comparsas en un guiñol cuyos hilos no están en sus manos.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 04/09/2000