Suplemento de humanidad
Decía Delors que padecemos un déficit de alma en una Europa ensimismada, egoísta e incapaz de arriesgarse por la miopía propia de la decadencia de las civilizaciones. Un amigo sugería aportar un suplemento de humanidad para que los hombres podamos ser felices, que es la única razón de un vivir con sentido. No estamos sólo ante un cambio de siglo o de milenio sino en plena mutación, en un cambio de Era. La revolución tecnológica, fruto del progreso de los saberes científicos (que no de la sabiduría) afecta a la información y a la comunicación y sólo es comparable al descubrimiento de la agricultura; por encima del dominio del fuego o del uso de la rueda, de los hallazgos del Renacimiento y de la revolución industrial. El mundo ha devenido una aldea global en la que todos somos próximos y solidarios, que navegamos en un único planeta azul del que somos responsables. Apostamos por el mestizaje cultural que integra, enriquece y serena. La ruptura del diálogo y del intercambio abre paso al odio y la violencia. Es el triunfo del aislamiento sobre la unión, de la uniformidad sobre la diferencia, del azulejo sobre el mosaico, del fanatismo sobre la cooperación que siempre se da entre iguales. La Europa de la OTAN y de la fuerza no es la Europa que habíamos soñado, porque no cumple sus compromisos sociales. Los poderes financieros han frustrado la esperanza nacida ante la caída del muro de Berlín que marcó el final del siglo XX. Pero, ante signos como los de Seattle, tiene que ser posible la esperanza que supone decisión para invertir en intangibles capaces de articular lo local con lo universal, las necesidades económicas con el bienestar social de los pueblos. La paz, la democracia y el desarrollo son efectivos cuando tienen como eje la educación, la solidaridad y la justicia. Educar es más que instruir, es despertar el potencial creador, facultad distintiva del ser humano. Decía Bolívar que "la educación es la base de la libertad"; por eso sólo el 0,03 % de la contribución de los países del Norte se destina a la educación en el Sur. Sólo hay una urgencia: compartir. Economía de mercado, sí; sociedad de mercado, no; democracia de mercado, nunca. Hay que afrontar la exclusión y la discriminación; la miseria urbana y la decadencia de las zonas rurales; las emigraciones masivas y el deterioro del medio ambiente; pandemias como el sida, la tuberculosis o el paludismo; el tráfico de armas, de drogas y de dinero criminal; la guerra y la violación de los derechos humanos. El pensamiento único confunde desarrollo con crecimiento económico.
Por eso tenemos que fomentar la rebeldía ante la inercia. En
El hombre rebelde, Camus dice que "la rebeldía es una de
las dimensiones fundamentales del ser humano". Es preciso construir
la paz mediante la palabra, la participación y el compromiso
para que nuestros hijos no nos tengan que repetir las palabras de La
Peste, "Los despreciaba, porque pudiendo tanto se atrevieron
a tan poco". |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 21/01/2000