Olimpiadas: citius, altius, fortius
Olimpia, en el Peloponeso, era un centro religioso panhelénico donde se celebraban cada cuatro años los Juegos olímpicos. Allí se alzaba el santuario principal del mundo griego, dedicado a Zeus y cuyo templo, Heraion, es una de las cimas del arte griego, donde se encontró el Hermes de Praxiteles. La estatua de Zeus, obra de Fidias, ha desaparecido pero podemos hacernos una idea gracias a las descripciones de Calímaco y de Pausanias. Se descubrieron restos del taller de Fidias y una de las esculturas más bellas, la Niké de Peonio, junto a relieves en bronce y terracotas pintadas, como la de Zeus llevándose a Ganimedes, el casco de Milcíades y otras obras que se encuentran en el museo de Atenas. Alrededor del Altis, o perímetro sagrado, un gimnasio, una palestra, la gran hostería del Leonideo, el Pritaneo y el Buleuterion así como el hipódromo. Sólo subsiste algo del estadio. A partir del 776 a. J.C., fecha oficial de la fundación de los Juegos, y base del cómputo por Olimpiadas, se celebraban cada cinco años,( durante el novilunio que precedía al solsticio de verano, no sin causa). Enviaban embajadores sagrados a todas las ciudades estado para proclamar una tregua sagrada. Los atletas llegaban diez meses antes para entrenarse en el gimnasio de Élide, bajo la dirección de los helanódicas, designados para presidir los Juegos. Prestaban juramento ante el altar de Zeus Olímpico y tenían que ser griegos y de condición libre. Ni metecos, extranjeros que vivían entre los griegos, ni esclavos. El premio para los mejores era una palma y una corona de olivo. (Después de la procesión, los olimpiónicos participaban en un banquete en el Pritaneo). Su gloria era inmensa y eran festejados en sus ciudades, se les erigían estatuas y se componían cantos en su honor por haber honrado a su patria. A nadie se le ocurría que un atleta era un vencedor individual, sino la expresión y representación de sus conciudadanos. Por eso, no podía ser ni esclavo ni extranjero, por mucho tiempo que llevase viviendo en una polis. Con la introducción de las carreras de carros y el coste del mantenimiento de los caballos, se formaron cuadras que estaban en manos de las familias ricas. Por esta causa, los Juegos, que estaban abiertos a todos, fueron acaparados por atletas que se entrenaban para participar en los mismos, dando lugar a clientelas y servilismos que desvirtuaron su esencia. Después de Adriano, Olimpia perdió su influencia política y religiosa a pesar de que los Juegos se celebraron hasta el 393 d. J.C. Los bárbaros la asolaron porque no la comprendieron ni pudieron compartirla. Gracias a la iniciativa del pedagogo francés, Pierre de Coubertin, que convocó un congreso internacional de organizaciones deportivas en la Sorbona, nació el Comité Olímpico Internacional (COI) y los Juegos modernos cuya primera Olimpiada fue en Atenas, en 1896. El objetivo de las Olimpiadas es mantener el espíritu del deporte amateur y de la fraternidad de los pueblos a través del mismo y para que los jóvenes aprendan la convivencia a través de la leal competitividad. Por eso, se repite la frase de Coubertin: "Lo importante no es ganar, sino participar" Si bien "más alto, más rápido y más fuerte", continúa siendo un estímulo, la clave para la supervivencia de los Juegos Olímpicos es que mantengan su espíritu. No importa sólo cuánto ni dónde, sino el cómo. Esa areté, o virtud fundamental presidía la vida de los ciudadanos griegos y fundamentaba su concepción de la vida: seres libre de espíritu, con mente sana y capaces de participar en la cosa pública, so pena de ser considerados "idiotés". La bondad y la belleza eran inseparables de la justicia que sustentaba el sentido del honor. Por eso, la democracia, como posibilidad de participación, era una actitud, más que una forma de gobierno. Por eso, resulta un escándalo la trifulca que se ha armado con motivo de la actitud de algunos atletas que pretenden competir bajo las banderas de otros países, siempre más ricos y poderosos, sin la preceptiva autorización de los Comités olímpicos de sus países de origen. Causa rubor contemplar las competiciones internacionales en la que, en algunas especialidades, sólo se ven participantes de color originarios de Africa o del Caribe defendiendo banderas de otros países. El ecúmene, que parece propiciar la globalización, no suponía la uniformidad con pérdida de las señas de identidad, sino la riqueza de la diversidad en un esfuerzo de participación. En este caso, por medio del deporte. Las Olimpiadas han perdido su dimensión sagrada, pero podrían facilitar el conocimiento y respeto entre los pueblos. Causa dolor y mueve a la rebeldía, como en Seatle o en Washington
o en Bankog, esta prepotencia de los poderosos que compran a los atletas
de los pueblos empobrecidos del sur, muchas veces con presión
sobre sus gobiernos. ¿No les llega con la Eurocopa y los Mundiales?
Hasta hoy, los proveedores de carne para el circo en el que han convertido
las palestras, procedían de Africa y del Caribe, pronto se abrirá
el mercado hacia el Este de Europa y hacia Oriente. Por supuesto, en
nombre de las sacrosantas leyes del mercado cuyo dios no es Zeus Olímpico
sino Mamón y sus secuaces. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 25/08/2000