Era una de las nuestras
"De niña no quería tanto crear un mundo propio, sino encontrar un mundo mejor en el mundo real, un mundo al que tenía acceso a través del arte en sus distintas formas", escribió Susan Sontag. Por eso, hoy todos somos más pobres pero ella nos ayudó a no cejar en la denuncia ni en el compromiso si queremos seguir siendo personas dignas. Como dice Saramago, Susan bailaba con lobos, ella misma era una loba, y a veces ululaba de desesperación porque el dolor no se acaba en el mundo, porque la guerra no se termina, porque lo humano tarda en llegar y lo inhumano nos va calcando a los pies todos los días y en todos los lugares. Para Anson, Susan Sontag nos traslada a otro mundo, al de la trepidación americana, el desolado consumo, el sexo sin alma, la felicidad estúpida, todo lo que combatió la gran escritora. Ella ha sido siempre la rebelde, la provocadora, la independiente, la del cine ávido, la novela agresiva, el erizado ensayo. Mientras las árabes quieren derribar el velo, la norteamericana luchó contra el tanga. Porque ella denunció a la mujer objeto. Fustigó continuamente la realidad norteamericana de los sesenta, en la que el reclamo para vender un artículo era una muchacha de piel dorada, en tanga o desnuda. Y confiesa que se levantó contra "las manazas del Imperio" norteamericano al clamar contra todas las guerras. Carlos Fuentes expresa su convicción de que era dueña de una individualidad como ancla profunda y poderosa de su enorme capacidad para llegar con entereza intelectual a los dominios compartidos: la comunidad, la sociedad, la polis, los otros. Los ensayos de Susan Sontag son grandes interpretaciones de lo que está realmente ocurriendo. Era el cerebro más rápido e intransigente que me ha cabido, en vida, conocer, reconocía con tristeza el escritor mejicano. Batalló contra el Gobierno de Bush y contra el peligro de una política exterior fruto de la ignorancia y de la soberbia. Denunció el peligro de suprimir las libertades públicas en EE UU y de animar a hacerlo a sus socios, como Gran Bretaña. Se alzó contra el grupo de la Casa Blanca y los crímenes de la guerra preventiva. De su crítica implacable contra la tiranía dan idea sus ataques contra "ese señor horrible de Tejas", contra Donald Rumsfeld "un criminal de guerra", se refería a Silvio Berlusconi como "ese rico tonto" y contra el mismo Ariel Sharon por su locura suicida que reproducía los horrores del genocidio nazi y contra Gabriel García Márquez por no atreverse a criticar a Fidel Castro. Cuando se descubrió el escándalo de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib, declaró: "En Estados Unidos evitamos la palabra tortura, decimos abusos, humillaciones, pero la palabra justa, es tortura". Susan Sontag hizo una devastadora crítica de las torturas de esos presos iraquíes a manos de los soldados estadounidenses en Iraq, negando las disculpas de la Casa Blanca de que eran obra de unas cuantas "manzanas podridas". Aunque no era practicante, nunca ocultó su origen judío y se atrevió a filmar a las tropas israelíes en la guerra de Oriente Próximo dirigiendo una película en los Altos del Golán titulada "Tierra prometida". Pero al mismo tiempo se comprometió en la denuncia de los padecimientos de los bosnios y trasladó su domicilio a Sarajevo para sostener su causa y denunciar el silencio de los países libres occidentales. Los países ricos asisten desde lejos y mediante la "compasión mediática", al sufrimiento de países, normalmente pobres y siempre lejanos, denunciaba con vigor. Susan Sontag se identificaba con el sufrimiento de personas provenientes de culturas a las que nunca llegaría a comprender del todo. Así escribía: "Tengo la impresión de que la literatura ha ampliado mi capacidad de compasión por su capacidad de llevarnos a mundos diferentes, envolvernos en su contexto, y hacernos sentir partícipes de una historia ajena. Porque vivimos en una cultura que se niega a dar relevancia a la inteligencia. Para mí, la inteligencia que merece la pena defender es la que es crítica, dialéctica, escéptica y compleja". En cuanto al papel de los intelectuales en tiempos de crisis aseguró: " ¿Es un intelectual alguien que piensa, que reflexiona? Existen muchos intelectuales que están conformes con lo que pasa. No creo que sea acertado pensar en ellos como una clase, sino como individuos. Lo importante no es juzgar a los escritores por lo que dicen sino saber que eso no necesariamente es verdad. Lo más relevante para un intelectual es tener integridad. Ellos no son importantes por lo que dicen, sino por lo que representan". Susan estaba preocupada por los grupos vulnerables y por las mujeres, aunque no era feminista. Era una soñadora de otro mundo, de uno que no existe y cada vez que una mujer soñadora y rebelde se muere es muy triste. Por eso afirmó: "La condición femenina, el acceso de la mujer a la dignidad, al trabajo, a la ley, a la plena personalidad, será el tema central del siglo XXI". Pocos pensadores han tenido tanta sensibilidad, perseverancia e interés para ocuparse del dolor humano como la autora de Estilos radicales y El SIDA y sus metáforas. "La enfermedad es el lado nocturno de la vida", dijo en ese libro, afirmando que su sentido era indicar que la enfermedad es una realidad, no un producto de la imaginación, y la manera más sana de estar enfermo es resistirse a la metáfora. Así como la manera más maravillosa de estar sano es internarse en el reino de la metáfora y tratar de entenderla. Con ese libro ayudó a muchos para no encerrarse en la fantasía que tanto daño puede hacer cuando no se supera con la imaginación y la inteligencia, como ocurrió a los pacientes de SIDA cuando se empezó a hablar de ese mal como de una "peste". Sí, con la desaparición física
de Susan Sontag todos quedamos más pobres pero su espíritu
animará a cuantos han decidido comprometerse en la lucha por
un mundo más justo y solidario. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 30/12/2004