El concepto de desarrollo ha sido manipulado
al servicio de intereses económicos que han hecho de la cooperación
para el desarrollo un nuevo colonialismo, asimilable, según el profesor
D. Crocker, a la esclavitud o a la guerra. Amartya Sen, premio Nobel de
Economía, afirma que “el
desarrollo humano consiste en un proceso de expansión de las libertades
reales de los individuos, de tal manera que cada ser humano esté en
disposición de poder desarrollar todo su potencial como persona, de
poder poner en práctica todas sus capacidades”. Frente a
las concepciones utilitaristas y economicistas que asimilan el
desarrollo con el crecimiento económico, el desarrollo humano
sostenible (DHS) pone el acento en otras dimensiones tradicionalmente
olvidadas.
Sugiere el Profesor Goulet que cualquier concepción adecuada del DHS
debería incluir estas seis
dimensiones: un componente económico que trate la creación
de una riqueza auténtica y mejores condiciones de vida material,
equitativamente distribuidas; un ingrediente social medido en términos
de salud, educación, vivienda y empleo; una dimensión política que abarque valores como los derechos humanos,
la libertad política, la emancipación legal de la persona y la
democracia representativa; un elemento cultural que
reconozca el hecho de que las culturas confieren identidad y autoestima
a las personas; un medio ambiente sano; el paradigma de la
vida plena, referido a los sistemas y creencias simbólicas en
cuanto al significado último de la vida, la historia, la realidad cósmica
y las posibilidades de trascendencia.
Nosotros trabajamos por una universidad transformadora, que actúa en la
promoción del DHS adaptando y transformando las tendencias de una
educación más consciente de sus responsabilidades sociales en un
contexto global y dinámico.
De ahí que las actividades de una Organización de la Sociedad Civil
(OSC) sea inconcebible sin una Ética como saber qué nos orienta para
tomar decisiones justas y felices, en palabras de Adela Cortina. La Ética
del Desarrollo ya es una disciplina académica que se pregunta ¿qué
entendemos por Desarrollo? Ese nombre no es descriptivo, sino
valorativo, por eso nos quedamos sin saber nada de lo que es si no se
describe. El DHS tiene unos bienes
internos que se manifiestan en metas
y en principios. Las
metas: reconocer que no se pueden
imponer a otras formas de vida porque las consideremos
buenas para nosotros. No es legítimo porque el Desarrollo es una
actividad que tiene que satisfacer exigencias básicas de justicia para
desarrollar planes de vida felicitante. Hay que humanizar
el trabajo, empoderar a la gente para
aumentar su autoestima, su esperanza y los medios de vida
necesarios. De ahí que los Principios sean tres: 1) el Desarrollo es un
fin en sí mismo, no es un medio para alcanzarlo; 2) es preciso
tener en cuenta las opciones de los afectados porque su
participación es indispensable para la toma de decisiones y 3) asumir
la responsabilidad porque somos responsables de una naturaleza
vulnerable.
Es preciso superar nuestra tendencia a considerar mejores nuestros
valores en lugar de dialogar y de aprender de las tradiciones vivas de
culturas diferentes que nos pueden enriquecer y mejorar nuestra relación
y nuestros vínculos.
No podemos olvidar que cada uno nos hacemos personas porque otros
nos reconocieron como tales. Algunas personas no formadas parecen
temer a las obligaciones que confunden con los deberes, que son
impuestos. Obligación proviene de ob-ligatio, cuando uno
descubre que tiene un vínculo con otra persona. Cuando reconocemos
el lazo o vínculo con otras personas nos sentimos obligados porque ese
sentimiento brota del corazón, no hay que forzarlo. La auténtica
felicidad y no el bienestar efímero de la epidermis, no se logra sino
por el descubrimiento de la obligación que tenemos con otras
personas.
La Universidad es universitas y su misión es formar
profesionales que respondan a las necesidades de los pueblos. No podemos
limitarnos a transmitir conocimientos sino a compartir los saberes
porque el que tiene sabiduría es el que sabe hacia donde encaminar
los conocimientos. Creemos en la universalidad del saber y de la
humanidad, por eso queremos recuperar
esa cultura universal y no caer en la fragmentación de los saberes que
hacen a unos pueblos engreídos y a otros esclavos. De ahí, que nos
hayamos comprometido en la conversión de esta universidad de mercado,
que genera títulos y busca fondos para subsistir, en una universidad
que hace de la búsqueda de la sabiduría, de la formulación de los
conocimientos y de la aplicación de las técnicas el eje de su
actividad para favorecer las
relaciones y la implicación de docentes y de estudiantes en los valores
de la justicia y de la solidaridad.
Esa es nuestra
responsabilidad social. La que no surge de firmar contratos sino de responder
por otro porque uno ha descubierto el vínculo que nos une y que
origina una obligación solidaria. La clave de la vida social y de los
Derechos Humanos no es el contrato individual sino el reconocimiento de
que los otros también tienen esos derechos morales que anteceden a
cualquier legitimación jurídica. Los humanos tenemos un vínculo y por
eso tenemos que recuperar
el mutuo reconocimiento y no temer a las obligaciones que, en su ámbito,
también tenemos con los animales y con el medio ambiente pues al fin y
al cabo, formamos parte del universo. Como gentes del Norte queremos
regresar del Sur con las lecciones aprendidas para cambiar nuestros hábitos
y transformar nuestras vidas, ya que lo que empieza como estrategia
puede terminar en Ética.