El debate sobre la guerra en las universidades de EEUU

No todos los norteamericanos están de acuerdo con la política exterior del gobierno presidido por Bush. Pocos planteamientos más fundamentalistas que sostener que "quien no esté con nosotros está contra nosotros", es decir, es nuestro enemigo y "le pasaremos factura" porque "encarnamos la lucha del Bien contra el Mal".
Si no denunciamos a tiempo estos planteamientos integristas pondremos en peligro las grandes conquistas contenidas en la democracia como paradigma de la política.
En universidades de prestigio, como Harvard, se ha abierto un debate apasionante que cuestiona el pretendido derecho de EEUU a invadir y bombardear un país como Afganistán, por muy debilitadas que estén sus estructuras políticas. Corresponde a la ONU proveer para remediar estas deficiencias con el concurso de otros países de la zona, fundamentalmente musulmanes. EEUU y Gran Bretaña carecen de legitimidad de origen y de ejercicio para intervenir en ese conflicto en cuya génesis llevan participando desde hace décadas. Es el Gran Juego entre las potencias para dominar esa zona estratégica necesaria para controlar las enormes reservas de petróleo y de gas de las antiguas repúblicas soviéticas en Asia central.
El profesor Stanley Hoffmann, especialista de prestigio internacional, ha publicado en la New York Review of Books unas profundas y serenas reflexiones sobre esta lucha contra el terrorismo. Se pregunta ¿a quién combatimos?. Y se admira de una guerra contra una abstracción como el terrorismo en general que precisa de distinción so pena de caer en contradicciones insalvables. Si la lucha es contra el grupo Al Qaïda de Ben Laden, llevará un tiempo y no se concluirá con la destrucción de Afganistán abocado a una terrible contienda civil protagonizada por cabecillas de facciones secularmente enfrentadas. Nadie se imagina a EEUU y a Gran Bretaña combatiendo el terrorismo en Sri Lanka, en Córcega, en Chechenia, en Palestina o en el País Vasco mediante bombardeos indiscriminados y asesinatos selectivos después de suprimir las más elementales garantías jurídicas como acaban de legislar Bush y Blair para sus respectivos países.
También se pregunta Hoffmann si hay que atacar a los países que albergan a los terroristas en espera de que les demuestren fehacientemente que son culpables. En ese caso habría que comenzar por EEUU y la mayoría de sus aliados que acogen a personas reclamadas por otros países que los consideran criminales y no refugiados políticos. El profesor Hoffmann pide a su país que "sea más modesto pues pretender erradicar el terrorismo en todo el planeta podría ser considerado como una nueva forma de imperialismo".
Ante el problema de los medios lícitos para combatir el terrorismo rechaza la guerra porque padece la población civil y se destruye la riqueza de los países bombardeados. Como otras muchas personalidades, Hoffmann sostiene que se empleen los mismos medios que se utilizan para combatir el crimen organizado: policía, espionaje, infiltración en células terroristas, asfixia de sus redes financieras y control de sus comunicaciones internas.
Denuncia también el unilateralismo norteamericano, al igual que hace en el seno de la OTAN, sin dar cuentas a nadie y exigiendo la colaboración de sus aliados so pena de represalias económicas. Es lamentable el desprecio a las instituciones de la Unión Europea reducida al silencio y a la loca carrera de algunos de sus miembros por servir más de cerca al coloso norteamericano. Muchos intelectuales norteamericanos contemplan con desencanto esta falta de coherencia en los dirigentes de la admirada Europa.
Pero sobre todo, la comunidad universitaria y los foros académicos se preguntan por las causas de esta hostilidad hacia EEUU ya que no quieren sucumbir a la falacia de confundir efectos con causas. Es unánime su sentir: la brutalidad de regímenes corrompidos que la política exterior de EEUU ha contribuido a erigir y a sostener para abandonarlos cuando ya no les fueron útiles; los niños de Irak víctimas de un embargo injusto e inhumano; las reivindicaciones palestinas exigiendo el fin de la ocupación militar y del genocidio del extremismo sionista; el sentimiento de los pakistaníes de haber sido utilizados por EEUU contra la URSS y después abandonados; y, en general, el resentimiento provocado por la prepotencia norteamericana en un mundo cuyas riquezas explotan sistemáticamente, "cuando nos habíamos presentado como la nación indispensable, la clave de una globalización generadora de paz y de progreso, de democracia y de prosperidad".
El profesor Hoffmann se lamenta de la falta de sensibilidad hacia las culturas de otros pueblos y a la implantación de un modelo de desarrollo que ha agrandado el foso entre los pocos ricos del Norte y las inmensas muchedumbres desheredadas y explotadas del Sur.
Cuando en las más prestigiosas universidades de EEUU y de otros países se abren camino estas reflexiones produce cierto rubor el seguidismo borreguil en muchos dirigentes políticos y en no pocos medios de comunicación.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 16/11/2001