Nunca más un holocausto

Producen pavor las imágenes que llegan de Palestina. Un centenar de tanques atacando a la población civil, a médicos y a enfermeras, ametrallando ambulancias con la cruz o la media luna rojas, desalojando a los enfermos de los hospitales, después de asesinar al médico director y ocupar el espacio sagrado para operaciones de castigo.
Nunca se habían bombardeado campos de refugiados donde miles de seres humanos padecen deportación expulsados de las tierras en donde vivían desde hacía dos mil años.
Estremecen las imágenes de soldados armados entrar a saco, casa por casa, para llevarse a Israel a dos mil varones entre 16 y 60 años. Esposan sus manos a la espalda y les vendan los ojos como a presuntos terroristas sin pruebas. Los militares israelíes hablan de "asesinatos selectivos". No existe ese concepto en derecho internacional.
Se suceden imágenes de palestinos desarmados y ejecutados por soldados israelíes en plena calle, rematados con un tiro en la nuca. Israel es un Estado reconocido por la ONU y que está sometido a las convenciones internacionales que obligan a sus miembros. Palestina es un territorio autónomo reconocido por la comunidad internacional y a la que el Consejo de Seguridad de la ONU califica de Estado.
El Ejército israelí ha invadido territorios palestinos, erigió centenares de colonias con judíos seleccionados entre los más extremistas y actúa con un plan sistemático de exterminio de una población. Eso es genocidio. Así lo llevan haciendo desde 1948 a pesar de las resoluciones de la ONU.
Han llegado al oprobio de tatuar un número en el brazo de jóvenes palestinos, reviviendo una práctica nazi que estremeció al mundo cuando se trataba de judíos en los territorios ocupados por el III Reich.
El "Nunca más" que siguió a las atrocidades nazis contra judíos, socialistas, comunistas, gitanos, enfermos crónicos o personas declaradas por el Reich como enemigos rigen para todos los seres humanos. No sólo para el histórico pueblo judío.
Es preciso distinguir a los componentes del pueblo judío o israelitas, de los ciudadanos del Estado de Israel o israelíes, vivan allí o con doble nacionalidad en otros países del mundo. Dentro de los ciudadanos israelíes hay nobles personas que defienden los derechos humanos y que se avergüenzan de los crímenes que están sucediendo en Palestina. Así lo expresan sus artículos en la prensa libre del mundo y las declaraciones de artistas judíos de renombre universal, de académicos, de intelectuales y de ciudadanos de a pie. Centenares de reservistas del ejército israelí se niegan a combatir en los territorios ocupados por las ilegales colonias propiciadas por Ariel Sharon y los partidos de la extrema derecha.
Muchos rabinos se avergüenzan de esta locura sostenida por el equipo de halcones hoy gobierna EEUU. La razón es obvia: necesitan esa cabeza de puente, dotada de armas nucleares, bacteriológicas y químicas en la demencial amenaza contra Iraq, Irán o Siria, una vez que han logrado desalojar a los rusos del Asia Central para garantizarse el control de sus hidrocarburos. En su locura se preparan para controlar Colombia, Filipinas, Indonesia, Ucrania y otros países declarados estratégicos para ellos.
Una y mil veces "Nunca jamás". El noble pueblo judío tiene derecho a coexistir en paz con el resto de los pueblos sin el temor de que se desate una ola de antisemitismo inenarrable.
Israel ha visto reconocida su existencia como Estado dentro de unas fronteras a las que tiene que regresar al tiempo que reconoce idéntico derecho al pueblo palestino a erigirse en Estado con soberanía, recursos suficientes y con el derecho a recibir a sus poblaciones deportadas y humilladas.
Hay muchos indicios que apuntan a que no sea EEUU quien se aprovecha de la locura comandada por Ariel Sharon sino que hayan sido elementos utilizados por éste quienes influyen en esta demencia de haber hecho del terrorismo, en abstracto, la máxima prioridad de los dirigentes políticos del Norte.
Bastaría con que los Estados de la Unión Europea retirasen a sus embajadores en Tel Aviv, para que otros países siguieran ese ejemplo y obligasen a todos a entrar en la razón de un diálogo justo, equitativo y eficaz.
No sólo Bush si no el Presidente en ejercicio de la UE, Aznar, tienen una responsabilidad histórica que de no ser atendida puede conducir a un holocausto apocalíptico.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 15/03/2002