El ejemplo de Mandela y De Clerk

Hace unos días Nelson Mandela denunció ante las cámaras de televisión la actitud vergonzosa de la ONU y de los países occidentales incapaces de detener el genocidio en Palestina. Ni EEUU ni Gran Bretaña quisieron esperar el mandato del Consejo de Seguridad para intervenir con toda violencia contra Irak o en los Balcanes. Mandela se pregunta "¿por qué no han actuado de modo similar ante la masacre de inocentes?". También hace un profundo reproche a la ignominia de los países árabes poderosos.
Por todo el mundo se extiende un clamor de incalculables consecuencias ante las atrocidades cometidas bajo las órdenes del mayor enemigo de Israel: Ariel Sharon.
Se acumulan las pruebas filmadas, los testimonios espeluznantes, los cadáveres mutilados, las torturas, los bombardeos de civiles, las humillaciones semejantes a las terribles imágenes del holocausto. Privados de asistencia jurídica, con más de un centenar de menores, sometidos a interrogatorios inimaginables por parte de los temibles agentes del contraespionaje israelí.
Se conculcan los derechos humanos, sociales y civiles fundamentales así como las Convenciones internacionales y se ha caído en la barbarie más absoluta e infame: han atacado a médicos y personal sanitario, a miembros de asociaciones humanitarias, han lanzado misiles contra ambulancias de la Cruz Roja y de la Media Luna, han prohibido a la prensa que ejerciera su labor, han impedido a líderes religiosos de diversas confesiones que accedieran al encuentro de sus fieles cobijados en uno de los lugares más sagrados para toda la Cristiandad: la Iglesia de la Natividad en Belén. Han llegado a prohibir al presidente del Consejo de la Unión Europea, Josép Piqué, a su portavoz para Asuntos Exteriores, Javier Solana, y al Representante de la Comisión Europea, Moratinos, que accedieran a visitar con todo el derecho al presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, reconocido por todos los países del mundo. Eso es terrorismo de Estado sobre una nación ocupada en contra de las resoluciones de la ONU.
Después de la reunión en Madrid del Secretario de la ONU, del Secretario de Estado de EEUU, del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia y del Presidente actual de la UE, José María Aznar, Ariel Sharon ha respondido con insolencia, con desprecio y con amenazas al mandato de alto el fuego.
Ese sangriento enemigo de todo el pueblo judío extendido por el mundo entero, Ariel Sharon, quiere llegar a la "solución final" que consistiría en acabar con los palestinos, obligarles a abandonar sus tierras para ocupar su nación en busca de una quimera: sustituir a Jordania por Palestina para asentar a los colonos judíos traídos del fin del mundo en el Gran Israel rechazado por las mentes más sanas, más juiciosas y equilibradas del pueblo judío en los cuatro puntos cardinales.
Hay que repetirlo: no se puede identificar a los judíos o israelitas con los israelíes, y a éstos, con los fanáticos seguidores del actual sátrapa sanguinario que destruye un futuro lleno de esperanza y de posibilidades.
Generaciones enteras de judíos maldecirán el nombre de Ariel Sharon cuando inevitablemente sucumba de su locura racista, genocida y criminal.
El antiguo presidente de Sudáfrica, Frederic De Klerk, se ha unido a Mandela en la denuncia de esta locura sin nombre aduciendo el ejemplo de lo que ellos dos consiguieron en el antiguo país donde imperaba el terrorismo de Estado de Pretoria.
Mandela, el antiguo prisionero de Robben Island, que pasó 28 años encarcelado acusado de terrorista y de saboteador por los racistas blancos compañeros de De Klerk, jamás ocultó su simpatía por el movimiento de liberación de Palestina y animó a la OLP a no perder de vista el día de la liberación y de la reconstrucción de su país en lucha contra el sionismo más salvaje asimilándolo a la lucha que la ANC sudafricana mantuvo contra el apartheid.
De Klerk recordó ante las cámaras a los dirigentes de Tel Aviv que él liberó a Nelson Mandela en 1990 para ayudarlo a convertirse en Presidente de una Sudáfrica en paz, libertad y prosperidad que ha sido ejemplo para África entera.
Los dos recibieron el Nobel de la Paz en 1993 y juntos ofrecieron al mundo el ejemplo que hoy muestran a los gobernantes enloquecidos del Estado de Israel. A sus voces se unen las de centenares de intelectuales judíos de Israel y del mundo entero que odian la guerra y buscan la construcción común de una región con dos Estados que cooperen. Que sus voces no caigan en un desierto cuya sangre salpicará a judíos inocentes que viven pacíficamente en otros países.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 19/04/2002