La sociedad civil ante la cumbre
de la OMC
“El
término «comercio internacional» evoca imágenes
de grandes empresas, disputas entre las grandes superpotencias económicas
y negociaciones enigmáticas en el seno de la Organización
Mundial del Comercio (OMC). Pero el comercio mundial tiene rostro humano,
el de millones de trabajadores, agricultores, consumidores y ciudadanos,
hombres y mujeres, que se ven afectados cada día por las reglas
de la economía internacional. Son personas que enfrentan problemas
comunes y que exigen para su solución nuevas instituciones y reglas
globales”. Así arranca el Manifiesto firmado por las Organizaciones No Gubernamentales federadas en la Coordinadora nacional de ONG de Desarrollo en España (CONGDE). Por su importancia, las damos a conocer a nuestros lectores pues es tiempo de permanecer alerta y compartir informaciones valiosas que nos permitan, junto a la denuncia documentada, presentar propuestas viables alternativas. En noviembre de 2001, representantes de los países miembros de la Organización Mundial del Comercio iniciaron una nueva ronda de negociaciones comerciales en la que se han ido tratando cuestiones esenciales como la agricultura, los servicios públicos, las inversiones, el medio ambiente o los derechos de propiedad intelectual. En todos estos temas se pone en juego una cuestión esencial: el derecho de los pueblos a definir su propio modelo de desarrollo y a aplicar aquellas políticas más acordes con su realidad y sus objetivos de desarrollo humano, frente a un modelo único que impulsa la privatización, liberalización y mercantilización de todos los bienes y recursos de la vida. Los países desarrollados y en especial las grandes empresas transnacionales son los únicos y los grandes beneficiarios de este modelo. La marginación de una parte importante de la Humanidad está en la raíz de muchas de las tensiones y conflictos que el mundo ha padecido en los últimos tiempos. Frente al unilateralismo creciente, es urgente fortalecer mecanismos multilaterales de negociación en los que todos los países, ricos y pobres, vean representados sus intereses. Por ello es necesario situar a la OMC en su justo lugar. Un comercio internacional que esté guiado por la liberalización incondicional de los intercambios no es la forma más adecuada de solucionar la pobreza y la exclusión. Es esencial que las reglas de la OMC estén sujetas a los tratados y acuerdos internacionales suscritos en el marco de otras organizaciones multilaterales (como el Convenio de la Biodiversidad, la declaración de la OIT sobre Principios Fundamentales y Derechos en el Trabajo, o las declaraciones de la FAO sobre seguridad alimentaria). Sólo de este modo se podrá garantizar la primacía de los derechos humanos, económicos, sociales, culturales y ambientales. Pese a la importancia de estos temas, la sociedad española ha estado ausente de este debate, que no ha tenido la relevancia necesaria en los medios de comunicación y en la actividad parlamentaria. Ahora tenemos una oportunidad de cambiar esta situación. En septiembre de este año tendrá lugar en Cancún (México) la V Conferencia Ministerial de la OMC, que reunirá a lideres políticos y económicos de todo el mundo. Los participantes en esta Conferencia deben reconocer que el comercio es sólo uno de los pilares del desarrollo sostenible, junto con la condonación de la deuda, la democracia, la protección medioambiental, la erradicación de la pobreza, el establecimiento de condiciones laborales dignas o el respeto a los derechos fundamentales. Todos ellos deben ser alcanzados, y formar parte de una agenda ampliada que permita conseguir el desarrollo y una mayor calidad de vida para todas las personas, en concordancia con los objetivos definidos en el preámbulo de la OMC. Las más importantes organizaciones humanitarias, representantes de diferentes sectores de la sociedad civil, han trasladado al Gobierno español la petición unánime para que garantice la orientación de la OMC hacia el desarrollo sostenible apoyando en las presentes negociaciones la adopción de una serie de medidas: Todos los países deben ver reconocida su soberanía alimentaria, que conlleva el derecho de sus gobiernos a proteger el sector agrario y pesquero –en especial las explotaciones familiares- para garantizar el acceso seguro a alimentos y la provisión de bienes públicos –sociales y ambientales- a través de la multifuncionalidad de la agricultura. Eliminación del dumping en las exportaciones agrarias. El principio que debe regir los acuerdos sobre agricultura es que ningún producto podrá ser exportado a precios por debajo de sus costes de producción. La necesidad de poner en marcha un plan que permita caminar hacia el rescate de los precios mundiales de materias primas y productos agropecuarios de forma que garanticen un precio justo y digno a los agricultores y ganaderos. No a la inclusión de nuevos temas, como inversiones o competencia, en la actual ronda de negociaciones. Es esencial que las normas de la OMC garanticen el derecho de los gobiernos a regular en beneficio del desarrollo sostenible la presencia de empresas extranjeras en sus países. Hasta que este presupuesto no quede establecido, y hasta que no se hayan cumplido los anteriores compromisos, los países en desarrollo no deben verse obligados a negociar sobre nuevos temas. Garantizar que el acuerdo sobre servicios no promoverá la privatización de servicios públicos esenciales, como la educación, la salud, la electricidad o la provisión de agua potable. Son los estados y los poderes públicos quienes deben garantizar la prestación de todos los servicios públicos con calidad y cercanía al ciudadano, desde la perspectiva del desarrollo efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales. En este sentido las ONG firmantes del manifiesto consideran que cualquier acuerdo de la OMC que menoscabe este principio estará vulnerando la consecución de estos derechos humanos fundamentales. Garantizar que los acuerdos sobre propiedad intelectual sean aplicados de manera que garanticen el derecho de los estados de proteger la salud pública y de promover el acceso a los medicamentos para todos, independientemente de la capacidad de producción local de cada país. Los acuerdos internacionales sobre propiedad intelectual deben oponerse a todas las patentes sobre la vida, ya sean sobre genes, células o tejidos humanos, plantas, animales, microorganismos o cualquier otra forma de vida. La biodiversidad del planeta es patrimonio de todos y no puede en ningún caso ser utilizada para generar beneficios a unos pocos Las normas comerciales deben proteger los derechos fundamentales de los trabajadores y trabajadoras frente a gobiernos o compañías que intenten ganar una ventaja injusta en el comercio internacional con la violación de las normas fundamentales del trabajo, consagradas en los acuerdos de la OIT. Los países deben ver reconocido su derecho de no importar ni producir transgénicos acogiéndose al principio de precaución. Asimismo, debe ser aprobada una normativa eficaz sobre la trazabilidad, el etiquetado y la publicidad de propiedades nutritivas funcionales o sanitarias de los alimentos, así como de la posible presencia de ingredientes transgénicos o derivados de ellos. Acordar la obligatoriedad de evaluaciones sociales, de género y ambientales previas a la aplicación de cualquiera de los acuerdos de la OMC. Para que luego digan que sólo servimos para echarnos a la calle en algaradas incontroladas. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 01/08/2003