Mujer y microcrédito

Cuando hace unos años visité con mi esposa una cooperativa de costura y bordados en Ecuador, montada con la ayuda del programa de microcréditos de Solidarios, una mujer se acercó, tomó mi mano y mirándome a los ojos dijo: "Antes estaba acostumbrada a caminar mirando al suelo, desde que participo en la cooperativa y se valora mi esfuerzo, mantengo a mi familia y camino con la cabeza levantada".
Desde hace unos años, se han desarrollado programas de microcréditos, para facilitar la integración de la mujer en el mercado del trabajo y se ha demostrado su enorme capacidad para generar los medios económicos necesarios para sacar adelante a sus familias y promover el asociacionismo en sus comunidades. 
El 79% de los microcréditos concedidos por organizaciones e instituciones han tenido como beneficiarias a mujeres que vivían por debajo del umbral de la pobreza. Gracias a estas ayudas económicas, 42 millones de familias han mejorado su situación, según las conclusiones a las que se llegó en la Cumbre del Microcrédito del pasado año. 
Los programas de microcréditos, además de aumentar el nivel económico y proporcionar acceso a los recursos contribuyen a que la mujer consiga tener control sobre sus oportunidades en la vida. Aumenta su autoestima y se potencia su papel en la familia y en su comunidad. 
Los microcréditos son préstamos que se conceden sin necesidad de presentar un aval. Esta es la principal diferencia con los préstamos bancarios. La cuantía de los microcréditos suele ser pequeña. En condiciones normales, no superan los 6.000 dólares. Estos créditos son de vital importancia para la supervivencia de millones de personas. El Grameen Bank, fundado por Muhammad Yunus, conocido como el ‘banco de los pobres’, lleva desde 1976 ligado a los microcréditos. Cuenta Yunus que "visitando una pequeña aldea, conocí a una mujer que trenzaba el bambú para fabricar unos pequeños asientos. El problema era que no disponía del suficiente dinero para comprar el bambú, por lo que tenía que pedirle prestado a uno de los caciques de la aldea, que a cambio la obligaba a venderle casi toda su producción a precios ínfimos". 
Esta práctica, que aún hoy es común, indignó a Yunus, quien se decidió a organizar un sistema de créditos sin garantía de devolución que permitiesen a los más pobres salir de ese círculo vicioso. Esta aventura ha fructificado en negocio y, para 2005, Yunus espera que sus microcréditos alcancen a 100 millones de personas. En contra de lo que se podría pensar, el porcentaje de impagados está en un 3%, por debajo de otros sistemas de créditos al uso.
Los microcréditos pueden convertirse en un primer paso para el desarrollo de los países pobres. Se trata de aprovechar las nuevas tecnologías para potenciar el desarrollo. Muhammad Yunus tiene grandes esperanzas en este sistema. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a integrar a los pobres en la globalización, creando un gran mercado de trabajo, ofreciendo formación y acercando los servicios sanitarios. Para ello, según Yunus, "los pobres tienen que participar activamente en este nuevo periodo económico y si no se les ayuda a ello, puede ser tarde para mitigar esa gran brecha que se agranda entre ricos y pobres".
La clave del éxito ha sido conceder préstamos a las mujeres. El hecho de que ellas puedan llevar a cabo una actividad económica supone una revolución que favorece una mejor alimentación de sus familias y un mayor acceso de sus hijos a la educación. Las mujeres suponen el 82% de los clientes de Yunus y la recuperación de los créditos ha alcanzado el 98%. En el entorno de los beneficiarios, ha descendido la mortalidad infantil un 37%. También se vinculan el descenso del crecimiento demográfico (de 4,8 hijos a 2,6) y una relación marido-mujer más equilibrada con la incorporación de la mujer a la vida económica. Estas consecuencias se producen de una forma similar en todos los países donde se multiplican las microempresas. 
Se hace necesaria también una implicación efectiva de los Estados para que las legislaciones aborden esta nueva situación, pues en muchos países las leyes obligan a los organismos prestamistas a funcionar como ONG y no como banca. Es preciso regular, difundir y promover la transparencia y la legitimación de las microfinanzas. Una vez más, "el banquero de los pobres" demostró que nada es imposible cuando se ponen los medios adecuados para satisfacer una necesidad acuciante, pues nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. Que es posible otro mundo más justo y solidario se prueba porque es radicalmente necesario.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)