Sami Naïr, desafío multiétnico
La
globalización no hay que entenderla sólo en su contexto
económico, se trata de un proceso que condiciona nuestras vidas.
Estamos ante una nueva civilización. El modelo cultural era el
American way of life, ahora se reemplaza por The new standard, en el que
la homologación afecta a la opinión pública, "como
auto imagen que tenemos de nosotros, ya que - señala Sami Naïr
-, nadie conoce su identidad sino la auto representación de la
misma, pero las cifras son necesarias porque nosotros pagamos las cuentas." El lúcido politólogo francés de origen argelino, profesor en la Universidad de París, eurodiputado y asesor de Lionel Jospin, lanza un desafío a la conciencia europea ante la transformación de nuestras sociedades que serán multiétnicas. "Se pueden dominar las culturas, no el color de la piel". Su entusiasmo y poder de exposición corresponden a una cabeza singularmente organizada y a una sensibilidad enriquecida por la vivencia intercultural. "El mundo del Norte, viejo, rico, pequeño y blanco ha alcanzado el máximo poder pero se ha agotado y el Sur joven, pobre, grande y de colores no conoce fronteras y ocupará el puesto que le corresponde", afirmó. "No se trata de una invasión sino de un proceso natural histórico, pero falta perspectiva para comprenderlo". Esta es la misión de los intelectuales, de los artistas y de los políticos si supieran descifrar los signos de los tiempos. En el norte se concentra la riqueza mientras se destruyen las sociedades tradicionales del sur y aumenta la movilidad de sus poblaciones. El 75% de las inversiones se hacen en el norte y sólo el 8% en Africa adonde se exportan criterios de consumo occidentales. "España, por ejemplo, es el país europeo en que menos emigración existe, pero parece como si quisieran cortar con gran parte de su pasado y europeizarse cuanto antes. Se pretende cortar con África, en particular el Magreb, y con Latinoamérica". Como si le dolieran las raíces que han configurado su rica personalidad y la variedad de sus culturas. "No hay que olvidar –recuerda-, un pasado secular forjado en la frontera, que es a partir de donde se define la identidad". El problema es de la comunidad, que tiene derecho a defender su propia identidad respetando y aceptando las de los demás. Se acabó el concepto de conquista para civilizar a pueblo alguno, o para imponerles un monoculturalismo caníbal que provoca desarraigo, alienación y desesperación. Sami Naïr sostiene que "los flujos migratorios que van a transformar el mundo no se pueden admitir en forma desordenada. La solidaridad con los inmigrantes es hacerles comprender que entran en una comunidad a la que deberán adaptarse, respetándola y aportando sus inmensos caudales culturales". De ahí que sean precisas políticas contractuales a largo plazo con los países de donde proceden, fomentar los contratos temporales e integrar realmente a los que ya están aquí a través de la escuela, de la cultura y de la participación ciudadana. No se puede tratar a los inmigrantes como mano de obra porque suelen emigrar las personas mejor educadas ocasionando sangrías irreparables en sus países. En Francia hay 4.000 médicos argelinos que tramitan la convalidación de sus títulos mientras en Argelia son necesarios. El mayor experto en políticas migratorias propone que nos preparemos para esa transformación mediante la educación de los pueblos implicados y no confiar absurdamente en el mercado. Los inmigrantes no son una mercancía, sin alma, sin deseos, sin cultura. Son nuestro mejor mañana con quienes tenemos que construir un futuro humano y habitable. "Hay que pagar un tributo a las desigualdades del mundo porque lo que cuenta no es lo étnico sino la participación en un proyecto común". |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 04/02/2000