Robar el fuego a los dioses para conjurar fantasmas
"Un fantasma recorre Europa"... y no
es precisamente el temor a la revolución proletaria, sino que
se agita el miedo a las consecuencias de una globalización que,
gracias a las nuevas técnicas, aproxima a los pueblos, explota
a los más débiles y sus riquezas naturales, e imponen
la ideología del imperio de los mercados que actúa como
si la estructura económica fuera la base sobre la cual se yergue
la superestructura política. Planteamiento básico del
marxismo que los profetas del pensamiento único no vacilan en
readaptar sometiendo a la política, a las instituciones democráticas
y al mismo concepto de soberanía, apoderándose del gobierno
de los pueblos para reducir a mera gestión la actividad de los
designados por el pueblo para la noble tarea de gobernar. Pero esa globalidad ha fascinado a los habitantes de pueblos oprimidos que se han puesto en marcha hacia el reflejo de esos espejos trucados, símbolos mágicos de la memoria inconsciente, que ha conmocionado sus vidas, convulsionado sus imaginarios y ocasionado el desarraigo en el que arriesgan sus identidades para participar en el gran banquete de la opulencia capitalista del norte "desarrollado". Se han cansado de seguir las pautas impuestas por las instituciones de Bretton Woods, el FMI, el BM, la OMC y las decisiones de los sanedrines del G7, de Davos y de la imponente maquinaria de los medios de comunicación que los mantienen sometidos en la falacia de ser "pueblos en vías de desarrollo". Como si esto fuera posible al no existir un "Quinto Mundo", al que ellos pudieran explotar como el Norte hace con los pueblos emergentes del mal llamado Tercer Mundo del cual extraen más del 70% de las materias primas que necesitan para su enfebrecido "desarrollo". Lo malo es que la mayor parte de los arriban al limes del Imperio de la Nueva Economía, se ven reducidos a la inhumana realidad de las bolsas de pobreza y de marginación que los sociólogos llaman "Cuarto Mundo". Falta ese Segundo Mundo, como se designaba al fallido intento del Socialismo real que, mientras pretendía el paraíso de una sociedad sin clases, sucumbió a las terribles experiencias de la dictadura del proletariado que, en realidad, nunca alcanzó el poder real sino que fue instrumento de las nomenklaturas de turno que actuaron como los déspotas y tiranos contra los que habían sido llamados a la rebelión. El análisis de los hechos históricos y de las relaciones sociales que los sustentaron muestran que no pudo ser estéril tanto esfuerzo, tanto sacrificio y entusiasmo. Los testimonios apabullantes de las conquistas sociales para algunos y del progreso en tantas áreas del saber, de las ciencias y de las tecnologías, llevadas a cabo en buena parte por el acicate de la revolución, por el miedo al excesivo poder concentrado en las manos de los nuevos sátrapas y por la convicción de que resultaba más rentable que sus súbditos accedieran a la condición de ciudadanos, muestra que el progreso es inseparable de la conciencia de libertad y de la justicia social. Pero ese fantasma que recorría Europa en el siglo XIX y que, a comienzos del XX, provocó la reacción de los conservadores ante el "peligro rojo" facilitó el nacimiento de los totalitarismos fascista y nazi que escribieron algunas de las páginas más siniestras de la historia. Hoy algunos ven ese fantasma como el "peligro de los inmigrantes" que, mientras venían para servir y aportar mano de obra barata y dócil, eran tolerados. Lo malo es que ahora se saben necesitados y ellos, a su vez, reclaman el puesto que les corresponde en el banquete de la vida que se les muestra a través de los medios de comunicación que han modificado sus formas de vida y sus anhelos. El trato que los chicanos, las gentes de color y los pobres en general reciben en la metrópoli del imperio testifica en contra de la declaración que encabeza su Constitución: "Todos los hombres son dotados por el Creador de unos derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad". No sólo los ciudadanos con medios económicos, con educación y con buena salud. En la Europa de los mercaderes, unida por el euro, gobernada por los intereses económicos y financieros y controlada por los EEUU, en gran parte a través de la OTAN, y con su endiablado crecimiento en todos los órdenes menos en el ético, la seguridad se ve amenazada por los nuevos bárbaros (que antes se mantenían asentados "entre el Danubio y el Rhin", como baluarte contra las hordas asiáticas, y) que ahora proceden de África, de Latinoamérica, y del Este siempre temido y repelido a la manera teutónica. Hoy el "Danubio y el Rhin" se llaman Mediterráneo, Oriente Medio, Atlántico y las poblaciones que padecieron la frustrada experiencia del socialismo real en el Este europeo. La reacción de la presidencia de la UE y de los medios de comunicación ante los resultados de una consulta democrática con la participación de ultra derechistas apoyados en los populares ¿cómo no? en el gobierno de uno de los pueblos más cultos de Europa, Austria, nos debe hacer pensar en las limitaciones de la legalidad democrática y los peligros que conlleva la exacerbación de las mayorías, pues no todo se puede resolver por votaciones, ni siquiera por consenso. Existen valores que no se pueden someter a la dictadura de las mayorías, por ejemplo los derechos fundamentales de las minorías. Dado que las conquistas sociales, políticas y económicas de la legalidad republicana son prioritarias, inalienables e inembargables porque son fundamentales, tenemos que analizar la realidad de esta mutación que vivimos con el cambio de Era y la apasionante revolución de la información y de las comunicaciones que deben aportarnos más justicia, más libertad, más participación y una redistribución más equitativa del trabajo y de las rentas. Ignacio Ramonet, director de Le Monde diplomatique y uno de los pensadores de más fuste de nuestro tiempo, esboza en su artículo La Aurora los trazos que deben presidir ese otro mundo que ya es posible y refundar una nueva economía, más solidaria, basada en el principio del desarrollo sostenible y situando al ser humano en el centro de sus preocupaciones. Esto exige desarmar a los poderes financieros que amenazan la democracia y a la misma economía de mercado con sus monopolios, boicotear los paraísos fiscales, anular la deuda externa de los países empobrecidos, promover economías autocentradas, intercambios igualitarios, invertir masivamente en educación, salud y viviendas, establecer cláusulas de protección social y medioambiental, la emancipación de la mujer a escala planetaria y afirmar el principio de precaución contra las manipulaciones genéticas. Ramonet llama a esto "la aurora" y yo me permito recordar que el fuego no es patrimonio de inexistentes dioses. Ya no hay lugar para Prometeos compasivos o Sísifos a los que es imposible "imaginar felices", sino comprometidos en esa aurora que emerge de la noche de la prepotencia. ¿Y mañana? No hay mañana ni el ayer existe, tan sólo un presente dinámico y responsable que asume la causa de la justicia, de la libertad y de la solidaridad apostando por un mejor reparto de la prosperidad. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 11/02/2000