Cómplices de la injusticia
Lo advirtió Martín Luther King, “nuestras vidas
empiezan a acabarse el día que guardamos silencio sobre las cosas que
realmente importan”. Así comienza su apasionante reflexión, Delitos
de silencio, Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de UNESCO. La Administración de Bush ha promovido la aprobación
de una norma por la que se suprime la protección del hábeas
corpus a ciertos detenidos. Pero las instituciones de la UE, y los
responsables democráticos del mundo libre han guardado un estruendoso
silencio. Guantánamo, vuelos “secretos”... Silencio. Sostiene Mayor Zaragoza que hay un silencio peor que
el de los silenciados. Es el silencio de los silenciosos, de los que
callan pudiendo y debiendo hablar. El peor de los silencios es el
institucional, dice. El que guardan entidades que, por su propia
naturaleza, conocen los temas y deberían expresarse. Las universidades,
las academias, la comunidad científica... deberían haber expresado su
denuncia y su clamor. El no saber distinguir entre lo urgente y lo
importante hace que nos ocupemos en cosas secundarias que nos parecen
urgentes. Ante la actual confusión, en un mundo que sufre las
consecuencias de la sustitución de los valores universales por las
leyes de mercado y en el que las desigualdades no cesan de
incrementarse, afirma el ex secretario de la UNESCO, es apremiante que
se produzca un gran clamor popular que, por su extensión y firmeza,
logre corregir las tendencias que representan unos horizontes sombríos
para las generaciones futuras, nuestro compromiso supremo. Y que este clamor induzca a los líderes europeos a
expresarse, claros, rotundos, convincentes. Los Estados Unidos necesitan
voces amigas, independientes, que les hagan ver que la época de la
discrecionalidad de las decisiones sobre política exterior ha
terminado, denuncia Mayor Zaragoza. Que ni Europa ni América Latina van
a seguir arbitrarias políticas económicas, militares o culturales que
impliquen dominación. Y en un dolorido crescendo denuncia silencios que debieran hacernos reaccionar. Ante
la creciente pobreza que genera el proceso de “globalización”
liderado por los países más prósperos, silencio. Ante la
deslocalización productiva hacia el Este y directiva hacia el Oeste,
silencio. Ante los grandes desafíos que significan la incorporación de
China y la India al crecimiento planetario, silencio. Silencio ante la
aceptación de regímenes dictatoriales -aunque la gente trabaje en
condiciones lamentables- porque benefician a la economía de mercado y
de guerra en la que estamos viviendo. ¿Cuánto gastamos al día en
armamento?, se pregunta. ¿Cuántos miles de millones de dólares se han
gastado en armas los distintos países, algunos de ellos manifiestamente
pobres? ¿A quién pertenece África? ¿A qué manos van a parar los
inmensos réditos de la explotación de los recursos naturales de países
cuyos ciudadanos no tienen unas migajas que llevarse al plato? ¿Cuándo
acabaremos con los paraísos fiscales para que podamos abordar con
posibilidades de éxito la lucha contra el tráfico de drogas, de armas,
de personas...? ¿Cuándo aplicaremos, como se decidió en la ONU en el
año 2000, los Objetivos del Milenio, para luchar contra el hambre y el
sida, y construiremos viviendas para todos en lugar de cohetes y
artificios bélicos? Alguien debe tomar la iniciativa de esta nueva era
consistente en hablar en lugar de imponer. Es preciso aunar esfuerzos para conseguir unas
Naciones Unidas que con todo el sistema de instituciones que representa,
incluyendo el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la
Organización Mundial del Comercio, pueda garantizar el cumplimiento de
los acuerdos económicos, sociales, medioambientales, culturales y éticos.
Y donde, todos juntos, hagamos frente a los grandes desafíos de la
humanidad: energía, agua, nutrición, salud... Frente a la inercia, continua Mayor Zaragoza,
voluntad de cambio. Ahora es más necesario que nunca estar ojo avizor,
con perseverancia para evitar la indefensión y los excesos de políticas
basadas en la paz de la seguridad. La “legítima lucha contra el
terrorismo se ha utilizado como pretexto para privar o revocar derechos
humanos”, declaró Koffi Anan ante la Asamblea General en septiembre
de este año. No se cumplen los Objetivos del Milenio,
especialmente en África. La inmensa tragedia de los inmigrantes que
llegan desesperados a las costas de la abundancia se debe a que las
condiciones de vida en sus pueblos de origen son inhumanas. Vienen hacia
nosotros porque nosotros hemos incumplido las promesas de ir hacia
ellos, al tiempo nos beneficiamos de sus recursos naturales: petróleo,
gas, peces, frutos, minerales... Los muros son altos y numerosos. Y las
heridas profundas. No es con el olvido como se resolverá el futuro. Es
con la memoria. Pero el actual Presidente de Cultura de Paz nos
anima. Nos acercamos a la época de la participación masiva en la que,
a través de Internet y de los teléfonos móviles, la gente empezará a
implicarse en los asuntos públicos. La era de la resignación y del
silencio está, por fortuna, terminando. Que las generaciones que llegan no nos acusen de
silencio. En pie de paz, infatigables en la resistencia, a favor de la
democracia auténtica. Que nunca puedan decirnos: “Esperábamos
vuestra voz. Y no llegó”. El silencio puede llegar a ser delito. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 1/12/2006