Amenaza la burbuja de Wall Street
Que
"el capitalismo sigue tendiendo a la inestabilidad debido a errores
sistemáticos" es la reiterada advertencia del eminente economista
y profesor universitario John K. Galbraith. Lo ilustra con los ejemplos
de lo que sucede en Asia en los famosos 'Estados dragón', en América
Latina, en la transición socio política y económica
de Rusia y, lo más peligroso, lo que sucederá en los EEUU
cuando finalice la burbuja de Wall Street. Como quiera que los EEUU influyen en las economías de más del 60% de la humanidad, no es para descuidar esta advertencia: las bolsas operan un 25% por encima de sus valores reales y, cuando se pinche la burbuja de la especulación, podrá producirse una catástrofe que, aunque no alcance las dimensiones del pánico de 1929 - debido a algunos controles establecidos- , es indudable que se producirá una gran conmoción cuyos efectos pagarán, como siempre, los más débiles. Ahorradores, pensionistas, inversionistas, prestatarios, titulares de hipotecas y un largo etcétera no dispondrán de la información privilegiada ni de los medios de ingeniería financiera para poner a salvo sus capitales, por ejemplo en paraísos fiscales, a donde suelen ir a parar las quiebras fraudulentas de los grandes especuladores. Dice Galbraith que nuestros remedios presentes rescatan a los banqueros y a los industriales que fueron los responsables de la locura que causó la debacle mientras prescriben restricciones a la ayuda a los países que más padecen las consecuencias del desastre: sobre todo en educación y en sanidad donde se aplican los reajustes que no se efectúan en el capítulo de ventas de armas. Galbraith es partidario de fortalecer las Naciones Unidas, sus atribuciones, agilidad y eficacia. En concreto, el Consejo de Seguridad cuya estructura es anacrónica e injusta por el insostenible derecho de veto de algunas potencias. También es preciso revisar el sistema de representación y de participación en órganos de debate, de estudio o de decisión. No parece equitativo que el voto de Alemania suponga tanto como el Sierra Leona, el de Japón como el Haití, el de México como el de Benin o el de Brasil como el de Madagascar. De hecho, existen componendas para hacerse con esos votos tras las bambalinas; mejor hacerlo con el reglamento en la mano para evitar presiones y extorsiones que desequilibran las economías de esos países. Algunos autores llegan a proponer que la ONU pueda suspender la soberanía en aquellos países cuyos gobiernos sean tiránicos, destruyan a sus ciudadanos y atenten al orden internacional. Con todas las garantías posibles y no como ahora que, cuando un país como EEUU decide bombardear a otro por supuesta amenaza a su seguridad, o por sospechar que fabrica armas de destrucción masiva - cuyo monopolio quieren mantener a toda costa- , no se molesta en obtener el preceptivo mandato de la ONU, la declaración de guerra que garantiza el respeto a los Convenios de Ginebra o Varsovia. Es insostenible que los gobiernos del llamado mundo libre e industrializado sigan manteniendo relaciones diplomáticas, comercio a gran escala, venta de armas a cambio de materias primas, y el cuasi monopolio de un comercio de excedentes en países como Congo y Angola que han hecho de la guerra la más floreciente industria a beneficio de otros países. Por el contrario, es preciso y posible organizar una ayuda generosa de los países más ricos hacia los más pobres. El Fondo Monetario Internacional (FMI) "que salva a los banqueros y ejecutivos responsables de las crisis y urge la restricción presupuestaria a expensas de los trabajadores y del público en general" debe transformarse para realizar su tarea de forma más socialmente equitativa. También hay que afrontar las bolsas de pobreza que existen en los países ricos industrializados, el llamado 'cuarto mundo'. Es posible compartir y reducir la brecha entre las rentas. Sin caer en un igualitarismo estéril, es posible garantizar la renta necesaria para que todo ser humano pueda vivir con dignidad; aunque algunos no trabajen temporalmente, pues también los ricos dedican sus buenos tiempos al ocio. "Como seres humanos - afirma Galbraith- deben ser objetos de nuestra compasión y de nuestra ayuda, de nuestra preocupación y de nuestra acción". Finalmente, las asignaturas pendientes de mayor actualidad son la explosión demográfica, la agresión al medio ambiente y la falta de agua potable junto a la proliferación de armas nucleares. Si las primeras exigen un acuerdo a escala mundial, la amenaza nuclear está en manos de un puñado de potencias que pueden y deben ser eliminadas, como lo fue la esclavitud o la pretensión de superioridad de unas razas por otras o la intolerancia y opresión religiosa. En ello hoy nos puede ir la vida a todos los habitantes del planeta. |
José Carlos Gª Fajardo
Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 31/03/2000