Para no olvidar el comercio de esclavos

La trata de esclavos y el genocidio indio fueron crímenes contra la humanidad y África exige su reparación porque "los crímenes contra la humanidad no prescriben". Esa fue la conclusión de la "Iniciativa de Goré", en Senegal, donde se reunieron representantes de toda África y del mundo libre para exigir reparación por los crímenes de la trata de esclavos.
En estos días, conmemoramos el Día internacional para el recuerdo del comercio de esclavos.
El genocidio de 140 millones de esclavos africanos durante tres siglos es una monstruosidad equiparable al exterminio de las poblaciones indias en América del Norte por los colonizadores europeos.
Las falsas supremacías raciales llevaron a la esclavitud y al colonialismo considerando a las poblaciones africanas como seres infrahumanos, como animales. Es preciso rescatar la memoria del olvido y reparar por los crímenes cometidos. Existe una deuda enorme con África que está en relación con la actual deuda externa que ahoga a las economías africanas.
El movimiento a favor de la reparación por la trata de esclavos exige el reconocimiento de que la deuda externa ya está pagada con creces pues el genocidio fue fundamental para el empobrecimiento de los pueblos africanos.
Gran parte de la situación socioeconómica en África se debe a esa sangría en hombres y en riquezas extraídas durante estos siglos por colonizadores. Francia y Bélgica ya han reconocido la trata de esclavos como crimen contra la humanidad que producirá una jurisprudencia con efectos internacionales. Colin Powell sostiene sin pudor que “los descendientes de las víctimas no pueden aportar testimonio válido sobre las atrocidades cometidas, a diferencia de los judíos supervivientes del Holocausto nazi”.
El discurso occidental sobre los derechos del hombre no puede ser creíble si los Occidentales no reconocen las graves violaciones de esos mismos derechos cometidas en África y en América contra los africanos y contra los indios.
"El holocausto de los negros en Norteamérica duró veinte veces más tiempo y causó diez veces más víctimas que el holocausto de los judíos por los nazis", escribió el negro norteamericano Randall Robinson en su libro La Deuda: lo que los Estados Unidos deben a los negros.
R. Robinson califica de “holocausto americano” no sólo el período de la esclavitud, que duró hasta 1865, sino los 135 años siguientes en los que la población de color padeció la discriminación racial institucionalizada. Las autoridades de EEUU presionaron a muchas empresas alemanas para que indemnizaran a los descendientes de los trabajadores judíos que emplearon en sus fábricas como esclavos durante el periodo nazi. Los gobiernos de Alemania han indemnizado y pedido perdón en innumerables ocasiones a las víctimas judías. Clama el silencio de la sociedad norteamericana ante un pasado que se perpetúa en las condiciones de discriminación en que viven los descendientes de aquellos esclavos que construyeron el Capitolio, que izaron la estatua de la Libertad, que deforestaron el terreno donde habría de construirse la Casa Blanca como símbolo de la democracia norteamericana.
Ser negro en EEUU es un escándalo cuando se ven las diferencias raciales del sistema policial y carcelario. Un negro de EEUU tiene siete veces más posibilidades de ser encarcelado que un blanco, a pesar de que la comunidad africana sólo representa el 13% de su población pero constituye el 50% de la encarcelada en sus prisiones. Los estudios demuestran que un negro tiene un 33% de posibilidades de pasar parte de su vida en la cárcel, frente al 4% que supone para un blanco.
Los asesinatos legales de negros en las prisiones mantienen una proporción triple a la de un blanco. En los corredores de la muerte esperan su ejecución 3.700 condenados, de los cuales más del 70% son negros o hispanos.
Ni la ONU ni la UNESCO ni grupo de poder alguno han abordado con la energía necesaria esa denuncia, condena y reparación inaplazables. No podemos permanecer ajenos a esta conspiración de silencio y, con R. Robinson y millones de seres, compartimos la necesidad de que EEUU pague su deuda, repare a los descendientes de las víctimas de la esclavitud y de la discriminación y acometa la responsabilidad criminal que se inició con el genocidio de la población autóctona indígena, se consumó con la esclavitud de los negros y se perpetúa en un sistema social que margina a sus descendientes.
Si los crímenes contra la humanidad no prescriben, las espantosas secuelas de la trata de esclavos son una denuncia contra todos nosotros por mantener una actitud hacia los africanos y hacia los descendientes de los esclavos incompatible con la razón y con el derecho. Basta de hipocresías y comencemos por la reparación debida a esos pueblos sin la cual no se puede preparar un futuro con las mínimas condiciones de justicia social.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 22/08/2003