El avance islámico en Asia Central

Tayikistán es un pequeño Estado enclavado en la antigua frontera de la URSS con China. Con 150.000 kilómetros cuadrados no tiene más que seis millones de habitantes. En 1991, el Parlamento aprobó su independencia y la Constitución al tiempo que decretaba el estado de emergencia y proscribía el Partido del Renacimiento Islámico. No obstante, el resurgimiento religioso ha sido enorme y sus dirigentes pretenden la implantación de la sharia, ley islámica. Sus fronteras con China, Pakistán y Afganistán lo hacen extremadamente sensible a pesar de su pobreza, pues no tiene más que 340 dólares de renta per cápita. Pero sus formidables reservas de uranio, al igual que en Turkmenistán y Uzbekistán, hacen de esa región una de las más explosivas del mundo.
El fundamentalismo islámico es una pesadilla para Rusia y los gobiernos de sus viejos asociados del Asia Central. La presencia de las fuerzas afganas, triunfantes en toda la región, ha llevado a la diplomacia de Moscú a fortalecer lazos en esos países para que actúen como un cordón sanitario que la proteja de los fundamentalistas. Tayikistán solicitó ayuda a Moscú y esta semana comenzaron maniobras conjuntas para tratar de "limpiar" algunas zonas fronterizas de la presencia de las fuerzas apoyadas por Afganistán y Pakistán, adonde habían huido más de 300.000 personas desde Tayikistán durante las revueltas de 1993. En esos países han recibido adiestramiento religioso y revolucionario por parte de sus correligionarios talibán.
La semana pasada, la artillería disparada por el ejército talibán alcanzó territorio tayiko mientras decenas de miles de afganos huían a Tayikistán en busca de refugio. Ahora, los ejércitos ruso y tayiko se preparan a devolver hacia Afganistán una nueva oleada de refugiados.
El ministro ruso de Asuntos Exteriores pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que propusiera conversaciones de paz entre las facciones afganas en combate, dado que no hay una solución militar para el enfrentamiento.
Rusia urgió a Pakistán a ayudar a cerrar los campos de entrenamiento para los militantes islámicos afganos, dado que Pakistán sostiene a la milicia talibán que afirma controlar el 95% de Afganistán. No se puede olvidar que la CIA armó, desde Pakistán, a las milicias fundamentalistas islámicas que habrían de convertirse en los fanáticos talibán, para echar a los rusos de Afganistán.
Rusia teme que el control talibán sobre todo el territorio afgano alimente la expansión de movimientos islámicos armados en Asia Central como ya hicieron durante la guerra civil en Tayikistán, el país el más pobre de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), presidida por Rusia. Rusia sostiene que los talibán han estado ayudando a los rebeldes que en Chechenia combaten la presencia rusa en ese Estado, asimismo miembro de la CEI.
Al parecer, unos 150.000 afganos se dirigían esta semana hacia la frontera tayika, lo cual podría desbordar los recursos de este país.
Rusia tiene unos 25.000 efectivos en Tayikistán para mantener la estructura de la CEI y prevenir violaciones fronterizas e impedir que los refugiados ingresen a Tayikistán. La apelación del Ministro ruso, Ivanov, para que Naciones Unidas realicen mayores esfuerzos tuvo eco en el presidente uzbeko Islam Karimov, quien fustigó a la organización mundial por limitarse a imponer "sanciones que no asustan a nadie".
Los rebeldes que tratan de establecer un estado islámico en el área donde se juntan Uzbekistán, Kyrgyzstán y Tayikistán han recibido entrenamiento en Afganistán. Aunque escasos en número, los rebeldes no han podido ser controlados por los ejércitos uzbeko y kyrguizo. Mientras tanto, los Estados Unidos se han comprometido a aumentar la ayuda militar a Uzbekistán, incrementando su presencia y la maniobra de tenaza sobre territorios de la antigua URSS. El paso es peligroso, tanto si avanzan los fundamentalistas islámicos, al igual que sucedió en Afganistán con los talibán, como si el coloso chino comienza a inquietarse y mueve alguna pieza en la región. Al fin y al cabo, EEUU tiene sus fronteras muy lejos mientras que Rusia y China las comparten en una zona que el mundo entero conviene que se desarrolle en paz y sin injerencias extrañas.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 09/10/2000