Merecen nuestro respeto

Asistimos a un fenómeno social y mediático de la mayor importancia: en nombre de diez millones de indígenas, un grupo de mejicanos se ha puesto en camino hacia la capital del Estado donde los espera el presidente de la república.
Se habían alzado el 1 de enero de 1994 en protesta por la condición de abandono y de pobreza en que vivían las etnias indias bajo la opresión de una situación iniciada 500 años antes. Con motivo de la firma del Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México quisieron recordar la situación de marginación padecida por los descendientes de quienes habitaban esas tierras antes de llegar los españoles.
Ni la independencia ni las revoluciones abordaron el hecho indígena y en la propia Constitución no se habla de ellos sino del mestizaje del pueblo mexicano. Pero millones de indígenas, con todo derecho, ni se consideran ni quieren que los traten como a mestizos. Están orgullosos de sus lenguas, de sus costumbres, de su manera de rezar y de bailar, de su apego a la tierra que veneran y a la que nunca tratarán como mercancía.
En 1996, lograron unos Acuerdos en San Andrés con los representantes del Gobierno de la República por los que se recogería en la legislación el hecho indígena y se reconocerían sus derechos, se pondrían en libertad a sus presos (ninguno con delitos de sangre) y se retiraría la masiva ocupación de sus tierras por los militares para defender la rapacidad de expoliadores de un riquísimo subsuelo.
Esas son las señales que pide la marcha zapatista al gobierno del presidente Fox y que éste se ha comprometido a respetar porque en ello le va la credibilidad de su mandato.
Estamos acostumbrados a etiquetarlo todo con nuestros prejuicios y a desconfiar de lo nuevo. Esta guerrilla no ha disparado un tiro desde hace siete años, no ha secuestrado a nadie ni ha cometido un atentado terrorista. Se han valido de los medios de comunicación de masas para implicarnos a todos en la red con sus proclamas, reivindicaciones, cantos y un lenguaje que fascina. No pretenden secesión alguna ni independencia, sino que se les reconozca como pueblos dentro de la gran nación mexicana. Por eso caminan con la bandera de su país. Las máscaras son el símbolo icónico del pueblo que se expresa a través de unas personas. Utilizaron los términos militares de "comandantes" o de guerrilla porque era el único que entendíamos los dominadores, pero no quieren el lenguaje de las balas sino el de la palabra que brota del corazón y se comparte a través del diálogo. Al menos, observemos y escuchemos con respeto.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 02/03/2001