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Prólogo

 

Hay proyectos que se hacen realidad tras tiempo de preparación, de estudio, de búsqueda de financiación, de pruebas y ensayos... Pero otros nacen de la convicción, de la voluntad, de la persistencia y del tesón. Tal es el caso del curso o taller de Periodismo Solidario de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense y del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), estrechamente ligados entre sí y ambos a esta universidad.

Hace diez años, un grupo de estudiantes de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y algunos periodistas recién licenciados iniciaron un camino que se convirtió en el Curso de Periodismo Solidario y el CCS, todo ello bajo la experiencia y coordinación del profesor José Carlos García Fajardo.

Para alcanzar esos objetivos se partía de una decisión que era y es la apuesta decidida por la justicia, por la defensa de los derechos humanos y sociales para todos, sobre todo para los más desfavorecidos, una apuesta sin concesiones por otro mundo posible porque es necesario, y porque el actual no nos gusta porque es injusto e insolidario. Una apuesta por asumir la causa de los más débiles, de los ancianos, de las mujeres maltratadas, de los niños, de los enfermos, de los inmigrantes, de los marginados en una sociedad opulenta, de la defensa del medio ambiente, de la lucha por un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global. Y también por la difusión de proyectos positivos, de ideas nobles y de otros modelos de crecimiento porque los experimentados bajo un liberalismo insaciable y un conservadurismo presidido por la codicia, nos habían conducido a esta crisis económica, financiera y ética. Y todo esto para ser difundido por medio de ese altavoz multiplicador que es el cotidiano ejercicio del periodismo.

Aquellos hombres y mujeres jóvenes y el profesor García Fajardo hicieron buena la certeza de que pueden los que creen que pueden. Por medio de la palabra, que es la herramienta de los periodistas, aquel grupo empezó a mostrar la realidad como es, honradamente, no como pretenden con tanta frecuencia oscuros intereses e ideologías. Estaban convencidos de que el primer paso para cambiar las cosas es conocer  los problemas, las injusticias y las sinrazones. Y llamarlas por su nombre.

Así comenzó el Centro de Colaboraciones Solidarias con su Taller semanal para 40 profesionales y estudiantes de periodismo. Por el mismo ya han pasado más de 400 periodistas, que hoy ocupan muchos de ellos puestos de responsabilidad en nuestro país y en otros muchos, como corresponsales y enviados especiales así como en las instituciones comunitarias y en varias universidades.

Los aprendices del periodismo solidario y algunos otros buenos profesionales que respondieron a ese desafío se pusieron a escribir, a cuidar la edición y a enviar sus escritos a colegas y medios informativos al otro lado del Atlántico, gracias a la increíble facilidad comunicativa que proporciona Internet.

Esos escritos empezaron a aparecer en las páginas de diarios y semanarios de América Latina, en portales y páginas web. Y cada vez fueron más lo medios que publicaban los escritos del CCS, hasta llegar a más de mil quinientos profesionales y medios de comunicación.

Este libro recoge algunos de los artículos escritos de José Carlos García Fajardo, fundador y director tanto del curso de Periodismo Solidario como del Centro de Colaboraciones Solidarias. Como persona comprometida, su director nos ofrece una visión universal y global humanista y humanitaria de los principales retos, problemas e injusticias que aquejan a nuestro mundo, analizados con fértil indignación y lucidez.

El profesor García Fajardo aborda múltiples campos de la actuación humana, por eso la edición de sus artículos que este libro presenta es un excelente reconocimiento de esa empresa de periodismo solidario iniciada hace diez años.

 

Carlos Berzosa Alonso-Martínez

Rector de la Universidad Complutense de Madrid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación

 

Conciencia, voz y alma

 

El Centro de Colaboraciones Solidarias es conciencia, voz y alma para nuestra organización. Cuando el profesor García Fajardo lo fundó hace más de diez años, Solidarios dio un salto decisivo de madurez. Hasta ese momento, nuestra vocación se había manifestado en mayor medida en la presencia física junto a las personas que más sufren, aportando vitalidad y creando lazos para evitar la exclusión. Con el mensaje constante del CCS, además, hemos tratado de aportar sensibilidad a quienes puedan estar adormecidos, para que no tengan la tentación de alegar que ellos no sabían nada de lo que pasaba a su alrededor.

Con una estructura sencilla, sin pretenciosidad, contando con la voz de los periodistas más jóvenes y con el talento de los consagrados, buscando nuevos puntos de vista y nuevas maneras de acercarnos a la realidad, procurando hablar de hechos y no de especulaciones conspirativas, y, sobre todo, con una férrea determinación, el CCS ha logrado hacerse un hueco permanente en la agenda de opinión de los Medios, en especial del mundo y de los ámbitos latinos.

Sólo echando un vistazo al árbol de temas que se tratan habitualmente y, mucho más, si descendemos a la lectura de algunos de los miles de artículos, descubrimos un ideario que, con una piel de actualidad, ampara valores universales. Artículos sobre las grandes potencias, las consolidadas como los Estados Unidos y las emergentes como China o Brasil, artículos de fondo sobre las docenas de conflictos bélicos de los últimos años (desafortunadamente la cosecha de ellos ha sido abundante), artículos sobre los asuntos más desestabilizadores para el planeta, como los tráficos de drogas, armas o personas, o el cambio climático. O sobre el continente africano, tanto más en peligro cuanto más opacado siga. Temas actuales e insoslayables para cualquier persona, se encuentre donde se encuentre y viva en el país que viva.

Pero también encontramos el testimonio de los voluntarios en los hospitales o en las calles con los sin hogar, las necesidades de integración real de los discapacitados para poder reconciliarnos con una historia infausta en este terreno, la potencia y la sabiduría desacreditada de los mayores, el papel de la mujer, violentada por una historia machista, o la riqueza de la inmigración en sociedades anestesiadas por la opulencia. Contenidos que han de formar parte del día a día de los ciudadanos si no queremos seguir cometiendo más abusos e injusticias.

El CCS ha ofrecido cada semana una opinión valiente y serena sobre la actualidad. Una opinión y una reflexión al modo periodístico, es decir, ágil, documentado, directo, adaptado al espacio y a los recursos propios de los Medios. García Fajardo y los equipos que ha creado sucesivamente han sabido conjugar la profundidad del mensaje con la viveza del formato prensa. Todo ello, sin renunciar a unas raíces académicas complutenses que han aportado, por un lado, una capacidad de sistematización y una metodología y, por otro, un gran número de jóvenes estudiantes que han entrado con buen pie en la profesión a través de la vertiente formativa del Centro, clave importante para entender el conjunto. Con todo esto, no es de extrañar que el Centro de Colaboraciones Solidarias se haya convertido en una fuente imprescindible para muchos periodistas.

Los programas de Solidarios llegan a la cárcel, a las personas sin hogar, a los hospitales, a los centros de acogida o a los hogares de los mayores en soledad.  Enviamos bibliotecas a centros educativos o procuramos fondos para proyectos de desarrollo en Latinoamérica. Desde hace más de veinte años hemos sido una ficha luminosa en el puzzle de la intervención social con los grupos más desfavorecidos. El CCS ha prolongado nuestra acción más allá de la acción directa, tratando de sensibilizar, denunciando atropellos, proponiendo alternativas, reflexionando en voz alta sobre temas ocultos y podridos. Conciencia, voz y alma, gran alma, para una organización que aspira a ser algo más que una herramienta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la justicia y por la Tierra

 

Vivir, no ser torturado, no ser juzgado salvo en juicio justo, poder expresarse libremente, participar de algún modo en el gobierno del propio país, llevar una vida digna, ser atendida la salud, tener derecho a aprender y saber…, sencillamente porque somos personas, no es algo que se pueda elegir o dejar de lado, como ir o no a ver una obra de teatro. Y tampoco es una elección baladí, como elegir color para pintar una casa o el lugar de vacaciones, optar por la justicia, por la búsqueda de la verdad y por situarse frente a quienes están y actúan contra los seres humanos, contra la vida.

Gritar contra la indignidad de la tortura, llamar a las cosas por su nombre, señalar a quien quebranta la ley y rompe los más elementales principios de la vida en humanidad se ha convertido en nuestros días en exigencia ética imprescindible. Quienes disponen de la palabra la han de usar con fuerza, la han de arrojar necesariamente contra los enemigos de la justicia y de la libertad, porque no es tiempo de frivolidades y sí de crisis profunda e intensa, de vergonzosos retrocesos de tantos pasos logrados hacia delante y de esperanza para ir de nuevo hacia delante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Derechos humanos

 

Los derechos humanos no son una opción

 

Los derechos humanos universales son una categoría antropológica de las personas. No pueden ser una opción porque no hay otra similar en valor, en dignidad y en excelencia. Puede una sociedad determinada no reconocerlos y actuar como si no existieran, o como si dependieran de la sanción del poder legislativo.  Esa actitud será legal, puesto que legislada, pero no justa. Como legales fueron los campos de concentración alemanes y soviéticos, el apartheid en Sudáfrica o la esclavitud durante siglos. Ninguna autoridad puede darlos o retirarlos legítimamente.

Estos derechos humanos -políticos y sociales- pertenecen a todos los seres humanos. Todos. Lo más que pueden hacer los poderes políticos es reconocerlos. Pero, aunque no lo hicieran, como sucede cada día en tantos lugares del mundo, no hay que esperar orden de mando alguna: es preciso arrebatarlos y ejercerlos.

Es unánime la doctrina jurídica de que, ante cualquier tiranía, no sólo es lícito rebelarse y matar al tirano sino que la resistencia se convierte en deber ético.

Vivimos enajenados por la falacia de que las cosas no son hasta que las dictan los poderes dominantes. No hay que esperar ley ni permiso alguno para ejercer los derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de felicidad. Con todos los derechos sociales que de ahí se derivan: trabajo, salud, cultura, vivienda digna, libertad de pensamiento y expresión, libre asociación, diversidad y la participación en la cosa pública como suma de todos los derechos políticos.

Sostiene el premio Nobel José Saramago que es preciso inventar gente mejor, que se sepa ciudadano, y no permitir que nadie nos engañe. El escritor denuncia la incompatibilidad entre la actual globalización económica y los derechos sociales. No duda en calificar a la primera como una nueva forma de totalitarismo contra la que hay que rebelarse. Como en su día nos alzamos contra los campos de concentración, los Auschwitz y los Gulag, contra la esclavitud y la marginación, contra la exclusión y la explotación de los seres humanos por los poderes dominantes.

El problema central es el problema del poder. Antes era reconocible; ahora, no, porque el poder efectivo lo tienen las multinacionales y los poderes financieros que lo han arrebatado a los políticos. Y si antes los oprimidos podían alzarse contra los poderes tiránicos, fueran reyes o militares, castas sacerdotales u oligarquías, hoy se nos ha ido de las manos en el difuso pero omnipotente magma de las corporaciones económico financieras.

Silenciar los defectos potencia las causas. Pero no todo está perdido. Es posible rebelarse, porque las derrotas, como las victorias, nunca son definitivas. Y Saramago propone la revolución de la bondad activa que acelere la llegada del hombre y la mujer nuevos. Porque hoy, como nunca anteriormente, es posible la destrucción de la humanidad y del medio que la sustenta.

El siglo XXI será el siglo de los derechos humanos porque se va a decidir el destino de la humanidad. A esta rebelión y conquista todos estamos convocados porque nos van la vida, la supervivencia. Pero sólo es admisible un vivir con dignidad como expresión de una sociedad en la que primen la libertad, la justicia y la ética por encima de los intereses y de la fuerza.

La historia demuestra que cuando los poderes opresores, esas minorías enriquecidas que dominan a inmensas mayorías empobrecidas, se plantan y les miran en los ojos, ellos enmudecen.

 

7 de diciembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acuérdate de Guantánamo

 

Se hunden los fundamentos del derecho ante nuestro silencio por la situación de los presos en Guantánamo. El mundo no ha salido de su horror ante las fotografías y videos que mostraban las torturas en las cárceles de Irak. Pero esos crímenes, propios de regímenes totalitarios nazis y soviéticos, se están practicando en Afganistán y en otros muchos lugares del mundo por quienes pretenden ser espejo de democracia y garantes de los derechos humanos universales.

Guantánamo es el nombre de la localidad donde se levanta la base que Estados Unidos controla en suelo cubano bajo renta perpetua desde hace 90 años. El primer contingente de 680  prisioneros llegó a esa base norteamericana  el 11 de enero de 2002. Desde entonces, esos prisioneros permanecen detenidos en calidad de "combatientes ilícitos", lo que según Washington le permite desoír el contenido de la Convención de Ginebra, de 1949, sobre la detención y tratamiento de los prisioneros de guerra. Incluso fuentes oficiales del Pentágono reconocieron que había allí niños de entre 13 y 15 años presos  y ancianos de más de 80 años.

La desesperante situación de los presos de Guantánamo se entiende en el marco de la nueva política exterior emprendida por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Una cruzada de invasión, cambio de regímenes, ocupación e imposición de la democracia liberal tal como lo entienden Bush y los halcones de la Casa Blanca. Es un nuevo imperialismo a la conquista de recursos energéticos y control de zonas estratégicas.

No son tratados como "prisioneros de guerra", porque implicaría protección y respeto a sus derechos. Tampoco como "delincuentes" o "criminales", lo que representa el derecho a un rápido y justo juicio frente a un jurado imparcial, acusación e información sobre los cargos en su contra, además de un abogado que los defienda. Las pocas imágenes que se conocen del campo consternaron a la opinión mundial. Se los vio llegar con los ojos tapados, los pies encadenados, maniatados, y en permanentemente posición de rodillas. Y en un evidente estado de confusión, desorientación y anonadamiento producto de las drogas con las que son tratados, según confesión de algunos pocos liberados, de algún capellán y por la denuncia de Amnistía Internacional, entre otras organizaciones. También la gran prensa norteamericana denunció este terror, empezando por The New York Times, que lo llamó "El escándalo en Guantánamo"

Entre los presos también hubo ya 30 intentos de suicidio.

La Federación Internacional de los Derechos Humanos denunció que el gobierno de Estados Unidos se ha negado a considerar a estos presos como prisioneros de guerra y no les ha sido imputado crimen alguno. Estados Unidos está vinculado por la normativa internacional en materia de derechos humanos y por la ley humanitaria internacional, en particular el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Tercer Convenio de Ginebra, que ha ratificado en ambos casos.

El  Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha determinado que los presos de Guantánamo tienen derecho a ser protegidos por esos instrumentos jurídicos. El Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria ha determinado que los presos de Guantánamo tienen derecho a que el carácter ilegal de su detención sea examinado por un tribunal competente, y tienen derecho a juicios justos por los artículos 105 y 106 del Tercer Convenio de Ginebra o en virtud de los artículos 9 y 14 del PIDCP si un tribunal competente determina que no son prisioneros de guerra.

El Convenio de Ginebra exige que los presos sean tratados sin crueldad. Pero, "Las apretadas jaulas metálicas recalentadas por el sol tropical de la base de Guantánamo parecen ser de otra época más brutal", escribió un periodista inglés. "Es una especie de GULAG caribeño y causaría inquietud si fuera de cualquier otro país". Todos son musulmanes. Los presos no saben dónde están. Los están interrogando las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia yanquis al mando del general Miller que fue enviado a Bagdad para endurecer los sistemas de interrogatorio “como hacemos en Guantánamo con gran eficacia”.

Pero tanto la ONU como el director de seguridad de la Unión Europea han dicho que los deben tratar como prisioneros de guerra. La Convención de Ginebra dice que los prisioneros de guerra no tienen que someterse a la interrogación. Pero  Estados Unidos considera que sacarles información es crucial para la “guerra contra el terrorismo”.

Guantánamo es un precedente peligroso. ¿No es el deber de toda la gente de conciencia oponerse a los crímenes que se cometen en Guantánamo?

 

28 de mayo de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrorismo en las prisiones de Irak

 

"La verdad es que no éramos terroristas. No éramos insurgentes. Éramos gente corriente. Y los agentes de Inteligencia americana lo sabían”, declaró Hayder Sabbar Abd, al denunciar que había sido violado en la prisión de Abu Ghraib por soldados norteamericanos. Y que se suicidaría si tuviera que volver allí.

Todos hemos contemplado con horror el reportaje de la CBS con fotografías de prisioneros iraquíes torturados por oficiales y soldados de los ejércitos de EEUU y de Gran Bretaña. Así como los reportajes que se suceden en The Daily Mirror, The Washington Post y en The New Yorker que dan cuenta del informe confidencial del General Antonio Taguba que estaba en poder del Pentágono y de la Casa Blanca desde hace meses y en el que denuncia “los abusos criminales sádicos, descarados e innecesarios” en la prisión de Abu Ghraib desde octubre y noviembre de 2003

Ya no cabe decir que los culpables fueron una docena de incontrolados. Al frente había generales y oficiales que tenían la obligación de velar por el cumplimiento de lo establecido en la Convención de Ginebra sobre el trato a prisioneros de guerra y el resto de disposiciones internacionales de obligado cumplimiento. Los militares acusados de estos crímenes pertenecían a la Compañía de Policía Militar 372 y al servicio de inteligencia, todos ellos bajo el mando de la General Karpinski.

El Daily Mirror fue terminante asumiendo la responsabilidad del comportamiento de las tropas británicas en fotos que muestran a sus soldados orinando sobre un prisionero desnudo, sangrando y con la cabeza cubierta por un capuchón. La prensa británica exige investigación, juicios y sanciones para los culpables.

The Washington Post anuncia que dispone de más de mil fotografías espantosas. No han sido servicios del Ejército de EEUU o de las Agencias de Inteligencia quienes han denunciado el caso, a pesar de disponer de evidencias por denuncias de soldados impresionados por lo que sucedía. Algunos tuvieron que ser dados de baja por choque emocional al contemplar cómo obligaban a desnudarse a los prisioneros, y los amontonaban en pirámides de cuerpos.

La CBS retrasó la emisión de su reportaje a petición del ministerio de Defensa, dirigido por Rumsfeld, para que no repercutiera en el asedio a la ciudad de Faluya.

Estas fotos provocan espanto en centenares de millones de musulmanes al ver a hombres desnudos obligados a prácticas homosexuales y a estar amarrados a las verjas de las celdas, también desnudos y con bragas de mujer en sus cabezas.

Esto es un cataclismo comparable al caso My Lai en Vietnam en los años setenta, cuando el mundo entero pudo contemplar la foto de un oficial americano volando la tapa de los sesos de un prisionero vietnamita esposado y sin posibilidad de amenaza alguna. Fue este acto gratuito y sádico lo que descubrió una montaña de torturas acompañadas de asesinatos a sangre fría, o durante interrogatorios dignos de los campos de concentración más espantosos. La sociedad civil norteamericana se conmovió, expresó su rechazo y se rebeló rompiendo muchos jóvenes sus cartillas militares, Las marchas de ciudadanos sobre Washington obligaron a la retirada del Ejército de EEUU en su primera derrota militar.

No se trataba de reservistas reclutados para la guerra en Iraq. Frederic de 37 años, traído del Departamento Correccional de Virginia, trabajaba en una prisión de máxima seguridad en EEUU y estaba acostumbrado a tratar con criminales convictos y condenados a largas penas. ¿Trataría así a los condenados por tribunales de EEUU que cumplen sentencia en sus prisiones?

El torturador declaró que los servicios de inteligencia le habían exigido que “preparase” a los prisioneros durante algunos días “para que estuvieran suaves” cuando los interrogaran ellos junto con los militares. Dice que nadie les informó de lo establecido en la Convención de Ginebra y que ellos hacían “lo normal” en estos casos.

Contra confesión de parte no hay prueba en contrario. No es admisible la declaración del Bush a una cadena de televisión en árabe, montada por el Pentágono “que emite desde el estado de Virginia”. Bush ha declarado que para Oriente Medio conocer las imágenes debió ser "terrible". Tan terrible como para señalar el comienzo de la retirada de las tropas invasoras decidida por el trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar. La historia y los tribunales Internacionales les exigirán responsabilidades cuando se pueda demostrar toda la horrible verdad.

Si el fin de la Guerra Santa de Bush fue la implantación de la democracia en Irak, no puede olvidar que la resolución 3059 de la ONU declaró tortura todo trato cruel, inhumano o degradante inferido a prisioneros, y que en democracia combatir la tortura es el primer deber de un estadista.

 

7 de mayo 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para no olvidar el comercio de esclavos

 

La trata de esclavos y el genocidio indio fueron crímenes contra la humanidad y África exige su reparación porque "los crímenes contra la humanidad no prescriben". Esa fue la conclusión de la "Iniciativa de Goré", en Senegal, reunidos representantes de toda África y del mundo libre para exigir reparación por los crímenes de la trata de esclavos.

El genocidio de 140 millones de esclavos africanos durante tres siglos es una monstruosidad equiparable al exterminio de las poblaciones indias en América del Norte por los colonizadores europeos.

El movimiento a favor de la reparación por la trata de esclavos exige el reconocimiento de que la deuda externa de África está pagada con creces, pues el genocidio fue causa fundamental para el empobrecimiento de los pueblos africanos por la sangría en hombres y riquezas expoliadas durante siglos por los colonizadores. Francia y Bélgica ya han reconocido la trata de esclavos como un crimen contra la humanidad, reconocimiento que producirá jurisprudencia con consecuencias internacionales. Sin embargo, quien fuera Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, sostiene sin pudor que “los descendientes de las víctimas no pueden aportar testimonio válido sobre las atrocidades cometidas, a diferencia de los judíos supervivientes del Holocausto nazi”.

"El holocausto de los negros en Norteamérica duró veinte veces más tiempo y causó diez veces más víctimas que el holocausto de los judíos por los nazis", escribió el negro norteamericano Randall Robinson en “La Deuda: lo que EEUU debe a los negros”.

Robinson califica de “holocausto americano” no sólo el período de la esclavitud hasta 1865, sino los 135 años siguientes en los que la población de color sufrió una discriminación racial institucionalizada. Las autoridades de EEUU presionaron a empresas alemanas para que indemnizaran a los descendientes de los trabajadores judíos empleados en sus fábricas como esclavos durante el periodo nazi. Los gobiernos de Alemania han indemnizado y pedido perdón en innumerables ocasiones a las víctimas judías. Pero clama el silencio de EEUU ante un pasado que se perpetúa en las condiciones de discriminación en que viven los descendientes de los esclavos.

Ser negro es un escándalo en EEUU. Un negro de EEUU tiene siete veces más posibilidades de ser encarcelado que un blanco, aunque la comunidad negra sólo representa el 13% de su población, pero es la mitad de los encarcelados. Varios estudios demuestran que un negro tiene un 33% de posibilidades de pasar parte de su vida en la cárcel, frente el 4% de un blanco.

Las ejecuciones de negros en las prisiones son el triple que las de blancos. En los corredores de la muerte esperan la ejecución 3.700 condenados, de los que más del 70% son negros o hispanos.

Ni la ONU ni la UNESCO ni grupo de poder alguno han abordado la denuncia, condena y reparación inaplazables con la población negra. Compartimos la exigencia de que EEUU pague su deuda, repare a los descendientes de las víctimas de la esclavitud y de la discriminación y acometa la responsabilidad criminal que se inició con el genocidio de la población autóctona indígena, se consumó con la esclavitud de los negros y se perpetúa en un sistema social que margina a sus descendientes. 

Los crímenes contra la humanidad no prescriben. Comencemos por la reparación debida a esos pueblos.

 

22 de agosto de 2003 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quienes temen a la justicia

 

El Tribunal Penal Internacional (TPI) ha sido creado en la ONU, una vez logradas las ratificaciones de los sesenta países necesarios para su nacimiento. Lo firmaron 139 desde que en 1998 se aprobó su Estatuto en Roma, pero más de la mitad no lo habían ratificado.

Su sede esta en La Haya y juzgará crímenes contra la humanidad, genocidios y otras violaciones graves contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, funcionaron los Tribunales de Nürenberg y de Tokio para juzgar a los criminales contra la humanidad que habían perdido la guerra. Nada se hizo contra otros responsables de crímenes similares que bombardearon ciudades abiertas, hospitales, utilizaron bombas incendiarias, asesinaron sin juicio a los oficiales del ejército polaco en las Fosas de Katin, torturaron, expoliaron y deportaron pueblos enteros allende los Urales o la ignominia de las bombas atómicas lanzadas sobre las indefensas ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Ninguna de estas ciudades era objetivo militar ni constituían amenaza alguna. Fue escarmiento para acelerar la rendición de los japoneses. Por orden del presidente Truman, no importaron los medios para conseguir sus fines. Estos criminales de guerra se encontraban en el bando de los vencedores, los Aliados. Los asesinatos, las violaciones y las sevicias contra los vencidos fueron innumerables.

Después, el mundo asistiría atónito a las masacres en la guerra de Indochina por los franceses y en Vietnam por los norteamericanos. Las independencias de los países emergentes del llamado Tercer Mundo se lograron a costa de perder cientos de miles de vidas de nacionales que luchaban por sus países, pero eran tratados como terroristas. Una vez alcanzada la independencia y convertidos en héroes de sus respectivas patrias, las antiguas metrópolis se esforzaron por corromperlos para continuar explotando sus riquezas naturales. Todavía sucede en nuestros días en África, Asia y Latinoamérica. Por otros medios, claro, y bajo el pretexto de ayudarlos en su desarrollo, a costa de mantener vivas más de 34 guerras simultáneas en las que mueren más civiles que militares.

Dentro de esos crímenes destacan los genocidios perpetrados en Ruanda, Burundi, Congo, Camboya, Angola y el criminal sistema del apartheid en Sudáfrica y en la antigua Rodhesia, hoy Zimbabwe, donde ser negro era presunción de culpabilidad. Aparte de que las mejores tierras, igual que en Kenia y otras antiguas colonias, pertenecían y continúan perteneciendo a los extranjeros blancos.

Cuando se aprobó en 1998 en Roma el Estatuto del Tribunal Penal Internacional, parecía un sueño que algún día funcionara para perseguir los crímenes contra la humanidad, que no prescriben y que podían perseguirse en cualquier país, fuera cual fuera el rango del criminal.

La globalización de la justicia era una necesidad imperiosa para garantizar los derechos sociales, económicos, humanos. Parecía que las grandes potencias se habían dado cuenta de que no puede haber paz sin justicia; que no es por la guerra, la explotación, la extorsión y la fuerza como puede mantenerse un orden justo en un mundo cada vez más interrelacionado.

Pero ¿qué puede esperarse de un Tribunal Penal Internacional si es recusado por EEUU, China, Rusia e Israel entre otros países que se creen por encima del bien y del mal?

La Unión Europea ha tomado el liderazgo de la puesta en marcha de esta institución fundamental sostenida en todo momento por la presión de la sociedad civil organizada. La ONU, una vez más, se ha mostrado impotente ante la prepotencia de los países que mantienen la tortura, la pena de muerte, que no respetan los derechos humanos ni permiten que sus ciudadanos sean juzgados por otros tribunales que los suyos.

Los casos de EEUU después del 11 de septiembre, de Israel desde su nacimiento y de China desde su sistema totalitario son escandalosos.

Como señala el magistrado español, Baltasar Garzón, candidato al Nóbel de la Paz, "los ataques de EEUU contra el Tribunal Penal Internacional son demoledores y cuestionan seriamente el futuro de esta institución (...). La argumentación utilizada por sus autoridades de que nada ni nadie entorpecerá su lucha contra el terrorismo es perversa porque parte de esa lucha es ilegal". Y muchas veces criminal e injusta.

Una vez más, tocará a la sociedad civil organizarse para denunciar estas violaciones, amenazas y ataques a pesar de la impresionante e inmoral campaña mediática que EEUU ejerce sobre los grandes medios de comunicación.

 

12 de abril de 2002 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crímenes impunes

 

Varios periodistas y abogados piden en EEUU que se juzgue a Kissinger por crímenes de guerra. El ex secretario de Estado debería ser juzgado por ayudar al asesinato del comandante chileno René Schneider, en 1970, así como por otros delitos contra la ley estadounidense e internacional.

C. Hitchens, autor de una investigación publicada en la revista Harper's, ofreció las bases de un caso legal contra el ex asesor de Nixon.

"Henry Kissinger aprobó la internacionalización del principio de los escuadrones de la muerte", afirma Hitchens, que lo acusa del secuestro y asesinato de Schneider. La propia CIA reconoció el año pasado en un informe al Congreso que, bajo directivas de Kissinger y Nixon, la agencia trabajaba con tres grupos golpistas cuyo objetivo era evitar la llegada al poder de Salvador Allende tras haber ganado las elecciones.

La CIA entregó gas lacrimógeno, subametralladoras y municiones a un grupo que logró herir mortalmente a Schneider durante un intento de secuestro y reconoció haberles entregado 35 mil dólares.

Para los promotores del enjuiciamiento, Kissinger es también responsable de "la matanza deliberada de poblaciones civiles en Indochina" durante la guerra de Vietnam, así como otros actos criminales en Bangladesh, Chipre y Timor del Este.

Alfred Rubin, profesor de la Universidad Tufts, afirma que "si cualquier país en Europa quisiera extraditar a Kissinger podría presentar la demanda". Hasta ahora ningún funcionario estadounidense ha sido fiscalizado jamás por crímenes cometidos por su política exterior. Pero Vietnam no ha muerto ni estos crímenes prescriben.

Kissinger afirmó que sus acciones en los setenta deben ser entendidas en su contexto histórico y que "la violación de los derechos humanos no eran un tema internacional como ahora; pero también era cierto que estábamos convencidos de que Allende estaba llevando al país hacia el comunismo".

Lo que importa es que ya se puede denunciar la impunidad de gobernantes responsables de crímenes como Milosevic, Videla, Sharon o Kissinger.

 

2 de marzo de 2001

 

 

 

 

 

 

 

Globalización, pobreza y desigualdad

 

Crisis que condena al hambre a millones de personas

 

La misma crisis que ha secado el sistema financiero internacional amenaza con sumir en la más severa de las miserias a cientos de millones de personas en todo el mundo. Podrían quedarse sin el alimento y la atención médica con las que sobreviven. Al tiempo que  se desvanecen las herramientas básicas con las que tratan de engancharse al desarrollo económico.

“Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta”, alerta la ONG Save The Children. “Con la escasez y el encarecimiento de alimentos en África y Asia, nuestros cooperantes ya están luchando para salvar a decenas de miles de niños de morir por desnutrición. La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan ahora sus ayudas”.

La crisis amenaza con reducir los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año a la ayuda al desarrollo. Una cantidad de dinero importante, pero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en para salvar a sus instituciones financieras.

El temor a los recortes es común entre las agencias de la ONU: Organización Mundial de la Salud (OMS), Programa Mundial de Alimentos (PMA) y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)-, advierten la Comisión Europea, las ONG y los expertos. La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados y es previsible que reduzcan sus aportes en planes  de ayuda.

Estas contribuciones a los llamamientos de organismos internacionales son fundamentales para mantener el flujo de ayudas a los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o escolarizar a los 56 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria, según datos de la FAO y de la ONU.

Un informe de la OMS alerta de que las diferencias en la esperanza de vida son abismales entre los países más ricos del mundo y los más castigados por el sida, el hambre y la pobreza, en África. Margaret Chan, directora general de la OMS, sostiene que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un “lugar inseguro e inestable”. La FAO señaló que el alza de precios de los alimentos en los dos últimos años ha aumentado el número de personas desnutridas en el mundo en 73 millones.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que en 2007 asistió a 86 millones de personas en 80 países, destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos".

Lo peor de la situación es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación de cualquier Gobierno es hacerlo por la ayuda internacional.

El derecho internacional no contempla ningún mecanismo por el que los Gobiernos estén obligados a mantener sus contribuciones. En este momento, el mundo necesita más que nunca un liderazgo y compromiso fuertes. Esta crisis la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años.

Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la abundancia, no pueden dejar a cientos de millones de personas sin ayudas esenciales cuando las cosas se están torciendo. Ahora, más que nunca, es necesario mantenerse fiel a los principios de solidaridad, declara.

 

20 de febrero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se consideran estafados cuando podrían ser delincuentes

 

Padecemos una intoxicación que señala a Bernard Madoff como responsable de la mayor estafa de la historia. Pero la estafa supone buena voluntad en personas inocentes. Estamos ante un caso de corrupción y de engaño a la sociedad  vulnerando leyes.

Madoff montó, con su familia y otros miembros del lobby judío, una red de fraude fiscal, de “asesoría” a grandes fortunas para la desmesurada rentabilización de su dinero negro.  Actuaban como una sociedad secreta y opaca. Como una mafia de soborno y de influencia en los responsables del control de las operaciones financieras y de sus efectos fiscales.

Amparándose en la crisis actual han designado al “chivo expiatorio” ritual, después de que  hubieran puesto a salvo sus fortunas y las de los capos de ese contubernio.

Los “aparentemente” estafados conocían el riesgo de sus inversiones, jugaban desde paraísos fiscales y crearon “otros paraísos” dentro de sus fronteras. Gran parte de esas sumas no eran administradas por Madoff, sino desde unas misteriosas oficinas en la planta 17 del mismo edificio, con empleados aún más misteriosos que “sólo asesoraban” a los clientes y les cobraban una comisión. A ellos y a las operaciones y empresas hacia las que canalizaban esos capitales.

Llegó a haber “rentabilidades” del 40% y hasta del 100% en operaciones para hundir empresas, despedir a miles de empleados, cobrar seguros y destazarlas como a bueyes, en otras empresas que valoraban al 1000% en su negocio de hedge funds, o activos tóxicos.

Entre los “estafados” por Madoff aparece la anciana dueña de L’Oréal. La hija de Eugene Schüller tenía fuertes inversiones en los fondos gestionados por el financiero. Era la mayor inversora en un fondo cuyo cofundador, Thierry Magon,  de 65 años, fue encontrado con las venas cortadas en su oficina de Nueva York, en lo que se considera un suicidio, querido o impuesto.

La empresaria Alicia Koplowitz, de padre polaco de origen judío asentado en España, habría perdido 14 millones de dólares. Otras fortunas permanecen en aterrado silencio.

La Fundación Elie Wiesel, dedicada a mantener la memoria del Holocausto judío, dice que ha perdido casi todo su patrimonio por el fraude de Madoff. La organización fundada por el premio Nobel de la Paz anunció que han perdido 16 millones de dólares. Algunos “aumentan la cifra” para conmover a nuevos donantes y mecenas.

Decenas de asociaciones de beneficencia judías apoyadas por ricos mecenas han sido afectadas por la “estafa” de Madoff. Más de treinta de organizaciones judías se reunieron en Nueva York para “decidir si existen opciones de actuar conjuntamente”, explicó Mark Charendoff, presidente de la red de mecenas judíos, entre los que figuran Steven Spielberg, Fred Wilpon,  y el senador Frank Lautenbergs.

La universidad de Nueva York ha “perdido” 24 millones de dólares. La Fundación Robert Lappin, que mantiene la identidad judía entre los jóvenes, también confió sus recursos a Madoff.

El Sistema de Salud Judío de Long-Island, que opera 15 hospitales, dice haber perdido 5 millones de dólares, y la Fundación Julián J. Levitt otros 6 millones.

La Universidad judía Bersheva y muchas organizaciones  equívocamente calificadas como de “charity” se beneficiaban de exenciones fiscales y realizaban actividades en defensa de los intereses del lobby judío y deI Gobierno de Israel.

En España, el organismo encargado de la supervisión de los mercados (CNMV) cifra en cerca de 200 millones de dólares la exposición “directa” de las Instituciones de Inversión Colectiva (IIC) al fraude de Madoff. No habla de las indirectas ni de las camufladas. Calcula que las IIC afectadas superan las 224, pero las atribuye al “fraude piramidal”.

No ha habido tal fraude de la estúpida pirámide de Ponzi, propia  de incautos. Aquí cada uno sabía en qué operaciones fraudulentas se metían. ¿O ignoraban que muchos de esos fondos financian guerras, blanquean dinero del crimen organizado, narcotráfico, trata de mujeres y de niños, sostienen movimientos fundamentalistas, especulan con petróleo y gas, y son cómplices de tráfico de fármacos perversos no admitidos en Estados Unidos? Dicen que no lo sabían, que el dinero no huele; como la banca Ambrosiana, del Vaticano, cuando se descubrió que participaba en la fabricación de anticonceptivos, de manipulación de células y en la fabricación de condones.

La Fiscalía Anticorrupción investiga la distribución de fondos de Madoff en España país y postas de los defraudadores a Hacienda, a quienes podrían acusar de cooperadores necesarios en este fraude.

 

26 de diciembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ante el terrorismo financiero

 

Ubuntu es una antigua palabra africana para designar humanidad, compartir, cuidar y estar en armonía con toda la creación. El Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil ha publicado un Manifiesto al que nos sumamos de todo corazón. Se trata de expresar los sentimientos de millones de seres humanos y de miles de organizaciones de la sociedad civil ante las propuestas de reuniones internacionales sobre la crisis financiera. Crisis cuyos responsables principales han sido las entidades bancarias, los responsables de fondos de inversión y de los hedge funds, así como las autoridades responsables de vigilar y de controlar las actividades financieras, como los Bancos centrales y la Reserva Federal.

La enorme paradoja que escandaliza a la sociedad civil es que los directivos de esas entidades han cobrado cantidades millonarias durante su catastrófica actividad y muchos han recibido cuantiosas sumas en forma de stock options y de “indemnizaciones” de despido ante el desplome de las finanzas y su imparable repercusión en la economía y en los mercados.

Causa rubor e indignación que los bancos no se fíen unos de otros y no se presten dinero entre ellos. No son dignos de crédito. Son “increíbles”. Hasta los ladrones tienen sus reglas para repartir el botín. Se hunde el crédito, las financiaciones, las industrias y el comercio. Están despidiendo a miles de obreros con el pretexto de Regulación de las plantillas. Lo más sangrante y decepcionante es que los responsables de este terrorismo financiero aguardan a que los llamen para volver a comenzar de nuevo.

Después se preguntan por qué hay comandos suicidas o “piratas” que se alzan contra las flotas pesqueras no somalíes ni africanas que esquilman los caladeros frente a Somalia. Como hicieron con los del Atlántico, Gran Sol, Golfo de Vizcaya, Mediterráneo, Marruecos, Mauritania, Namibia, Chile y Perú. Ahora engañan a la opinión pública con el envío de buques y de aviones de guerra para “proteger” a nuestras flotas pesqueras en el exterminio de millones de bonitos y de atunes, entre otras especies. Estamos confundiendo a las gentes. Las estamos explotando y arrebatándoles la esperanza y, si ya nada tienen que perder, me pregunto por qué no se han alzado contra el orden establecido y dominante. Por todos los medios a su alcance, pues la lucha es desproporcionada. Resuena el grito de Orwell: “Si nadie nos tiene que mandar, ¿a qué esperamos?

En el Manifiesto expresan preocupación por las graves repercusiones que para la Humanidad va a suponer la explosión del capitalismo neoliberal, una explosión no terminada aún, de un modelo económico que tantas veces habíamos denunciado como injusto y dañino para la sociedad.

Perplejidad porque los protagonistas de que este modelo se haya impuesto durante 25 años, y que el G7 y las Instituciones de Bretton Woods (el FMI y el BM), aparezcan  como los salvadores del desastre cuando deberían aparecer como culpables, y asumir las responsabilidades que les correspondan.

Indignación ante la convocatoria de la Cumbre del 14 de noviembre por el Gobierno de Estados Unidos, cuna de las Organizaciones políticamente responsables de lo que sucede. Y porque a la reunión se invite de forma arbitraria y discriminatoria. Como si los países más pobres, que más han sufrido este modelo y más vayan a sufrir las consecuencias del actual descalabro, no tengan nada que decir sobre qué hacer ahora y en el futuro.

Porque no sólo se desaproveche, sino que se “ensombrezca” la Conferencia de Doha sobre la Revisión de la Implementación del Consenso de Monterrey sobre la Financiación para el Desarrollo, prevista del 29 de noviembre al 2 de diciembre. Este Consenso tiene un apartado de temas estructurales que, revisado y ampliado, podría contribuir a abrir las puertas hacia un nuevo modelo económico y financiero mundial.

Expresan la convicción de que ha llegado el momento de que la Reforma en profundidad del actual Sistema de Organizaciones Internacionales, siente las bases de una gobernanza democrática mundial que impida que el mundo vuelva a vivir una situación como la actual.

Urge que, en el seno de Naciones Unidas, con la participación de los actores relevantes en la actual coyuntura mundial y también con la participación de la sociedad civil y de los movimientos sociales, se convoque una Conferencia Mundial sobre un Nuevo Sistema Monetario y Financiero Internacional y sus Nuevas Instituciones Democráticas de Gobierno.

Si lo que buscan es imitar al Príncipe de Lampedusa, remover algo para que todo siga igual, la revolución y el caos están servidos.

 

14 de noviembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando alguien llama a las cosas por su nombre

 

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil. En un mundo donde las fronteras existen para las personas pero no para el dinero, de poco vale que el G20 se comprometa a asumir nuevas normas si no aísla a un G40 del que apenas se habla: los 40 países ladrones, los 40 paraísos fiscales.

Según la OCDE, en estas cuevas, piratas esconden de los impuestos entre 5 y 7 billones de dólares, una cifra que equivale al 13% del PIB mundial.  En los últimos 20 años, el dinero que guardan estos países se ha multiplicado por seis. Curiosamente, la distancia entre los sueldos de los altos directivos y los trabajadores ha crecido en ese tiempo en una proporción similar.

Cuando alguien llama a las cosas por su nombre y, encima, las escribe bien, debemos divulgar sus reflexiones. En un espléndido artículo titulado “Los pecados capitales”, Ignacio Escobar los analiza como el de la gula que hemos citado.

Llevamos años denunciando ese crimen, más que delito fiscal, de los paraísos fiscales en donde bancos y sociedades “legales” actúan con total impunidad. Allí blanquean el dinero procedente del narcotráfico, de la venta de armas, de las comisiones fraudulentas, de los “cierres” empresariales que ponen a los empleados en la calle y de la prostitución. Como el emperador romano dicen “El dinero no huele”. No huele porque apesta a podrido en la Dinamarca de las sentinas financieras.

Personas “respetables” y que dirigen instituciones que alardean de honestidad en sus negocios, y que son capaces de promover desahucios y embargos de familias por no poder atender al pago de unos intereses. Capaces de obligar a poblaciones enteras a subsistir bajo la explotación de sus riquezas naturales y de su mano de obra tratada como recurso capaz de generar beneficios económicos. Capaces de montar guerras allí en donde les conviene para dar salida a stocks de armas obsoletas o averiadas. Capaces de vender a países empobrecidos toneladas de productos farmacéuticos rechazados por las autoridades sanitarias de sus lugares de origen. Capaces de inundar los mercados con excedentes de producción que no hacen sino crear necesidades y dependencias, a cambio de materias primas. Que han inventado el concepto de “ayuda” en donde deberían de imperar los de justicia social y equidad. Capaces de transformar economías tradicionales y autosuficientes en repúblicas bananeras. Imponen el monocultivo, ocasionan erosiones y catástrofes, empobrecen a los pueblos al dominar despóticamente el precio de los productos que han obligado a plantar, bajo la amenaza de pérdida de las cosechas, con la sangría de los intermediarios y con el pago en productos manufacturados que ahogan la artesanía y la incipiente industria.

Capaces, digo, de influir torticeramente en el precio de las cosas, de crear hambrunas que utilizan como auténticas armas de destrucción al tiempo que ocasionan desplazamientos de pueblos enteros en cuyas tierras han detectado hidrocarburos o materias preciosas.

No es posible mantenerse en silencio por más tiempo. Desde Bretton Woods han impuesto un modelo de desarrollo nefasto para los pueblos empobrecidos y, por lo que estamos viendo, a las mismas sociedades capitalistas. De adorar al dios Mamón del enriquecimiento rápido y de las leyes de los mercados prodigiosos y perseguir con furor fanático las regulaciones estatales en favor del bienestar general, a exigir la intervención de los Estados para que nacionalicen sus pérdidas y paguen por sus desatinos. Sin rubor han privatizado los beneficios y pretenden socializar las pérdidas de sus economías de casino. Por supuesto, con el dinero de los contribuyentes detrayéndolo de los recursos destinados a la educación, a la salud, a las pensiones y a los ordenamientos legales que tratan de poder remediar a las crecientes dependencias de poblaciones envejecidas.

Es increíble, causa estupor la desfachatez con que abordan la crisis financiera mundial y las repercusiones económicas que pagarán las sociedades más débiles, al pretender que los causantes de tantos desatinos sean los encargados de reinventar el capitalismo.

Una vez más, una mentira nunca llegará a ser verdad pero terminará por creerse a fuerza de repetirla. Y que una proposición no necesita ser cierta para engañar a las gentes. La historia está llena de ejemplos: supersticiones, religiones absurdas, racismo, esclavitud, postergación de la mujer, homofobia, pretendidos derechos divinos de las dinastías, castas y clases superiores “por designio de los dioses”, alimentos prohibidos, etnocentrismos con la famosa “carga del hombre blanco”, pena de muerte legalizada, torturas indiscriminadas, campos de concentración, derechos de conquista y de colonización y de conversión a los nuevos dioses de los invasores, fanatismo religiosos, ideológicos y nacionalistas o de pretendidos “pueblos elegidos” o con patentes de corso para imponer sus dictaduras mentales, políticas y económicas.

 

31 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Instituciones degeneradas

 

Los bancos ya saben que no hay poder político capaz de resistir las amenazas a la estabilidad económica. Por eso se frotan las manos, se reparten bonos y stock options y sanean sus cuentas de resultados a costa del erario público.

Altos directivos de Lehman han tenido el cuajo de celebrar en estos días fiestas millonarias. Igual que los de Fortis, que se reunieron en el mejor hotel de Mónaco después de la catástrofe para un increíble festejo. ¿A qué juegan? Saben que tienen la sartén por el mango, y el mango también. Así ha sido siempre en la historia del capitalismo más salvaje. Bajo el indudable progreso técnico ocultaban la miseria, la explotación y el hambre de millones de personas para deslumbrar, como el Príncipe de Potenkín, a la zarina Catalina.

Cuando los financieros hablaban de quiebra del sistema se estaban refiriendo a sus propios balances, y cuando hablaban de confianza en realidad querían decir dinero, escribe Ignacio Camacho. Billones de euros públicos para sanear sus activos, cuadrar sus resultados y continuar como si nada hubiera pasado. Tantas vueltas para eso: las ideologías, el motín de los mercados, el fin de la Historia... todo se reducía a una factura. La cuenta de los platos rotos durante los años felices de la especulación, de la orgía de las hipotecas insolventes y los fondos de riesgo. La mano invisible del mercado era una mano extendida para recibir el importe de los desperfectos que ella misma había causado en sus días de euforia.

Y el Premio Nóbel, José Saramago, denuncia el “crimen financiero contra la humanidad” porque, si nos callamos, nos vomitarán nuestros hijos con merecidos reproches, porque habiendo podido tanto nos atrevimos a tan poco. Y desde el caos de un planeta saqueado y de muchedumbres hambrientas, debido a la explosión demográfica, nos preguntarán atónitos cómo no nos alzamos contra este sistema injusto y tiránico de unos financieros sin entrañas que dejaron exangüe a la economía mientras construían fraudulentas ingenierías financieras.

Llegaron tan lejos que los poderes públicos, las administraciones supraestatales y las instituciones de control como el FMI, el Banco Mundial y los bancos centrales consintieron que el poder real fuera detentado por las oligarquías transnacionales que actuaron como meros ejecutores de las decisiones de los sanedrines.

Los perdedores, escribe el Premio Nóbel, “somos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más dinero y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales… mientras que, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría…”.

¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas?, se pregunta Saramago. ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico?

Lo que está pasando, afirma con contundencia, es un crimen contra la humanidad que no son sólo los genocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas.

Crimen contra la humanidad es también que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea, con la complicidad de sus gobiernos, han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo.

Ahora sí que ‘un fantasma recorre el mundo’ y no sólo en Europa, pero los responsables de esta hecatombe están dispuestos a “reinventar el capitalismo” con los mismos mimbres e idéntica codicia. No piensan en los seres humanos, en las sociedades, en el medioambiente. Prescinden de las instituciones elegidas democráticamente y convocan a una conferencia en Estados Unidos, claro, a los miembros del G20, basados tan sólo en criterios económicos y no sociales. Saltan por encima de instituciones como la ONU y los gobiernos legítimamente representados en ella, y pretenden reedificar idénticos casinos financieros, una vez que los banqueros, recuperados de sus pérdidas, se disponen a seguir dictando el orden en un mundo cada vez más degenerado

 

24 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis económica y justicia social

 

Si hasta en las prisiones se acepta el axioma de que “el que la hace, y lo pillan, la paga”, ¿por qué se van a ir de rositas los responsables de la actual crisis financiera, y de la más fuerte de la economía real que se avecina?

Causa rubor ver a presuntos delincuentes de guante blanco listos para aprovecharse de los ingentes fondos para inyectar liquidez en los bancos. Vamos, que encargamos a los zorros la vigilancia de los gallineros y a los pederastas la de los orfelinatos. Por duro que suene la realidad es todavía más cruda.

Richard Fuld, responsable de Lehman Brothers, amasó 500 millones de dólares entre 1993 y 2007. Sólo el año pasado ganó 45 millones más.

Henry Paulson, del Tesoro de Estados Unidos, consiguió 700 millones de dólares en Goldman Sachs. Él fue quien coordinó la reunión en la que se habló del rescate financiero con dinero de la Reserva Federal.

Keneth Lewis, de Bank of America, recibió 20 millones de dólares en 2007, y tiene acciones allí por un valor de 112 millones.

James Diamond, de JP Morgan, recibió un bono navideño de 14 millones de dólares en 2007, y tiene activos en ese banco por un valor de 190 millones.

Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, recibió 28 millones de dólares en 2007 y ha amasado una fortuna de más de 400 millones de dólares en su empresa.

Esto resulta “obs-ceno”, algo que no se puede presentar en la escena mundial, porque debería de ser materia de los fiscales, embargados sus bienes como cautela y ellos puestos a buen recaudo hasta que contasen todo lo que saben. Me temo que pronto los veremos en puestos de responsabilidad con repercusión mundial, sobre todo contra los más pobres.

Mientras todos se ocupan de salvar a los banqueros y a los ricos, la crisis deja en la cuneta la solidaridad. Los recortes en cooperación amenazan la alimentación, la asistencia médica o la educación de millones de personas. Las cifras del hambre vuelven a dispararse en contra de todos los compromisos, escribe Oriol Güell.

La misma crisis que ha secado al sistema financiero internacional amenaza con sumir en la miseria a cientos de millones de personas en todo el mundo, que podrían quedarse sin comida y atención médica o ver como se desvanecen las herramientas que les impusieron para que se pudieran enganchar al desarrollo económico.

“Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta”, alerta la ONG Save The Children. “La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan sus ayudas”.

La crisis amenaza con reducir los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año en ayuda al desarrollo, según un portavoz de Naciones Unidas. Una cantidad de dinero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en menos de tres semanas para salvar las instituciones financieras.

La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados, que restarán a sus contribuciones para los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o para escolarizar a los 77 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria.

La directora general de la OMS advierte de que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un “lugar inseguro e inestable”, para que luego nos preguntemos por las raíces de los movimientos revolucionarios: hambre, enfermedad, ignorancia y desesperación.

El secretario general de la ONU denuncia que los Gobiernos se han mostrado incapaces de cumplir los compromisos que asumieron en 2000 para erradicar la pobreza y el hambre en 2015.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos”.

John Holmes, de Naciones Unidas, afirma que “lo peor de la situación actual es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación es hacerlo por la ayuda internacional”, afirmó estos días en Madrid.

Desde el PNUD, P. Conceiçao denuncia que “esta crisis, la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años”.

El clamor es unánime: Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la opulencia, no pueden dejar a millones de personas sin las ayudas esenciales. Es necesario mantenerse fiel a los principios de justicia universal y de solidaridad.

 

17 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

No podremos decir que no lo sabíamos

 

Desde hace décadas nos han venido alertando de los graves problemas que nos amenazaban. Desde la explosión demográfica, al cambio climático, vertidos contaminantes en los mares, el destrozo en los bancos de pesca, los efectos perversos del fundamentalismo y del modelo de desarrollo neoconservador, la ignominia de los paraísos fiscales en donde se blanquea el dinero del narcotráfico, de la venta de armas y del crimen organizado. Cuando llegaron, todos nos hicimos de nuevas. Como sucedió con la caída del muro de Berlín o de la URSS o con el impresionante auge de China.

Antes de una década, la Unión Europea tendrá 50 millones de personas mayores de 65 años. Estas personas son las que más visitas hacen a la Seguridad Social y las que toman más medicamentos, aparte de pasar más tiempo en sus casas durante los meses del crudo invierno. Se incrementan el consumo de calefacción, las afecciones respiratorias y reumáticas, la depresión, la soledad y la sensación que tienen estas personas de ya no ser necesarias.

Hasta los países europeos del Mediterráneo conocen esas cifras de jubilados por su edad o por las políticas laborales de las empresas que antes se producían en los países más ricos de Europa.

Ahora, los responsables políticos buscan cómo abordar el tiempo libre en aumento para esos ciudadanos. Nuestras sociedades no estaban preparadas para responder a esas demandas y se agotan las medidas de vacaciones subvencionadas y de actividades culturales para ese ocio impuesto que a muchos les resulta una carga insufrible.

No es casualidad que los médicos de cabecera detecten un aumento de enfermos en sus consultas que han somatizado su soledad y su sensación de impotencia. Los consultorios se llenan de personas mayores que anhelan hablar y ser escuchadas.

La nueva configuración de las familias en los países europeos quita sitio para los abuelos en los nuevos hogares. Éstos están cada día más compuestos por una pareja con uno o dos hijos y que habitan viviendas maltusianas, llenos de hipotecas y de obligaciones para atender a las necesidades que el consumismo les ha ido creando.

Ante el desbordamiento de las estructuras sanitarias y la amenaza de no poder hacer frente a las pensiones que no crecen al ritmo del coste de la vida, se me ocurre lo siguiente:

En España, Grecia, sur de Italia y sur de Portugal, el espectacular desarrollo económico ha venido precedido por las remesas de divisas que los emigrantes enviaban desde el norte. A medida que el nivel de vida de estos países se acercaba a los del resto de la Unión Europea, los emigrantes fueron regresando a sus lugares de origen aportando saberes, costumbres, técnicas y capacidades imprescindibles para la formidable industria del turismo que se apoyó en el clima del Mediterráneo.

Los hijos de esos emigrantes hablaban otras lenguas, vivieron otras costumbres y habían aprendido a respetar otras formas de convivencia.

La ayuda que la Unión Europea prestó a estos países mejoró sus carreteras, ferrocarriles y aeropuertos, así como las comunicaciones telefónicas, atención médica, facilidades bancarias y las instalaciones de playas y de recreo.

Hasta entonces se creía que el ocio era patrimonio de los más pudientes. La experiencia demostró que no era así y cientos de miles de pensionistas empezaron a viajar a las islas Baleares, Canarias, Costa del sol y otros lugares similares de Italia, Portugal y Grecia.

¿Cuál era la riqueza fundamental que aportaban estos países en vías de desarrollo? El sol, el clima, el agua, los paisajes y el carácter abierto y acogedor de sus ciudadanos.

¿Por qué no se transforma el norte de África en instalaciones hoteleras de acogida para esos millones de jubilados europeos que podrían pasar casi la mitad del año disfrutando de ese clima y de sus posibilidades?

Las visitas a los centros médicos y el consumo de medicamentos se reducirían. El uso de carburantes para calefacciones, así como la contaminación, también descendería. El estado anímico de  millones de personas mejoraría al tiempo que se beneficiarían del aumento de la capacidad adquisitiva con las mismas pensiones.

Cualquiera que haya viajado por Marruecos, Túnez, Libia y Argelia puede comprobar la mejora de sus instalaciones hoteleras, culturales y de ocio en general.

Como sucedió en el sur de la Unión Europea, cientos de miles de puestos de trabajo serían creados en esos países para sus ciudadanos. Harían en su tierra lo mismo que están haciendo en tierra ajena proporcionando un lugar al sol para esas personas mayores que ven con temor la llegada del otoño y del invierno.

Sería posible organizarse entre los países de la Unión Europea y los del norte de África para desarrollar conjuntamente otro tipo de instalaciones y potenciar esa riqueza que alienta en las tierras y en las poblaciones de nuestros vecinos de la otra orilla del Mediterráneo.

 

26 de septiembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ante el hambre no hay razones

 

Si el mundo se ha convertido en una aldea global, es evidente que está muy mal gobernada. Falta un liderazgo mundial y faltan auténticos líderes en los Estados más poderosos y con mayores posibilidades de influir en el resto de la humanidad. Quienes realmente mandan y deciden son los grandes grupos de presión, la banca mundial, los especuladores profesionales y los intereses financieros. Y movimientos fundamentalistas de toda laya. El imperio de la Razón y los tiempos de las Luces han dado paso al magma de lo insustancial, al horror a tomar la palabra y afirmar “yo sé quien soy y vivir con plenitud es mi faena”.

¿Dónde hay un auténtico hombre de Estado? Se trataba de debilitar el sistema, de ahondar en la brecha, de movernos en los etéreos campos de la virtualidad y de lo soft, de caminar deprisa en nuestro laberinto cerrado.

La consigna era ‘no pensar’, dejarse conducir, no atreverse. Así, a los totalitarismos de uno y de otro signo ha seguido el pensamiento único, guarecernos en la manada y el regreso a comportamientos gregarios.

La publicidad golpea y constriñe a brillar con oropeles, a llamar la atención exterior para que no se detecten el vacío y la soledad interiores. Se teme al buen gusto, a esa exaltación de la naturaleza que es la cultura, al equilibrio y a las buenas maneras, a sentirse en paz con uno mismo abierto a los demás en actitud de acogida. 

Asistimos a la decadencia de los valores fundamentales representados por instituciones construidas a fuerza de voluntad, experiencia, generosidad y audacia. Instituciones de la Organización de las Naciones Unidas, la UNESCO, el Banco Mundial para el Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, y la Organización para la Agricultura y la Alimentación, la tristemente de actualidad FAO. Reunidos en Roma en “comité de crisis”, 500 delegados de 183 países no hicieron más que confirmar la voluntad de los más poderosos de que esa institución continúe vegetando sin aportar soluciones para combatir el hambre en el mundo.

La comunidad internacional cometió el error de desinteresarse por la agricultura mundial. Por eso hibernó a la FAO y mantiene a 3.600 funcionarios que consumen su presupuesto.

Es bueno recordar lo que se dice en su carta de constitución “su misión es alcanzar la seguridad alimentaria para todos, vigilar para que todos los seres humanos tengan un acceso garantizado a una alimentación de buena calidad que les permita llevar una vida sana y activa, mejorar los niveles de nutrición, la productividad agrícola y la calidad de vida de las poblaciones rurales para contribuir al desarrollo de la economía”.

Es lícito preguntarse que, si los norteamericanos, los europeos y los japoneses, principales contribuyentes del sistema de la ONU, que controlan, hubieran querido que la FAO prosperase y fuese eficaz, no habrían permitido que, durante treinta y seis años, estuviera en manos de un director general libanés y otro senegalés, 18 años cada uno.

Se necesitan medio millón de dólares diarios para mantener a los funcionarios de la ONU. La FAO gastará 784 millones en los dos próximos años, un millón de dólares al día, en un escandaloso despilfarro, ineficacia y responsabilidad criminal ante las muertes por hambre y enfermedades derivadas de más de 35 millones de personas al año, 24.000 al día y un muerto cada siete segundos. La FAO denuncia que la crisis es gravísima y que el número de víctimas del hambre se incrementa sin cesar. Esta sí es la más terrible arma de destrucción masiva.

Su ineficacia es tanto más sorprendente cuando hay otras agencias de la ONU que se ocupan de lo mismo: el FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, 438 millones de dólares), el Programa Mundial de Alimentos (5.000 millones), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (4.440 millones). La ONU gasta un total de unos 10.000 millones de dólares para afrontar el hambre en el mundo. De ellos, 27 millones al día para mantener su paquidérmica estructura de funcionarios sin alma.  Porque es preciso no tener conciencia ni sentido de la realidad al contemplar los gastos en armas, en guerras, en narcotráfico, en especulaciones financieras, en desorbitados lujos, en arruinar el medio ambiente con la locura de un consumo irresponsable, mientras centenares de millones de seres humanos mueren de hambre.

Los pueblos empobrecidos no necesitan la “ayuda” de los enriquecidos, sino la reparación debida por sus expolios, el reconocimiento de su derecho a cultivar, fabricar y exportar sus productos. Y a que se terminen las subvenciones a productos agrícolas en el norte rico y desalmado.

Así lo demuestran Paul Collier, en “El club de la miseria. Qué falla en los países empobrecidos del mundo” y Jeffrey Sachs en “Economía para un planeta abarrotado”. Se conocen el problema y sus soluciones, pero faltan verdaderos líderes mundiales, hombres de Estado capaces de derrotar a la Gorgona de mil serpientes, modelo de desarrollo que padecemos.

 

13 de junio de 2008 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hambre, arma de destrucción masiva

 

¿A quién beneficia esta alarma desatada por la subida de precios de los cereales que recogieron algunas Bolsas? No se trata de un tsunami ni de una mala cosecha excepcional, ni de una imprevista sequía. Algunos poderes agitan el fantasma del hambre para aterrorizar a las poblaciones, y justificar las propuestas de seguridad que preparan. No está la situación alimentaria peor que en años pasados. Obsesionados por el terrorismo y por las guerras en Iraq y Afganistán, imposibles de ganar al modo tradicional, preparan una salida “airosa” trasladando nuestro imaginario del terrorismo al hambre como auténtica arma de destrucción masiva que afecta a miles de millones de víctimas inocentes.

Las agencias nos informan de que la purificación étnica, la erradicación o el exterminio físico de los grupos étnicos hostiles a los gobiernos autoritarios no requieren alta tecnología, nada de misiles sofisticados, de ántrax o de cabezas nucleares.

En el caso de Sudán, escribe el Director de Acción contra el Hambre, el uso de mercenarios para quemar las aldeas, destrozar las cosechas y las reservas de comida ha forzado a más de un millón de personas al exilio. Así, una gigantesca hambruna, provocada por el gobierno de Jartum, se ha cobrado miles de vidas humanas.

El hambre como arma de destrucción masiva no ha llegado a EEUU o a Europa. Sin embargo, el hambre como amenaza es utilizada cada vez más. Por eso llegan informaciones tendenciosas capaces de ocultar la realidad con el estallido del miedo.

De un mal endémico que venimos padeciendo, sosteniendo y manteniendo por no adoptar medidas enérgicas, justas y adecuadas, ante el ominoso silencio y la ineficacia culpable de la Organización Mundial del Comercio, ahora echan la culpa del hambre a los hambrientos. No sería la primera vez en la historia: vagos, destruyen los bosques, incapaces de prever, se empeñan en cultivos de subsistencia, no saben planificar, ni exportar, ni industrializarse.

En esta “puesta en escena”, cadenas de alimentación que pertenecen al gigante Wal Mart y Costco restringieron la venta de arroz a sus clientes sobre todo restaurantes y comercios.

Con esta absurda medida, en el país más rico los precios en la Bolsa de Chicago subieron cerca del 3%, para romper la barrera psicológica de los 25 dólares cada 45 kilos. En Tailandia la subida fue del 5%, y el arroz alcanzó un precio récord: 1.000 dólares por tonelada. Las grandes compañías brasileñas que inciden en las especulaciones mediante acaparamiento, retenciones o lanzamiento masivo para desestabilizar los precios, suspendieron las exportaciones.

La directora del programa de alimentos de la ONU, J. Sheeran, ha declarado que  la ayuda alimentaria que proporcionan cuesta un 40% más que el año pasado, porque casi todos los productos se han encarecido.  Como causas de esta situación aludió a las nuevas necesidades de alimentación en China o India, los biocombustibles y el precio del petróleo. El gran volumen de inversiones en los mercados de materias primas contribuye al alza de los precios en las bolsas. Pero el hambre no es una fatalidad, ni un destino, ni tampoco cuestión de azar. No es el designio de los millones de personas que pasan hambre, como tampoco es una casualidad que el 97% de ellos vivan en países empobrecidos.

En ocasiones todavía se piensa que el hambre es fruto de la superpoblación, de mala gestión política, de la escasez de alimentos, de infraestructuras insuficientes o de un desastre ecológico. Hoy el hambre es un arma empleada por algunos gobiernos para eliminar grupos molestos de población en su propio país, escribe Mariló Hidalgo, en Fusión. Han convertido al hambre en un arma de guerra los que han hecho del beneficio económico y de la prepotencia financiera el eje y fin de sus acciones. Como si el mundo fuera un tapete en el que los seres humanos no juegan más que el papel de fichas que se mueven o eliminan según las sacrosantas leyes de un mercado que sólo sirve a los intereses de unos pocos.

 

25 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El petróleo nos consume

 

Se achaca a las potencias emergentes de India y China la responsabilidad del aumento de los precios del petróleo para sostener su crecimiento económico. Influye, pero no es la causa principal de este encarecimiento, sino el incremento desaforado del consumo en los países industrializados. China, con una población que cuadruplica a la de EEUU, no representa más que un 8% de la demanda mundial de petróleo, pero en EEUU sobrepasan el 25%, y un 18% corresponde a la Unión Europea.

Uno de los mayores expertos, Paolo Scaroni, director general del ENI (Sociedad italiana de petróleos) dice que, en EEUU, en los cinco últimos años, uno de cada dos coches comprados es un 4x4, cuyo motor gasta un litro de combustible por cuatro kilómetros. Por tanto, los coches americanos hacen una media de 7 km por litro. La media europea es de 13 km. Si los norteamericanos utilizasen vehículos semejantes a los europeos, continúa Scaroni,  economizaríamos 4 millones de barriles por día. Que equivale a la producción de Irán, tercer exportador mundial. Si todos los coches americanos, canadienses, europeos, japoneses y australianos se homogeneizasen en este nivel de consumo, economizaríamos 10 millones de barriles por día, lo que equivale a la producción de Arabia Saudita, primer productor mundial, y más que el consumo de India y China juntas… Si los denominados ‘países occidentales’, que coinciden con los más industrializados y enriquecidos del mundo, utilizasen vehículos ‘razonables’ y los norteamericanos adoptasen los estándares europeos en calefacción y aire acondicionado, se economizarían 15 millones de barriles de petróleo diarios. En números redondos, el 20% del consumo mundial”.

Todo indica que los precios del petróleo van a subir más. En los últimos seis meses los precios del petróleo para entregar dentro de cinco años han aumentado un 43%, mientras que los denominados spot, a entregar sin retraso, aumentaron un 38%. Los contratos de compra a plazo se negocian a más de 120 dólares el barril. Este petróleo se negociaba a 50 dólares el barril a comienzos de 2007, su precio se ha duplicado en doce meses. Podemos volver a caer en el círculo vicioso de los setenta y de los ochenta: un petróleo caro es factor de inflación y ésta encarece la extracción del petróleo y de otras materias primas, desajustando la economía mundial.

Se abre un período en el que tendremos que ajustarnos para vivir peor con un petróleo encarecido. Quienes más los sufrirán serán los países empobrecidos que no posean yacimientos de fuentes de energía. En tanto que los países y compañías exportadoras de petróleo van a ver multiplicadas sus ganancias. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) registró en 2007 una cifra de negocios seis veces superior a la de 1998. En ese mismo período, los rusos han multiplicado por cuatro sus ventas de petróleo y gas.

Estas vertiginosas ganancias tienen su vertiente más odiosa en los pueblos de los países más empobrecidos.

¿A qué esperan los países libres, democráticos, defensores de los derechos humanos y dispensadores de patentes de ciudadanía mundial para terminar con esta injusticia?  Millones de seres humanos no tienen que perder más que sus cadenas, su hambre, su desesperanza y su ira. Ante una tercera crisis energética, como la de 1973, es razonable esperar una reacción de supervivencia de los desheredados de la Tierra. David buscará nuevas hondas de piedras o de lo que sea, para defenderse de Goliat. Pues la vida es un bien superior a cualquier otro.

Las señales de alerta del planeta ya son patentes, no es posible mantener este nivel de consumo y de explotación. Los pueblos de la Tierra tienen que movilizarse para conseguir energías renovables y limpias. En esta Era de la revolución de  las comunicaciones ya nadie es inocente ni podrá alegar que no conocía las consecuencias de estos delitos contra la humanidad, y contra nuestro medio ambiente. Nos devoramos a nosotros mismos mientras dos mil millones de seres no tienen cubiertas sus necesidades más elementales.

 

11 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alemania: Evasión de miles de millones a paraísos fiscales

 

Se descubren más redes de blanqueo del dinero del crimen. Droga, prostitución, armas, evasión fiscal, todo envuelto en una trama en la que aparecen cerca de tres mil compañías en “paraísos fiscales”.

El último escándalo, en Alemania. Se descubrió un fraude fiscal de miles de millones de euros evadidos ingresados en cuentas secretas en el principado de Liechtenstein (35.000 habitantes en 116 Km. cuadrados).

La canciller Ángela Merkel y los representantes políticos, medios de comunicación y sociedad civil manifestaron su escándalo por la sistemática evasión y la facilidad con que lo hacían. La reacción ha sido más dura después de que el Príncipe Alois de Liechtenstein acusase a Alemania de atacar la soberanía del Principado, que sólo vive de ese negocio criminal.

Directivos de importantes compañías se sirven de esa sentina de la economía para obtener buenos dividendos y eludir el fisco de sus países. Fueron descubiertos por un empleado de la banca, que exigió el pago de cinco millones de euros, o vendía su información a otros postores. Como si nadie supiese hasta ahora cómo y dónde funcionan esos criminales de cuello blanco. Por no pagar una hipoteca te pueden embargar y hasta llevar a la cárcel. Por defraudar más de seis billones (con b, no miles de millones) de euros al año te ponen alfombra roja.

Si las sociedades democráticas no se protegen contra esta práctica, las mafias acabarán con ellas. De ahí la importancia de medidas para perseguir a los países que permiten estas redes y castigar a individuos que por su cargo ejercen más responsabilidad: jueces, funcionarios, abogados, policías y dirigentes financieros.

El actual sistema económico neoliberal, que favorece la total libertad de movimientos de los capitales y camina hacia una política de menos impuestos, menos servicios públicos y menos Estado, ha desencadenado por todo el planeta un movimiento sin control de una gran masa financiera que elude toda contribución social y sólo persigue sus ilimitados beneficios.

Dinero procedente de fortunas privadas, empresas, multinacionales, del narcotráfico, terrorismo, tráfico de armas, encuentra refugio en los territorios donde no hacen incómodas preguntas: en los paraísos fiscales.

La cifra de negocios del dinero procedente sólo de las organizaciones criminales, el producto criminal bruto, no es inferior al billón de euros anuales. Casi el 18% del comercio mundial. Este dinero criminal busca su refugio en los paraísos fiscales que, además de Bahamas, Jamaica, Panamá… hay en Europa: Isla de Man, Isla de Jersey, Principado de Andorra, Gibraltar, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, San Marino, Malta y Chipre.

Se calcula que el dinero depositado en paraísos fiscales asciende a más de seis billones de dólares y que en ellos hay registradas cerca de tres millones de sociedades-tapadera, que favorecen la corrupción de grandes empresas, que se sirven de ellas para ocultar su contabilidad y balances.

Personalidades de prestigio han sugerido medidas para acabar con los paraísos fiscales: a) Armonizar legislaciones nacionales en materia de delincuencia financiera con la adopción de medidas preventivas, como el registro y el seguimiento de la delincuencia financiera, el control público europeo de las cámaras de compensación, la prohibición a los bancos de aceptar fondos provenientes de paraísos fiscales y de abrir filiales off-shore; b) Creación de una fiscalía europea en materia de justicia y fraude fiscal;  c) Levantamiento del secreto bancario bajo pena de sanción a los Estados no cooperantes; d) y transparencia obligatoria para las empresas en sus actividades, filiales y capitales invertidos en países de riesgo.

Así conseguiríamos dar un paso en la lucha contra la corrupción, los sobornos, el fraude fiscal y otros delitos de corbata y levantaríamos un sistema que no se olvide de la necesaria solidaridad para que la distribución de la riqueza mundial no sea tan injusta.

Liechtenstein es uno de los paraísos fiscales que sirven de cloaca a la banca suiza, que no deja de actuar de forma contundente y silenciosa. Deportistas de élite, miembros de familias reinantes y de la jet society, junto con los más sórdidos negociantes, blanquean dinero procedente del narcotráfico, de la venta de armas y del crimen organizado. Disponen allí de increíbles facilidades fiscales.

Pero todos callan, porque desde allí se realizan operaciones fraudulentas relacionadas con la caída de gobiernos, la compra de políticos venales y el infernal tráfico de armas, que ningún país democrático permitiría. Las instituciones supranacionales y las de la Unión Europea tendrían que acabar con esta lacra.

 

22 de febrero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pobreza no la hacen los pobres

 

“Es preciso abandonar el punto de vista del ave y adquirir la perspectiva del gusano. Sólo a partir de la observación del mundo real desde su misma base se puede actuar para mejorarlo”, nos decía el Profesor Yunus, Premio Nobel de la Paz,  al explicar cómo se había gestado su proyecto de los microcréditos. Lo orientó para erradicar la pobreza desde su raíz y esa revolución no hace más que extenderse por cerca de 100 países. El Banco Grammen tiene más de siete millones de prestatarios, el 97% de ellos son mujeres, la mayor parte analfabetas. Es uno de los bancos con menor número de impagos y morosidad del mundo. El banco funciona en más de 100.000 pueblos de países con las economías más variadas, porque la pobreza no es sólo de países subdesarrollados o, mejor dicho, empobrecidos.

Los beneficios de los microcréditos se han manifestado en la educación de los niños. En Bangladesh, por ejemplo, el 100% de los niños con familias que disfrutan de ese sistema para producir bienestar y riqueza están escolarizados. También ha influido en la nutrición, en la salud y en la paternidad ymaternidad responsables. Ya no rige el arcaico principio de que “cuántos más hijos, mejor”, para echar una mano en los campos y para asegurarse, con los que sobrevivan, asistencia en la ancianidad. La situación de las mujeres ha cambiado completamente, antes se escondían en las casas, ahora son mujeres activas, mujeres que hablan y que toman decisiones. Las viviendas han mejorado por los préstamos para su mejora.

El principio básico es que, si bien no es posible ayudar a la gente a salir de la miseria de la noche a la mañana, lo que sí se puede hacer es influir en la vida de una persona al menos en el transcurso de un día. Puede sonar a utópico, y lo es en el sentido de que utopía es “lo que no existe, todavía”.

Toda persona, por serlo, tiene derecho a alimentarse, a encontrar trabajo, a tener vivienda digna y a cuidados sanitarios, así como a una pensión vitalicia que asegure su vejez. Así es y no porque nos lo parezca, sino por ser principio connatural al hecho de ser persona. De ahí surge el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Es evidente que el ser humano no ha nacido para cuidar de sí mismo individualmente, sino para participar en la comunidad. Disponemos de esa capacidad, pero no queremos aplicarla porque no creemos en ella y nos movemos por fantasmas de nuestra imaginación terca y obstinada. Tenemos que creer que es posible un mundo sin pobreza y, mucho más, sin miseria. Antes de crearlo, hemos de ser capaces de imaginarlo porque no se ha hecho realidad nada grande si antes alguien no lo soñó primero. En tiempos de la esclavitud, del sometimiento y discriminación de la mujer, de la pretendida superioridad de unas razas sobre otras, nadie, excepto los sabios y los visionarios valientes, se atrevía a pensar que era posible una sociedad estructurada sobre principios de justicia, de libertad, de igualdad y solidaridad. Hoy vemos esa realidad en más de treinta países con cerca de mil millones de habitantes. Pero restan cerca de cinco mil millones de seres humanos que forman parte de nuestra familia, de la única familia sobre el planeta. No hay pueblos escogidos, no razas superiores ni destino que no podamos agarrar por el cuello y transformarlo, como escribía Beethoven a una amiga.

No podemos, porque no queremos. Otro mundo es posible porque es necesario y lo que es necesario puede encontrar los instrumentos para realizarse. Es un quehacer inaplazable, como la libertad y el derecho a la felicidad. Esto es, a ser uno mismo en un ámbito de solidaridad y justicia. Para que nuestros hijos y nietos no nos consideren culpables al visitar los “museos” de la pobreza y de las guerras, y se pregunten por qué permitimos que sucediera.

 

27 de julio de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los persas ya han pasado por las Termópilas

 

Hay un poema de Kavafis que dice que hay gente que sigue defendiendo el desfiladero de las Termópilas como si los persas no hubieran pasado por allí. “Yo tengo a veces esa sensación..., estar defendiendo cosas en las que creo, en medio de una realidad que me desborda todos los días”, así comenta el ex director del diario español El País, Joaquín Estefanía, su sensación diaria al contemplar la realidad y reflexionar sobre ella.

En su último libro “La mano invisible. El gobierno del mundo” nos cuenta que “He escrito varios libros sobre la globalización y sus efectos, y un día comprendí que desde que hemos entrado en esta época acelerada de globalización, la mayor parte de las decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana se tomaban lejos de nosotros: en Bruselas, Frankfurt, Nueva York, y me puse a investigar para ver si esa sensación era auténtica y estaba afectando al núcleo duro del sistema en el que vivimos, a la democracia. Cada vez hay más decisiones que no dependen de los parlamentos nacionales donde se encuentran las personas que nosotros hemos elegido democráticamente, sino que se toman en segunda o tercera instancia. Mientras que aquellos a lo que llamábamos “poderes fácticos” -Ejército, Iglesia y Banca-, se habían movido mucho y los que funcionaban eran muy distintos. El único poder que no se discute nunca es el del dinero”.

Por eso trata de definir el nuevo poder que surge como consecuencia directa de la desigualdad. Lo ostentan los que lo han tenido siempre: los Estados y gobiernos, allí donde reside la soberanía de los ciudadanos. Pero han aparecido otros nuevos: los mercados, los medios de comunicación y la opinión pública. Los mercados son los reguladores de la vida económica, los guías de los hombres y sociedades que deben adaptarse a él para sobrevivir. España, que hace una generación era un país rural, gracias a los mercados se ha convertido en un país moderno, emergente, que aspira a ser uno de los siete más importantes del mundo en cuanto a bienestar. Pero estos mismos mercados convirtieron a México en un país arruinado en sólo cuarenta y ocho horas.

Con la misma lucidez aborda el papel de los medios de comunicación social como contrapoder de los poderes clásicos. Lo novedoso es que los medios de comunicación se han “independizado” y han pasado a formar parte de grupos económicos con intereses diversos, no subordinados al poder político.

El autor concreta esos intereses: “Cuando se habla de periodismo de investigación y se trata de la cacería mediática de una persona; o cuando se llevan a cabo campañas de opinión que responden a intereses mercantiles; o cuando se convierte a los medios en un instrumento del tráfico de influencias. 

Ante la realidad de la invisibilidad del auténtico poder que toma las grandes decisiones e influye en nuestras vidas, Estefanía afirma que cuando antes hablábamos de poder hacíamos alusión a una persona o una institución. Había un rostro, una marca o unas siglas. Hoy ese poder es más anónimo y a veces es difícil distinguir el verdadero poder de las decisiones que se toman. Los que ejercen el poder niegan tenerlo. Lo ocultan, lo disfrazan, pero no lo sueltan. El término “mano invisible” es una especie de actualización de lo que descubrió hace casi dos siglos Adam Smith: una suma de intereses de varias personas que al unirse se convierten en interés general. Hoy hablaríamos de: gobiernos, empresas, personas que funcionan mucho más en red, que se identifican entre sí menos que antes, pero que están ahí y afectan a nuestras vidas cotidianamente. 

No es de extrañar el pesimismo de quienes observan, analizan y piensan. Por eso es imprescindible crear organismos multilaterales que regulen y gobiernen la globalización. Estamos transición e incertidumbre mientras todavía no hemos creado los contrapoderes que nos hagan resistir estas presiones. Pero los ciudadanos no están privados ni de iniciativas ni de autonomía para llevarlas a cabo. Son necesarias las manifestaciones de una sociedad civil fuerte y despierta, que exija la creación y el fortalecimiento de las instituciones públicas para que en ellas resida verdaderamente el poder. 

Afirma Estefanía que la globalización no está saliendo tan bien como imaginaban los que creyeron en ella a principios de los 90. Asistimos a una globalización financiera excluyente que arregla la vida a los países más beneficiados y genera en una mayoría niveles de desigualdad brutales, como no se han conocido en la historia contemporánea. Hay también una sensación de impotencia política, pues parece que la economía es la que gobierna el mundo, mientras los gobiernos sólo administran lo que ésta dicta. Ha habido un desplazamiento de poder de los gobiernos a los llamados mercados.

 

29 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrorismo social ante el que es justo rebelarse

 

Durante tiempo se creyó que sólo los trabajadores que habían cotizado a la Seguridad Social tenían derecho a cobrar una pensión al llegar su jubilación. Personas que habían trabajado toda su vida sacando adelante a sus familias, trabajando en asistencia doméstica, como modistas, artesanos o en cualquier otro trabajo duro, pero no remunerado con sueldo fijo ni dados de alta por un empleador, ni en sueños podían aspirar a que la sociedad, por medio del Estado, reconociese su derecho a una pensión digna que les permitiera vivir sin zozobras la última etapa de su vida.

Hoy se reconoce el derecho de todo ser humano a esa pensión como una de las conquistas del Estado de bienestar. Es una conquista social sin la cuales los derechos políticos y declaraciones de derechos universales no serían sino quimeras. Como personas tenemos derecho a que la comunidad provea a nuestras necesidades en tiempo de necesidad en la enfermedad, en la dependencia y en la vejez.

Ninguna de las conquistas sociales, logros científicos y técnicos han nacido de la nada ni cada generación ha tenido que comenzar de cero. Vamos a hombros de quienes nos han precedido y existe un capital acumulado al que todo ser humano tiene derecho porque existe y no para existir.

Lo que durante siglos perteneció a la utopía hoy son en los países desarrollados y democráticos valores concretos reconocidos por leyes y exigibles ante los tribunales. Nadie en su sana razón lo discute. De igual manera hemos de abordar otras propuestas que parecen utópicas, “verdades prematuras”, para que, a fuerza de comentarlas, estudiarlas y ponderarlas se conviertan en realidades concretas.

Es el caso de la “renta básica”, auténtico principio revolucionario. Es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de la sociedad, incluso si no trabaja de forma remunerada, con independencia de otras posibles fuentes de renta y sin importar con quien conviva.

A fuerza de hablar de la desigualdad de ingresos y riqueza, olvidamos su acelerado crecimiento, sus causas. Orígenes y consecuencias, y olvidamos refutar las falsas justificaciones ofrecidas por los interesados. Olvidamos que la desigualdad hace tiempo que ha rebasado lo social, la ética y lo estéticamente tolerable. La extrema desigualdad nos debe golpear por ser radicalmente injusta e inhumana. Ante la desigualdad no sólo tenemos el derecho de resistencia sino el deber de alzarnos como ante cualquier tiranía.

Leemos sin inmutarnos que la mitad de la humanidad,  3.000 millones de personas, vive con menos de 2 dólares al día y, de éstos, 1.300 millones con menos de 1 dólar diario. Esta desigualdad extrema entre ricos y pobres destroza la comunidad, rompe los lazos de fraternidad y desata la codicia de unos pocos mientras provoca la desesperación de muchos,  condenados sin culpa.

Algunos sostienen sin rubor que cada uno tiene lo que se merece y que la buena suerte hay que trabajarla. Falso. Nadie ha merecido nacer donde nació ni disponer o carecer de medios para su formación y desarrollo. Pero todos nacemos miembros de una sociedad y, aunque falleciesen nuestros padres, la sociedad es responsable de nosotros, como nosotros lo somos de los demás miembros de la misma. Esta conciencia es una de las conquistas de la globalización que nos ha descubierto próximos y, por tanto, responsables solidarios unos de otros.

Por eso es urgente no cejar en la lucha contra la desigualdad, construyendo propuestas alternativas graduales a este modelo de desarrollo basado en el sofisma de que “cuánto más, mejor”; falsa premisa de que lo importante en economía es la mayor productividad posible con el mayor beneficio, caiga quien caiga y tratando a los seres humanos como recursos y no como a sujetos libres, dignos y responsables. Es urgente construir alternativas que nos permitan recuperar el control democrático sobre las decisiones económicas. Y a las personas, recuperar el control sobre sus vidas en una vida que merezca la pena de ser vivida, y no sea una condena ante la que es comprensible rebelarse. Aunque, luchar por el derecho a una vida digna algunos la condenen como un ataque a la sociedad. Como si no fuera el terrorismo social, y no sólo de Estado, la causa de esta desigualdad injusta.

 

10 de febrero de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fin de la pobreza

 

Hace 85 años, el economista John Maynard Keynes reflexionó sobre las atroces circunstancias de la Gran Depresión. Desde lo más hondo de la desesperación que le rodeaba, en 1930 escribió acerca de "Las posibilidades económicas de nuestros nietos". En una época de penalidades y sufrimiento, previó el fin de la pobreza en Gran Bretaña y otros países industriales para la época de sus nietos, hacia finales del siglo XX. Keynes puso de relieve la marcha espectacular de la ciencia y la tecnología y la capacidad de los avances tecnológicos para sustentar un crecimiento que bastaría para poner fin al antiquísimo "problema económico" de tener suficiente para comer y suficientes ingresos para hacer frente a otras necesidades básicas. Keynes acertó de lleno: la pobreza extrema ya no existe en los países ricos y está desapareciendo en la mayoría de los países de renta media del mundo.

Hoy podemos invocar la misma lógica para afirmar que se puede acabar con la pobreza en nuestro tiempo. La prosperidad del mundo rico, el poder de las amplias fuentes de conocimiento actuales y la disminución de la porción del mundo que necesita ayuda para escapar de la miseria se combinan para hacer que el fin de la pobreza sea una posibilidad realista para el año 2025.

Jeffrey Sachs ha publicado “El fin de la pobreza: Cómo conseguirlo en nuestro tiempo”. El autor es una autoridad mundial en economía y política sanitaria y Director del Instituto de la Tierra en la universidad de Columbia. Ha publicado centenares de artículos sobre la lucha en el mundo contra la enfermedad, la pobreza extrema y la reducción de la deuda en el Tercer Mundo.

Actualmente, más de ocho millones de personas mueren todos los años en el mundo porque son demasiado pobres. Todas las mañanas, los periódicos podrían informar: "Más de 20.000 personas murieron ayer a causa de pobreza extrema". Nos darían estas cifras: hasta 8.000 niños muertos de malaria, 5.000 madres y padres muertos de tuberculosis, 7.500 adultos jóvenes muertos de sida y varios miles de muertos más de diarrea, infecciones respiratorias y otras enfermedades que atacan a los cuerpos debilitados por el hambre crónica. Los pobres mueren en salas de hospital que carecen de medicamentos, en aldeas que carecen de mosquiteras para prevenir la malaria, en casas que carecen de agua potable. Mueren en el anonimato, sin que su muerte se haga pública. Desde el 1 de septiembre de 2001, EEUU ha emprendido una guerra contra el terrorismo, pero ha desatendido las causas más profundas de la inestabilidad mundial. Los 850.000 millones de dólares que EEUU dedicará en 2005 a gastos militares no servirán para conseguir la paz si el país sólo gasta 15.000 millones de dólares en hacer frente a la grave situación de los más pobres de entre los pobres del planeta, cuyos países se ven desestabilizadas por la pobreza extrema y se convierten en focos de malestar, violencia e incluso terrorismo.

Esos 15.000 millones de dólares representan un porcentaje minúsculo de las rentas de EEUU: sólo 15 centavos por cada 100 dólares del Producto Nacional Bruto estadounidense. La parte del PNB estadounidense dedicada a ayudar a los pobres disminuye desde hace décadas y es una porción diminuta de lo que EEUU ha prometido y no ha dado. Este libro trata de la toma de decisiones acertadas que pueden conducir a un mundo más seguro, basado en el respeto auténtico por la vida humana.

Dice Sachs que ha tenido la suerte de haber observado algunos éxitos reales y haber contribuido a ellos: el fin de situaciones de hiperinflación, la introducción de nuevas monedas nacionales estables, la condonación de deudas impagables, la conversión de las moribundas economías comunistas en economías dinámicas basadas en el mercado, la puesta en marcha del Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y el tratamiento con medicamentos modernos de personas carentes de recursos infectadas por el VIH.

Sostiene que todas las regiones del planeta tienen la posibilidad de incorporarse a una era de prosperidad sin precedentes basada en la ciencia, la tecnología y los mercados mundiales. Sin embargo, también hay regiones atrapadas en una espiral descendente de empobrecimiento, hambre y enfermedad.

Hay que contribuir a forjar el futuro. Nos corresponde a todos y entre todos podemos conseguirlo, como se consiguió erradicar la pobreza extrema en los países industriales del siglo XX.

 

18 de noviembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es posible controlar la explosión demográfica

 

Transcurridos 11 años de la nueva era iniciada, en 1994, por la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), hay que subrayar la relación directa entre la pobreza y los derechos de la mujer así como también con el acceso universal a servicios de salud reproductiva con programas de planificación de la familia y maternidad sin riesgo.

El Programa, aprobado en El Cairo hace 10 años por 179 países, aspiraba a equilibrar la población mundial y los recursos del planeta, mejorar la condición de la mujer y velar por el acceso universal a los servicios de salud reproductiva, incluida la planificación de la familia. El punto de partida fue la premisa de que el tamaño, crecimiento y distribución de la población están estrechamente vinculados con las perspectivas de desarrollo y que las acciones en uno de esos temas refuerzan las acciones en los demás. Pero, debido a las presiones de los países islámicos así como del Vaticano en una insólita alianza, el Consenso de El Cairo dio prioridad a invertir en los seres humanos y ampliar sus oportunidades, en lugar de tratar de reducir el crecimiento de la población.

Esta es la mayor amenaza que pende sobre la humanidad: la explosión demográfica. Contra ella sólo cabe garantizar la educación de las mujeres y su acceso a los puestos de trabajo que les corresponden para que puedan asumir una maternidad responsable. Pero es mucho lo que queda por hacer para garantizar la salud reproductiva y los derechos reproductivos, incluidos los de 1.300 millones de adolescentes en todo el mundo, promover la maternidad sin riesgo y frenar la propagación del VIH/SIDA.

Diez años después de El Cairo nos encontramos con estos datos escalofriantes: más de 350 millones de parejas siguen careciendo de acceso a servicios de planificación de la familia. Las complicaciones del embarazo y el parto continúan siendo importante causa de defunción y enfermedad de las mujeres: cada año, 529.000 pierden la vida por causas que se podrían evitar.

En 2003, 5 millones de personas se sumaron a las infectadas con el VIH; las mujeres constituyen casi la mitad de todos los adultos infectados y casi las tres quintas partes de quienes viven en África al sur del Sahara.

La población mundial aumentará desde los 6.400 millones actuales hasta 8.900 millones hacia 2050; los 50 países más pobres triplicarán su población hasta 1.700 millones.

Una decisión del G-8, los siete países más ricos más Rusia terminaría con el hambre en el mundo en diez años, ofrecería las necesarias educación primaria y asistencia sanitaria, lucharía con éxito contra la contaminación del medio ambiente y garantizaría la salud reproductiva de las mujeres que les permitiría una maternidad responsable.

Es factible acabar con estas plagas que asolan a la humanidad y ponen en peligro su supervivencia y la del planeta Tierra. No se trata de fantasías futuristas, son peligros reales contrastados por científicos y expertos mundiales. ¿Por qué no lo hacemos si está en nuestras manos? Por las mismas razones por las que no se terminó con las guerras, con las agresiones al medio ambiente, con la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas, con el tráfico de armas y de estupefacientes, con las modernas esclavitudes de menores alistados en ejércitos y prostituidos en tantos lugares del mundo, holocaustos de todo género y con los desplazamientos forzados de pueblos enteros.

Pero es preciso difundir por todos los medios a nuestro alcance que la solución está a nuestro alcance: en todos los países desarrollados y democráticos del mundo en los que las mujeres han alcanzado el acceso a la educación y a los puestos de trabajo, se han controlado y reducido las curvas demográficas. La solución es clara: educación, responsabilidad y libertad para administrar la maternidad y la paternidad que les corresponden.

 

8 de julio de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un tsunami cada semana

 

Los ciudadanos de la UE están consternados por las terribles consecuencias del maremoto en el Golfo de Bengala. Los telediarios repiten sin cesar imágenes de las playas afectadas en Sumatra, Tailandia, India y Sri Lanka. Los corresponsales pronuncian nombres de exóticos lugares con tal familiaridad que los espectadores se sienten interpelados y hasta responsables por no haber sabido comprender  el alcance del todopoderoso tsunami. Se ha llegado a sostener que ha sido la mayor catástrofe de los últimos cuarenta años, pro no es cierto aunque otras no hayan tenido semejante cobertura informativa. En 1970, un maremoto barrió las costas de Pakistán Oriental causando 300.000 muertos; en 1976, un terremoto ocasionó en China 255.000 muertes y, en 1991, los ciclones causaron 265.000 víctimas en Bangladesh.

Pero esas cifras no alcanzan a los devastadores efectos de los tsunamis que tienen lugar cada semana de cada mes, todos los años desde hace décadas. De estos tsunamis endémicos tenemos que ocuparnos pues no son causados por la naturaleza.

¿Por qué esta conmoción casi personal por lo que sucedió el 26 de diciembre en el sudeste asiático? No sólo porque la televisión lo ha retransmitido casi en tiempo real a millones de hogares con incesantes repeticiones. La razón fundamental es que por primera vez miles de turistas europeos y australianos se encontraban entre las víctimas. Fue tan impresionante que hasta el rey de Suecia se quejó de que su Gobierno no le hubiera alertado hasta pasados dos días. Y es que parecía que no pudieran suceder semejantes cosas a ciudadanos de sociedades tan avanzadas como las europeas. Quizás ha llegado el momento de poner los pies en el suelo y reflexionar sobre la realidad.

Las víctimas del tsunami asiático casi alcanzan las 170.000 víctimas. En un día de diciembre. Pero, según los datos de la FAO, cada cuatro segundos muere una persona por hambre o por enfermedades relacionadas con la desnutrición. Sin contar las víctimas de la malaria, del cáncer, sida, tuberculosis, enfermedades del corazón o accidentes de carretera. Ni las víctimas civiles de las veinte guerras que existen en el mundo y de las que no nos acordamos porque no parecen ser noticia.

Cada día mueren por causa del hambre 25.000 seres humanos y, cada semana, 175.000. Cifra superior a las del tsunami en cuestión y que cada mes se elevan a 750.000 para superar los nueve millones de seres humanos muertos por el hambre cada año. Cinco millones son niños.

Llamemos a las cosas por su nombre y dejemos de actuar por pulsiones viscerales: en el mundo hay 852 millones de personas mal nutridas. Son datos renovados cada año por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

La ONU considera lamentable cuan poco se hace para combatir el hambre, aunque los recursos necesarios para evitar esta tragedia humana y económica son minúsculos en comparación con los beneficios si se invirtieran en esa causa. La FAO estima en 30.000 millones de dólares anuales el costo del hambre para los países en vías de desarrollo por la pérdida de productividad y de ingresos nacionales.

Es irónico, dice la FAO, que se pierda tanto dinero cuando, si se invirtiera en la lucha contra el hambre, los beneficios serían enormes pues cada dólar invertido se multiplicar por cinco y hasta por 20.

Pero la FAO nos urge a tomar conciencia y a actuar para cumplir los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Con sólo 25 millones de dólares al año se podría reducir la desnutrición en 15 países latinos y africanos antes de 2015 y salvar a unos 900.000 niños de la muerte por hambre. Es urgente garantizar el acceso directo a los alimentos de los más necesitados. La FAO recomienda que se promuevan la agricultura y el desarrollo rural, de los que dependen los medios de subsistencia de las personas que pasan hambre.

Este es nuestro tsunami semanal que no depende  de la incertidumbre de la naturaleza sino de la injusticia social de las estructuras establecidas por los poderes dominantes. Y esas muertes nos afectan a todos porque todos somos responsables solidarios. Aquí no son suficientes las ONG ni las políticas de ayuda sino abordar con responsabilidad un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global.

Lástima que las víctimas de estos tsunamis no vivan en lugares apetecidos por los turistas.

 

14 de enero de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque parezca imposible

 

En el libro de Susan George, “Otro mundo es posible, si...”, se abordan con valentía los desafíos de nuestros días: Si sabemos de lo que estamos hablando; si salvamos el planeta; si identificamos a los actores, si nos centramos en los adversarios correctos y si Europa gana la guerra del diálogo y del derecho dentro de Occidente. Porque ese otro mundo posible está a nuestro alcance si incluimos a todos y forjamos alianzas; si combinamos conocimientos y política; si los educadores educan.

Nadie puede poner en duda la indiscutible hegemonía de EEUU en economía, finanzas, investigación científica, desarrollo tecnológico, potencial de guerra ni su formidable liderazgo en la revolución informática. Pero similar grandeza tuvieron otros imperios que terminaron por hundirse entre las cenizas de su gloria. Hace menos de un siglo, el Imperio de Gran Bretaña no admitía parangón en el mundo y, hasta hace una década, la URSS era una potencia a tener muy en cuenta.

Pero no siempre a una potencia dominante le siguió otro imperio indiscutible. La historia está llena de ejemplos estremecedores de siglos oscuros, edades de fanatismo, de estancamiento económico y de desorden, como señala Niall Ferguson al comentar la hipótesis del historiador Paul Kennedy en Auge y caída de las grandes potencias. Kennedy concluía que EEUU y la URSS sucumbirían a la sobreexplotación de sus recursos. Al no haber ocurrido así, no pocos vaticinan que una China emergente es la amenaza más peligrosa para EEUU. Los estudiosos ven en los próximos años al coloso chino como segunda gran potencia mundial, seguida por Japón e India, si Europa no asume el liderazgo que le corresponde, fundado en una sociedad de derechos  humanos y sociales que equilibraría las tensiones de esos colosos. China misma puede venirse abajo si su galopante desarrollo no supera la contradicción de un sistema comunista esquizofrénico y tambaleante. Pero el enemigo que acecha en la era de la globalización, tras las terribles experiencias del terrorismo sin fronteras, no es otra potencia hegemónica como China, India o el mundo musulmán, sino “la pesadilla anárquica de una nueva Edad Oscura”.

Diego Hidalgo afirma que “El conflicto entre la visión del Gobierno actual de EEUU y la de la inmensa mayoría del mundo puede maquillarse, pero es insalvable”. Y recuerda que Europa y Norteamérica fueron capaces de unirse para derrotar al nazismo y al comunismo mientras que, en palabras de Raymond Aron, el mundo sólo fue capaz de crear un sistema de gobierno global con las Naciones Unidas tras una gran depresión seguida de una guerra mundial.

De ahí, la premura de unir esfuerzos, de establecer diálogos y de afrontar los retos de un mundo que padece injusticia y terror, hambre y enfermedad, explosión demográfica y una loca carrera armamentística fruto de un modelo de desarrollo periclitado por injusto e inhumano. Estados poderosos han sufrido la humillación de ataques terroristas dentro de sus fronteras como cánceres que se aprovechan de los monstruos que hemos construido.

No son el miedo ni el terror los que traerán la paz, sino la justicia y la cordura, el diálogo inteligente y el reconocimiento de los derechos fundamentales de cada uno de los seres humanos que se ven abocados a un abismo en el que la destrucción de la humanidad y del planeta se han hecho posibles por primera vez en la historia.

Otro mundo es posible, sí, porque es necesario que lo hagamos posible entre todos.

 

30 de julio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al alba de otro mundo posible

 

África es el continente olvidado a pesar de haber sido la cuna de la humanidad y de poseer una población rica en civilizaciones y culturas, además de una de las mayores riquezas minerales y ecológicas del mundo.

Desde el punto de vista de la inversión financiera y del gran tráfico económico internacional parece no existir. Sin embargo, provee de materias primas a los países más desarrollados de Europa. No podemos olvidar que más del 65% de las materias que se precisan en la Unión Europea para mantener su nivel de desarrollo, su crecimiento económico y su estado de bienestar social provienen de países empobrecidos del Sur, entre ellos de África.

Sus hombres emigran en busca de puestos de trabajo en la vieja Europa que los colonizó durante siglos, que secuestró cerca de cien millones de sus mejores hombres y mujeres para enviarlos como esclavos a América y a los estados del Índico. Y esos emigrantes regresarán a sus países como regresaron los españoles para colaborar en el formidable desarrollo de sus países de origen.

El desarrollo de Europa y de América hubiera sido impensable sin la aportación vital del continente africano. Hoy se mantienen allí regímenes inestables, poderes fuertes y guerras en más de una decena de países para poder seguir extrayendo oro, diamantes, coltán, petróleo, maderas preciosas, azúcar, café, pesca, y un sin fin de materias primas esenciales para sostener el nivel de producción y consumo de las antiguas metrópolis colonizadoras de Europa que los esquilmaron en nombre de las tres “ces”: cristianizar, civilizar y comerciar.

Un día se alzarán los descendientes de esos pueblos aherrojados y explotados para reclamar la reparación debida. Los crímenes contra la humanidad no prescriben y en África se llevaron a cabo auténticos genocidios y exterminios de pueblos que después diezmaron y encerraron en artificiales fronteras, de acuerdo con la conveniencia de los colonizadores.

Francia, Gran Bretaña, Portugal y Bélgica, principalmente, serán reos de crímenes contra la humanidad ante los tribunales de los pueblos democráticos. Al igual que sucederá con las reclamaciones de los pueblos indígenas del continente americano desde Alaska a la Patagonia. La historia y el progreso les darán la razón y nuestros hijos vivirán para ver el alba de la libertad y de la justicia.

Los comentaristas sociopolíticos se preguntan si África podrá salir adelante. Con 53 estados soberanos y varios conjuntos regionales con pueblos y tradiciones históricas y culturales diferentes tiene una población de 850 millones de hombres y de mujeres que se han dado a sí mismos una organización continental, la Unión Africana, pero que todavía no permite que se hable de ellos como de la Unión Europea.

Si contemplamos Asia, vemos al Japón que ha salido adelante antes que Corea del Sur y ésta antes que Malasia. Nadie hubiera podido imaginar hace treinta años que el minúsculo Singapur llegaría a ser uno de los países más ricos y adelantados del mundo.

El camino recorrido por una decena de países asiáticos podría ser seguido por algunos países africanos en las próximas décadas. Pero se necesitan dirigentes íntegros y bien preparados que coloquen a la educación y la salud como prioridades esenciales de sus políticas nacionales. Que erradiquen las guerras y transformen las armas en arados, como hicieron Japón y Alemania durante los últimos cincuenta años dando lugar a los famosos “milagros” económicos y sociales que las colocaron a la cabeza de los países desarrollados, tras haber sido destrozados en la última Guerra Mundial.

Otro ejemplo a ponderar es el de China: nunca hubiera despegado económicamente y emprendido el camino del renacimiento sino hubiera sido por un político clarividente en los setenta, Deng Xiao Ping.

“Gatos blancos, gatos negros, lo importante es que cacen ratones”. Y vaya si los cazaron con el paso de una rígida económía marxista a una “economía socialista de mercado”. Hasta el punto de que, antes de una década, será la segunda potencia económica del mundo cuando el eje geopolítico se afirme en el Océano Pacífico y el sudeste asiático reemplacen al Atlántico como espacio de encuentros.

De ahí que el entendimiento entre los EEUU y una Unión Europea fuerte y organizada políticamente sean fundamentales para apoyar los desarrollos socioeconómicos de Latinoamérica y de África para un diálogo intercultural e ínter económico entre todos los pueblos y culturas del mundo para alcanzar ese Otro Mundo más justo y solidario que es Posible porque es necesario.

 

23 de abril 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esclavos de nuestros días

 

En pleno siglo XXI, existen más 27 millones de personas que sobreviven en auténticas situaciones de esclavitud. En un mundo interrelacionado y que se sabe responsable de todo cuanto se hace o se deja de hacer en el planeta Tierra, en la era de las comunicaciones digitales, ya nadie es completamente libre, parodiando a Hegel. Pero algunos lo son  infinitamente menos que otros.

Hoy existen más personas en condiciones inhumanas que en cualquier otro momento de la historia. Algunos estudios de la Unión Europea llegan a apuntar la cifra de 200 millones de personas que vive en servidumbre forzada.

Hay situaciones de sometimiento en forma de trabajo y de prostitución, la servidumbre por deudas y el trabajo infantil que afecta a cerca de trescientos millones de niños, según denuncia incansablemente Unicef.

Los esclavos de hoy pueden ser inmigrantes que trabajan de sol a sol en viveros de agricultura intensiva en Europa, obreros de la construcción a destajo y sin derechos reconocidos, así como tejedores de alfombras o de prendas deportivas en inmundos lugares de Asia para grandes firmas multinacionales. Los esclavos de nuestros días, a veces, padecen tratos más brutales en ambientes más estresantes que los de la antigüedad.

La esclavitud fue definida, en 1926, por la Convención contra la Esclavitud, promovida por la Liga de Naciones, como "el estatus o condición de una persona sobre la que se ejercen todos o alguno de los poderes asociados al derecho de propiedad". Así se ampliaba el ámbito de la esclavitud histórica reconociendo otras formas similares.

En modernos informes se distinguen distintos mecanismos de sometimiento a la servidumbre. Uno es el laboral, que sufren los niños forzados a trabajar en textiles de India, minas del Congo o fabricando aceite en Filipinas. O las mujeres de las fábricas de Vietnam, los emigrantes birmanos en Tailandia, los haitianos forzados a cortar caña en República Dominicana, o los esclavos en plantaciones de bananas de Honduras y los subcontratados por fábricas de calzado y prendas deportivas en Camboya.

La esclavitud sexual es otra forma de sometimiento de seres humanos. A las redes de prostitución y de explotación sexual que afectan a mujeres, niños y emigrantes, cabe añadir algunas formas de matrimonio forzado que entrañan la esclavitud de las mujeres.

A pesar de que la Convención Suplementaria de la Esclavitud (1956) prohíbe "cualquier práctica o institución en la que la mujer, sin el derecho de renunciar, es prometida o entregada en matrimonio a cambio de una compensación económica o especie a su familia, tutores o cualquier otra persona o en la que el marido de la mujer, su familia o su clan tengan el derecho de transferirla a otra persona a cambio de una compensación", todavía permanecen vigentes en muchos lugares los acuerdos de matrimonios con contraprestación económica.

Existen zonas rurales en las que, ante la indiferencia de los gobiernos, las deudas familiares se saldan con la entrega de niños como "servidores de por vida". Es conocido de todos en los países receptores de inmigrantes, imprescindibles para mantener el nivel de vida de las sociedades europeas, el terrible endeudamiento de quienes llegan sin papeles y caen en manos de mafias criminales que los explotan bajo amenazas de denunciarlos o vengarse en sus familias.

También hay que considerar una forma de esclavitud lo que sucede con los niños reclutados a la fuerza por los ejércitos de Sudán, Somalia, Liberia, Zaire o Sierra Leona. En Latinoamérica son conocidos miles de adultos   coaccionados para alistarse en ejércitos regulares, guerrillas o grupos paramilitares.

La raíz del problema de la actual esclavitud está en la pobreza absoluta de zonas cada vez más amplias del planeta y en la explotación sistemática y sin entrañas que practican compañías transnacionales sobre los más débiles.

Escribió Martín Luther King que, "cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave los crímenes de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas".

Por ello, es preciso denunciar el ambiente que genera esta nueva forma de esclavitud: los esclavos de hoy son producto de la guerra, de los criminales negocios de armas y del narcotráfico, así como de la demencial competitividad de los mercados. Es el resultado de un ultraliberalismo que confunde el valor con el  precio, considera a los seres humanos como mercancías y a las riquezas de la tierra como recursos siempre explotables.

 

9 de enero de 2004 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los enemigos del capitalismo

 

Cuando el semanario The Economist cumplió 160 años, publicó un número  titulado “Capitalismo y democracia”. En él aseguraba que los más poderosos enemigos del capitalismo son los propios capitalistas. No son los movimientos a favor de una globalización alternativa, la izquierda socialdemócrata o los comunistas que han sobrevivido a la caída del muro de Berlín, sino los amigos del capitalismo, sus hombres de confianza que se han desbocado y abusan de un poder sin límite. El auge económico de los mercados financieros de los noventa fue tan extremo que su decadencia ha provocado una ingente cantidad de escándalos empresariales, un resentimiento generado por enorme incremento de las desigualdades, un abrumador agujero de los fondos de jubilación privados de millones de ciudadanos y, sobre todo, una desilusión respecto de la capacidad de las instituciones democráticas para hacer que los culpables respondan de sus acciones. Lo cuenta Joaquín Estefanía en el artículo “Cuando el capitalismo pierde la cabeza”.

Durante años, los bancos han bombardeado a sus clientes, y al resto de los ciudadanos, con abusivas campañas de publicidad, para convencerles de que invirtieran sus ahorros en fondos de inversión o en planes de pensiones. Crearon la sensación de que los sistemas del Estado fracasarían por el incremento demográfico y más valía trasladar nuestra confianza a gestión de los agentes de la economía de mercado. Las instituciones públicas reaccionaron con información adecuada.

El corazón del capitalismo del siglo XXI son los fondos de inversión. Sus gestores manejan más dinero que presupuestos de los países más ricos del mundo. Si se generaliza la crisis de confianza que padecen, será mucho peor que escándalos que han dañado el  sistema financiero: empresas que cotizan en Bolsa; bancos de inversión que asesoran; compañías auditoras que deberían haber detectado engaños contables; organismos reguladores que permitieron el fraude; ejecutivos y directivos que antepusieron su interés personal al de las sociedades que representaban; mercados de divisas que llevan décadas blanqueando capitales y tratando desigualmente a sus inversores. Y ahora, los fondos de inversión, en los que participan millones y millones de ciudadanos.

La industria de los fondos de inversión en EEUU ha entrado en una profunda crisis de confianza por sus abundantes irregularidades. Cuando quiebran empresas como Enron o WorldCom, los perjudicados son los accionistas, sus trabajadores y sus jubilados. Pero, cuando fondos de inversión son manipulados, los perjudicados pueden ser centenares de millones de ciudadanos. Noventa y cinco millones de norteamericanos tienen sus ahorros depositados en los más de 8.000 fondos de inversión que operan en EEUU. Siete billones (no billions) de dólares, lo que equivale, por ejemplo, a más de 12 veces los Presupuestos del Estado español. Y afecta a ciudadanos del mundo entero que han confiado en la rentabilidad de esos fondos o de los fondos de pensiones.

“¿Qué tiene que ver este capitalismo de fraude y engaño, con el de sus padres fundadores, Adam Smith, Benjamin Franklin o Max Weber?”, se pregunta Joaquín Estefanía.  El capitalismo requiere confianza; los ahorradores ponen su dinero en manos de otros y han de confiar en que no les estafen. una fuerte regulación fortalece al capitalismo.

Sostiene el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, antiguo economista jefe del Banco Mundial, que la regulación impide a las empresas y al sector financiero aprovecharse de su capacidad de monopolio cuando la competencia es limitada; ayuda a mitigar los conflictos de intereses y las prácticas abusivas, de modo que los inversores puedan tener confianza en que el mercado proporciona un marco de juego limpio y que aquellos que dicen que actúan en defensa de sus intereses así lo hacen. Pero la otra cara es que la regulación va en detrimento de los beneficios fáciles y rápidos; por eso se han multiplicado los lobbys de autorregulación.

Otros muchos economistas opinan también que los escándalos generalizados han derrumbado los fundamentos intelectuales de la economía del laissez faire: la creencia en que los mercados se bastan a sí mismos para manejar con eficacia y con justicia toda la economía.

Han jugado con la confianza de centenares de millones de ciudadanos y al fraude criminal han añadido el escarnio de la desesperanza.

 

12 de diciembre de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que nos traten como a las vacas

 

Gritan los pobres de la Tierra ante la avalancha de la globalización, que consiste en la interdependencia de las economías de numerosos países, sobre todo del sector financiero, que controla la economía y decide las grandes líneas de la política internacional.

Desde siempre, la apetencia de las riquezas de un país o de una zona del planeta, movió a las potencias del momento a inventar peligros y agresiones, imaginadas o promovidas por sus agentes, para escenificar guerras en nombre de la religión, de la civilización, de las pretendidas fronteras naturales, o de la siniestra doctrina del “espacio vital”. La historia de la humanidad viene marcada, no por los logros científicos, técnicos, sociales o artísticos, sino por guerras, cambios de dinastías o conquistas de pueblos inermes ante la prepotencia de los agresores que ignoraron todo derecho, despreciaron culturas y sometieron pueblos. Así se estudia la historia desde hace siglos.

Cuando creíamos que nada nos quedaba por ver, hemos asistido, -después de la todavía sospechosa y no aclarada, agresión terrorista del 11 de septiembre-, a la guerra de agresión y conquista del territorio del pueblo iraquí, pues el estado de Iraq se reveló como entelequia, en nombre de una llamada “guerra preventiva".

La globalización es la característica fundamental de la etapa histórica inaugurada por la caída del muro de Berlín, en 1989, y por el desmembramiento de la URSS, en 1991. Y cuando la desaparición de la amenaza soviética alimentaba la esperanza de que los ingentes recursos destinados a las organizaciones militares, puestas en pie desde la década de los cincuenta, se destinaran a la construcción de una paz social justa y

solidaria, asistimos al incremento astronómico de los gastos de armamento. Tan sólo en EEUU, el presupuesto militar se acerca peligrosamente a la cifra fatídica del 5% de su PIB, a casi 6.000 millardos de dólares. Una cantidad que cubriría las necesidades básicas de todos los seres humanos: se erradicarían el hambre y las enfermedades endémicas, se daría educación básica a todas las poblaciones, se cuidarían las aguas como fuente de vida y al medio ambiente, y sobre todo, se podría garantizar la salud reproductiva de las mujeres.

La globalización no pretende conquistar los países, como durante las colonizaciones disfrazadas de evangelización y civilización, sino hacerse con los mercados porque, según el financiero George Soros, “éstos votan todos los días y son los que tiene el sentido del Estado, y no los políticos.”

Las injustas reglas del comercio internacional perjudican a los países más pobres del planeta y han de ser reformadas o vamos a superadas posiciones proteccionistas contra las que se constituyó la OMC. Las ONG denuncian como inadmisible que los países más ricos graven con altos impuestos los productos de los países más pobres cuyas economías de subsistencia se apoyan en el sector agropecuario. Los países más ricos destinan cerca de 3.000 millones de dólares anuales a subsidios agrícolas, seis veces más que su ayuda para el desarrollo a los países más pobres a los que endosan sus excedentes de producción, arruinando sus tradicionales medios de vida. Tan sólo en EEUU, el gobierno emplea 3.000 millones de dólares anuales en ayudas a sus productores de algodón, cuando podrían adquirirlo por un tercio de esa suma a los países que lo producen desde hace siglos que no pueden competir con los productos subvencionados del Norte.

La sociedad civil emergente se pregunta a través de las ONG si es justo que una vaca europea reciba 2,50 dólares diarios en subsidios mientras la mitad de la población de la Tierra sobrevive con menos de dos dólares. La privilegiada vaca japonesa recibe 7,5 dólares, según el Banco Mundial.

De ahí que los pobres, tras haber expresado su deseo de “ser globalizados” para participar en los beneficios del auténtico desarrollo, hoy se contentarían con ser tratados como las vacas, aunque no fueran japonesas.

 

12 de septiembre de 2003 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Falsa ayuda que arruina a los campesinos

 

Cada año, los países ricos del llamado Primer Mundo, desembolsan más de mil millones de dólares diarios para mantener a sus agricultores. Seis veces la cantidad de lo que conceden anualmente para la ayuda al desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Tan sólo la Unión Europea y los EEUU son responsables de dos tercios del total de esas subvenciones. Esta política conlleva niveles de producción cada vez más elevados, disminución de las importaciones de productos de los países del sur y la invasión de nuestros excedentes de producción que hunden los precios de sus mercados al no haber competencia posible. Eso cuando no se disfraza la oferta de esos "excedentes de nuestra producción" como créditos de Fondos de ayuda al  desarrollo (FAD).

Hablemos de producto tan propio de países africanos y otros del tercer mundo meridional como el algodón. EEUU concede 3.000 millones de dólares anuales en subvenciones a sus cultivadores de algodón; China mil millones doscientos mil dólares y la Unión Europea mil millones de dólares en un producto tan poco adecuado a nuestros climas como el algodón.

Los productores de África del Oeste y Central (Benin, Burkina Faso, Malí, Chad y Togo), con una población de diez millones de habitantes, denuncian que esas subvenciones falsean el comercio, les obliga a exportar su algodón a precios inferiores a sus costos y suponen una pérdida de beneficios de 200 a 300 millones de dólares anuales.

De ahí que este año 2003, los productores africanos de algodón hayan encabezado la rebelión contra el sistema internacional imperante que oprime y empobrece cada vez más a los productores agrícolas del sur del planeta. Han pedido al presidente de Burkina Faso, Blaise Campoaré, que sea el portavoz de sus desdichas y de sus propuestas en la Organización Mundial del Comercio. Denuncian el escándalo de las subvenciones que los países ricos conceden a sus agricultores y exigen una reparación financiera por el desequilibrio que les causan desde hace años.

Hablamos de algodón,  introducido en bastantes países africanos por Francia para aprovechar la mano de obra barata, cuando no forzada, en regiones de la antigua África Occidental Francesa. Con ello ocasionaron espantosas erosiones, aplanamientos de terrenos preparados desde hacía siglos para otros productos agrícolas cuidados por las comunidades, sequías, desplazamientos de poblaciones y hambre, ruina y guerra cuando se fueron los colonizadores.

Lo mismo sucedió en el Mar de Aral. Los soviéticos decidieron utilizar sus ricos caudales para imponer un cultivo salvaje de algodón en cientos de miles de hectáreas que acabaron convirtiendo el antiguo Mar en salinas muertas con tremendas repercusiones en los sistemas ecológicos y desaparición de la biodiversidad.

No fue otra la política de Gran Bretaña en inmensas extensiones de la India, reducidas al cultivo de algodón. Con el agravante, como denunció Ghandi hasta la saciedad y el encarcelamiento, de prohibir la manufactura del algodón indio a las muchachas indígenas a las que amputaban los pulgares de las manos para que no pudieran hilar. El algodón y el hilo lo cultivaban los indígenas en India y se exportaban a la metrópoli para manufacturar los tejidos que luego vendían a los nativos. Es bueno releer el testimonio de Dominique Lapierre y de Larry Collins en "Esta noche la libertad".

¿Serán necesarias otras concentraciones como las de Seattle y en tantos otros lugares del planeta para denunciar la infamia y el escándalo de unas instituciones pretendidamente creadas para ordenar el comercio a escala mundial y que en realidad empobrecen cada día más a los campesinos pobres que no tienen otras formas de subsistencia?

Ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario Internacional ni los funcionarios de la Organización Mundial del Comercio ni de las Agencias de Ayuda al desarrollo de los diferentes países, entre ellos España, ignoran estas realidades. Se empeñan en engañar a la opinión pública con su propaganda de la "ayuda" que los países ricos hacen a los pobres que no tiene otra moneda de cambio que sus productos agrícolas. Así lo testimonian economistas y académicos, funcionarios y expertos de la sociedad civil que no quieren ser ni un día más cómplices de un sistema radicalmente injusto.

Lo mismo sucede en no pocos países de Latinoamérica y Asia. Es preciso denunciarlo cuantas veces sea necesario: mientras los países ricos del Norte subvencionen a sus agricultores con mil millones de dólares diarios, será una infamia, una mentira y una fuente de desesperanza y de ira. Si esto y otras aberraciones son los pretendidos beneficios de las democracias, algunos no dejarán de ir por la calle del medio aún a riesgo de que los consideren terroristas, haciendo  explotar sus vidas en un grito que denuncia el exterminio de sus pueblos.

 

20 de junio de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Joseph Stiglitz, un hombre honesto

 

Nuestro malestar es no saber qué queremos y matarnos por alcanzarlo. El Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, ha escrito un libro apasionante titulado "El malestar de la globalización". James Galbraith lo ha definido como "una guía sobre el mal gobierno de la globalización. Stiglitz lo ha visto de cerca, sabe de lo que habla y lo explica de un modo sencillo". Sólo los sabios se expresan con claridad, pues de la abundancia del corazón hablan sus bocas.

A todos mis alumnos y ex alumnos les he enviado copia de la espléndida entrevista que le hizo la periodista Sol Alameda y publicó el diario español "El País". No tiene desperdicio. Se siente la complicidad entre la formidable periodista española y el genial economista justo, que fue cocinero antes que fraile, y sabe lo que pasa en las cocinas del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI). No en vano Stiglitz fue vicepresidente del primero y asesor del presidente Clinton antes de ser galardonado en 2001 con el máximo premio del mundo de la economía.

"La globalización puede ser una fuerza benéfica -dice- pero hay que replantearse profundamente cómo ha sido gestionada". Y, más adelante, "El FMI y el Tesoro de EEUU aprovechan la situación de los países en crisis para promover su ideología y sus intereses". De ahí que los jefes de Gobierno de países en desarrollo tengan miedo a enfrentarse al FMI porque temen que les castiguen, que se venguen.

Desde su atalaya como docente universitario y tras su experiencia de gobierno escribe sin prejuicios: "Siempre me había interesado el desarrollo económico, pero lo que vi entonces  – en la Casa Blanca y en el Banco Mundial (entre 1993 y 1997) –  cambió radicalmente mi visión, tanto de la globalización como del desarrollo. Escribo este libro porque en el Banco Mundial comprobé de primera mano el efecto devastador que la globalización puede tener sobre los países en desarrollo, y especialmente sobre los pobres de esos países. Creo que la globalización –la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales en la economía internacional– puede ser una fuerza benéfica, y su potencial es el enriquecimiento de todos, particularmente de los pobres; pero también creo que para que esto suceda es necesario replantearse profundamente el modo en que la globalización ha sido gestionada, incluyendo los acuerdos comerciales internacionales que tan importante papel han desempeñado en la eliminación de dichas barreras, y las políticas impuestas a los países en desarrollo en el transcurso de la globalización".

Stiglitz denunció duramente el escándalo Enron que, en otros países menos poderosos y desarrollados que EEUU, hubiera provocado una avalancha de dimisiones políticas, pues no era sino la punta del iceberg de un montaje mucho más complejo. Si la prestigiosa auditora Andersen cayó en la más vergonzosa de las colusiones con el poder económico que se supone debe controlar, e pueden temer importantes revelaciones que echarán por tierra los excesos de la imaginación. Una vez más, se puede engañar a algunos durante un tiempo, pero no a todos permanentemente.

Parecía que las denuncias de los Grupos de Resistencia Global eran cosa de "violentos antisistema, anarquistas y gamberros - dice Sol Alameda- que quieren acabar con todo". Lo importante es que un Nobel de Economía, que fue asesor del Presidente de EEUU y vicepresidente del Banco Mundial, se decida a "tirar de la manta" y explique, razone y denuncie una situación de malestar y de injusticia social de dimensiones mundiales. Hasta ahora estas cosas las leíamos y escuchábamos de labios de los líderes antiglobalización: Noam Chomsky, Sami Naïr, Ignacio Ramonet, Petrella, Susan George, Joaquín Estefanía, Carlos Taibo, Cassen, Vivian Forrester, el también Nobel de Economía Amartya Sen, el ex Director General de la UNESCO Mayor Zaragoza o mujeres excepcionales como Mary Robinson o la Directora de la OMS Grö Harlem y tantos otros. Pero la denuncia de Joseph Stiglitz es demoledora por sus datos, su estilo y su transparencia cuando afirma que "la política económica es responsable de las grandes diferencias en la vida de la gente. Buenas políticas económicas pueden provocar una vida mejor, malas políticas la empeoran. Es obvio, pero hay que repetirlo una y otra vez".

Lo más terrible que podría sucedernos es lo que Mayor Zaragoza denomina el "irremedismo" cuando aborda estos problemas fundamentales en "Los Nudos gordianos". Como bien sabemos, el gran Alejandro resolvió el problema cortándolos con su espada.

Poseemos la espada de la palabra, del grito, de la denuncia y de la propuesta alternativa por otro mundo más justo y solidario. Callar en tiempo de injusticia social es convertirnos en cómplices del sistema porque, además, esta loca carrera neoliberal impuesta por el pensamiento único y los grupos de poder que la animan no tiene futuro. De ahí que prestigiosos académicos no vacilen en ver en ella elementos totalitarios de un nuevo orden que no tiene nombre, pero que huye de la luz como lo hacen la enfermedad y la locura.

Que nadie se engañe con la envoltura aparentemente democrática de los poderes que rigen el mundo, porque se apoyan en la fuerza de las armas, del dinero y de la explotación de los más débiles. El repunte totalitario que se avizora no es repetición de fascismos o comunismos obsoletos, sino imposición de la razón de la fuerza sobre la fuerza del diálogo.

 

28 de junio de 2002

 

 

 

 

 

 

 

La sociedad anónima

 

En las grandes ciudades viven muchas personas en la calle: son los llamados "sin hogar". Existen muchas razones para explicar estas situaciones individuales: enfermedades mentales, familias rotas, adicción a drogas o al alcohol, dificultades de adaptación tras haber cumplido penas de prisión o emigrantes que se enfrentan a una sociedad implacable. Sociedades con altos índices de desempleo y precariedad laboral. Las personas sin hogar son desarraigados socialmente y forman parte del más amplio contexto de la "exclusión social", que no puede ser reducida simplemente a la falta de vivienda.

Muchos de estos hombres y mujeres han sido rechazados por las instituciones oficiales o dependen de ellas porque han sido sus huéspedes en la inclusa, en el orfanato, en las prisiones, en los comedores sociales... Aunque a veces tenemos la impresión de que algunos son agresivos y violentos -y motivos no les faltan- son personas que agradecen enormemente una visita o muestra de afecto. En muchos casos lo de menos es la ausencia de un techo o una cama, el rigor de los fríos o la asfixia de los calores. La más triste de las carencias es la de no tener conciencia de su dignidad como personas, de sus derechos y deberes.

En otras épocas los hemos llamado mendigos, indigentes, pordioseros, transeúntes... Son términos todos que muestran matices despectivos o no responden a la realidad tan diversa que se quiere describir. Hoy se utiliza "Personas Sin Hogar", por lo que supone de carencia común de familia, de raíces, de amistades, de amores y de cualquier factor que suponga calor humano.

Muchas instituciones, públicas y privadas, han tratado de buscar soluciones al problema. Existen albergues, comedores sociales, centros de salud, baños públicos... que dirigen su acción social hacia estas personas. Pero las cifras y los hechos reflejan una insuficiencia en la atención. Todas las organizaciones que trabajan con los "sin hogar" insisten en que es muy difícil hablar de resultados en reinserción social. Son muchos los obstáculos que dificultan un trabajo sostenido y sistemático con los transeúntes. Es muy frecuente encontrar enfermos mentales o disminuidos psíquicos que deberían estar internados en algún centro especializado, seguir un tratamiento ambulatorio o vivir al amparo de sus familias. También es habitual el consumo de drogas y, especialmente, de alcohol. Las enfermedades, por la insalubridad del medio, dejan a menudo secuelas irreversibles y los accidentes son habituales.

El segundo informe del Observatorio Europeo para los "sin techo" (1993) ofrecía datos impresionantes: En la Unión Europea había entonces unos dos millones y medio de personas así. Pero estos datos sólo incluyen a quienes no tienen vivienda o se acogieron a albergues públicos o privados. No incluye a los transeúntes desconocidos ni a otros que, debido a su inestabilidad de alojamiento, paro obrero y dolencias crónicas no atendidas por los organismos públicos, están abocados a la condición de "sin techo". El Observatorio Europeo calcula que la cifra que debe manejarse para evaluar el número de personas sin hogar en la Unión Europea es de unos cinco millones de personas.

Narra el profesor Hobsbawm que, incluso los países más desarrollados, tuvieron que acostumbrarse a la visión cotidiana de mendigos en las calles, así como al espectáculo de personas sin hogar refugiándose en los soportales al abrigo de cajas de cartón. "En una noche cualquiera de los noventa, en la ciudad de Nueva York, más de veintite mil personas durmieron en la calle o en albergues públicos". En Inglaterra, cuatrocientas mil personas fueron calificadas oficialmente como "personas sin hogar" en 1989.

Hay Organizaciones que se ocupan de estas personas, no sólo proporcionándoles albergue sino visitándolos y acompañándolos en su realidad. Porque si tarea fundamental del voluntariado social es cambiar las estructuras, hay que entender éstas como algo que penetra toda la realidad, no sólo las macroestructuras económicas, políticas y sociales, sino también las estructuras mentales, la manera de pensar que nace de una actitud radical ante la vida.

Decía Monseñor Oscar Romero: "¡Qué fácil es denunciar la injusticia estructural, la violencia institucionalizada, el pecado social! Y es cierto todo eso, pero ¿dónde están las fuentes del pecado social? En el corazón de cada hombre. La sociedad actual es como una especie de sociedad anónima en la que nadie se quiere echar la culpa y todos somos responsables". De ahí la urgencia en el deber de transformar las estructuras de opresión y de injusticia en estructuras de solidaridad y de justicia.

 

11 de abril de 2001

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Migraciones

 

El talón de Aquiles de los dirigentes europeos ante la inmigración

 

El búnker de Europa va tomando cuerpo. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, sigue adelante con su plan de cerrar las puertas a nuevos inmigrantes no seleccionados previamente. Su Pacto por la Inmigración y el Asilo  pretende introducir la identificación biométrica en los visados y los vuelos colectivos para expulsar a los que no tengan todos los papeles en regla y garantizado un  puesto de trabajo. Todo lo contrario de lo que muchos países de América, de África y de Asia hicieron durante siglos con los millones de emigrantes europeos que acogieron y contribuyeron al desarrollo y a aliviar las necesidades de los países europeos. De los ocho millones de sin papeles que hay en la UE sólo serán regularizados algunos ‘con carácter excepcional’ por motivos humanitarios y económicos.

El presidente de la Liga de los Derechos del Hombre considera que estas ideas del pacto tratan a los inmigrantes como mercancías y favorece a los países ricos a costa de los pobres, es decir, todo lo contrario al desarrollo. La última redacción del documento del pacto, cuyo texto debería aprobarse en octubre por los líderes europeos, recuerda que corresponde a cada Estado miembro decidir sobre las condiciones de admisión de los inmigrantes legales y fijar si es posible con la colaboración con los países de origen, su número”.  Y pide a los Estados miembros que pongan en práctica una política de inmigración escogida, especialmente en lo que concierne a las necesidades del mercado de trabajo, y  teniendo en cuenta del impacto que puede tener sobre los otros Estados miembros. Dirigentes de organizaciones de la sociedad civil denuncian que este enfoque de la inmigración está más basado en motivos ideológicos que en la realidad porque anteponer la emigración económica a la reagrupación familiar es condenar a los inmigrantes a vivir separados de sus familias.

La Unión Europea se debate en una profunda contradicción ante la inmigración. Por una parte, la Comisión Europea  publica estudios que señalan la urgente necesidad de extranjeros para compensar el imparable envejecimiento de la población. Por otra, están los discursos  de los presidentes de Francia y de Italia que se sirven de las diferencias culturales para promover actitudes xenófobas y confundir a la opinión pública en momentos de crisis económica.

La Comisión acaba de aprobar en junio un documento con un enfoque más realista y justo de la inmigración: “En el contexto de una Europa que envejece, la contribución potencial de la inmigración a la eficacia económica de la UE es importante”. La realidad es que los europeos viven cada vez más años y es difícil garantizar sus pensiones y asumir sus gastos en sanidad y residencias de acogida.

Según solventes estudios de la Comisión, Europa precisa entre 50 millones y 110 millones de inmigrantes hasta 2060.  Precisa A. Missé: “La población de la UE en edad de trabajar habrá descendido en 50 millones de personas, incluso si se mantiene un nivel de inmigración neta similar a los niveles históricos, y descenderá en 110 millones si no se mantiene esa inmigración neta. Para la Comisión, esta evolución  exigiría un mayor gasto público”.

Las llegadas de inmigrantes a la Unión Europea, desde 2002, se acercan a dos millones de personas por año. El impacto positivo de la inmigración ha sido analizado por los ministros de Finanzas y está fuera de toda duda su aportación en el crecimiento de una población en continuo descenso. El éxito económico de España, Reino Unido e Irlanda de los últimos años es inexplicable sin la inmigración. En España, más de la mitad del crecimiento en 2007 fue debido a los inmigrantes. En Reino Unido, más de un millón de polacos, checos y de otros países del Este cubrieron el déficit de mano de obra. Lo que es preciso desarrollar son proyectos de cooperación con los países de origen y facilitar su inserción en el mercado laboral mediante la necesaria formación para los puestos que han de ocupar. Esto, después de revisar la cuestión fundamental de este proceso: la Unión Europea necesita materias primas para mantener su nivel de desarrollo y de calidad de vida que proceden en un setenta por ciento de esos países de origen de los inmigrantes. Que de una vez se revisen precios, transportes y condiciones laborales de los ciudadanos de esos países en la elaboración y comercio de esas vitales materias primas. Ese es el talón de Aquiles del injusto planteamiento del problema por los gobernantes de esa Europa de los mercaderes que colonizó y explotó  las riquezas materiales y humanas de esos países que hoy se ven forzados a devolvernos las visitas que les hicimos durante siglos los emigrantes europeos.

 

4 de julio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Inmigrantes bajo sospecha

 

Los inmigrantes nos devuelven las visitas que les hicimos los europeos durante quinientos años.

No nos obligaron a hablar quechua, aymará, guaraní, árabe, swahili o malayo. Les impusimos nuestras lenguas, nuestras costumbres, nuestras creencias, nuestros miedos y nuestra explotación. No nos obligaron desde Canadá a Tierra de Fuego, en toda África y en gran parte de Asia y Australia, a firmar contrato alguno en condiciones de presuntos culpables, de delincuentes en potencia bajo pena de ser devueltos a sus países de origen si no encontrábamos trabajo en un año.

El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, anunció que, si gana las elecciones, obligará a los inmigrantes que deseen renovar sus permisos de residencia a firmar un “contrato de integración”. En él, los extranjeros deberán comprometerse “a cumplir las leyes, a respetar las costumbres de los españoles, a aprender la lengua, a pagar sus impuestos, a trabajar activamente para integrarse en la sociedad española y a regresar a su país si durante un año no encuentran empleo”.

Aunque la fórmula del contrato es inédita en España -sólo Francia la ha adoptado-, la mayoría de los requisitos que propone Rajoy ya están contemplados en la legislación vigente. 

Entre las “costumbres de los españolas” que los inmigrantes deberán respetar, Rajoy mencionó la prohibición de la ablación y el respeto a la igualdad de sexos, que ya están tipificados en las leyes. Fuentes del PP añadieron otras "costumbres" recogidas en las ordenanzas municipales, como “la higiene”. Menos mal que no les prohíben castrar a los jóvenes cantores, marcar a fuego a los esclavos o cortar orejas, narices y manos a los delincuentes.

Los conservadores reformarían la fórmula de reagrupación familiar para limitar esa vía de entrada de inmigrantes, y expulsaría de forma “inmediata” a los que hayan cometido delitos. Cuando era ministro de Interior del Gobierno de Aznar, ya intentó ejecutar esa propuesta, pero recibió contundentes descalificaciones del Tribunal Supremo. La medida privaba a los extranjeros de la presunción de inocencia, libraba a los delincuentes de la cárcel y burlaba el derecho de las víctimas a ser resarcidas.

Ese “contrato de integración” es una copia del que Nicolás Sarkozy, introdujo en la legislación de su país en 2004, cuando era ministro del Interior. Allí se estipula que si se ha incumplido ese contrato, pueden perder las ayudas sociales e incluso ser expulsado de Francia. Países como Alemania, Holanda o Reino Unido contemplan facilitar cursos de idiomas, pero ninguno recoge sus exigencias en un documento. En 2006, cuando un partido catalán pretendió algo semejante, la consejera de Inmigración de Madrid, Lucía Figar, del PP, manifestó: “Más que una medida de integración parece una cartilla de racionamiento de derechos humanos”.

Los derechos y deberes de los inmigrantes en España están recogidos en las leyes, así que ningún “contrato” puede limitarlos, como pretende el PP. Se lo advirtieron ayer al líder del PP los responsables de varias ONG que, al igual que partidos y sindicatos, censuraron la iniciativa del candidato.

Declararon que es anticonstitucional porque los derechos no pueden estar condicionados a una nacionalidad o una situación administrativa. “La integración no se puede plantear por decreto o por contrato. Además, ¿qué van a hacer? ¿Pasarnos un catálogo de las costumbres españolas?” “Pretende ofrecer una imagen de dureza frente a la inmigración, asociándola a la delincuencia. Es un discurso muy peligroso”, advirtieron.

¿Qué concepción de la vida, qué visión del mundo, qué ideología subyace en semejante planteamiento? Y eso sin haber alcanzado el poder que anhelan.

Nosotros, pueblos de acogida, debemos reconocer que necesitamos a los inmigrantes como seres humanos, como repobladores ante el derrumbe de nuestra demografía, comos personas para compartir los bienes universales y el natural derecho a la búsqueda de la felicidad, de la libertad, de la justicia y de la dignidad.

 

8 de febrero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acogida e inserción de los inmigrantes

 

La acogida de los inmigrantes por parte de la sociedad española ha sido positiva y, en general, ausente de conflictos. Más de cuatro millones de inmigrantes se han instalado en España, han encontrado trabajo, han podido enviar dinero a sus familias, como antes lo hicieron los emigrantes españoles en Europa, ayudando al desarrollo espectacular de nuestro país. Han podido traer a sus familiares y, sobre todo, han podido educar a sus  hijos en el modelo público, obligatorio y gratuito de la enseñanza en España. Se han insertado en la Seguridad Social,  contribuyendo a subsanar el déficit demográfico, gozan de las pensiones comunes a todos los españoles y podrán participar de la Ley de Dependencia que va a crear más puestos de trabajo con personas mayores, enfermas o discapacitadas, y a disfrutar de sus beneficios directos. Los inmigrantes, pero lo que es más importante, la sociedad española, han asumido que los necesitamos, que nos ayudan a cubrir puestos de trabajo, a mantener nuestro sistema de pensiones, contribuyen a nuestro desarrollo económico y social de los que ellos mismos se benefician; forman parte de nuestras fuerzas armadas, de nuestra universidad, de nuestros espacios de arte, descanso e investigación y están presentes en todas las profesiones.

Ha sido una lucha sin cuartel por parte de los gobernantes que no siempre ha sido reconocida por la Iglesia católica ni por los partidos de una derecha acostumbrada a administrar su verdad. Pero los obispos españoles acaban de publicar un documento en el que reconocen, y esto es novedad en su crítica a la gestión del gobierno, que “vamos caminando bien, pero hay que prevenirse para la época de las vacas flacas". Más aún, quieren destacar la “colaboración” entre el Gobierno y la Iglesia católica en la atención de los inmigrantes, aunque tan acerbamente hayan criticado a los gobernantes por sus políticas de extranjería. “Las administraciones públicas y las leyes de extranjería son restrictivas y tienden a priorizar los intereses nacionales y la llamada seguridad nacional”, escriben. Ante el fenómeno de la inmigración, advierten de que, cuando empeore la situación económica, pueden producirse “brotes de racismo y xenofobia”.

Porque, no sin razón,  “la piedra de toque de la integración no es la riqueza, sino los tiempos de la pobreza. Los inmigrantes tienen que ser tan personas cuando nos ayudan a cuidar a nuestros ancianos o limpian nuestras calles como cuando se tienen que ir al paro porque se corta la cuerda por lo más débil”. Parecen reconocer que  no todo lo que ha realizado el Gobierno ha sido malo, como pretende la COPE, emisora propiedad de la Conferencia Episcopal. Este es un inmenso error del ala más conservadora de la Iglesia española que desconcierta a no pocos clérigos y a muchos cristianos que no están de acuerdo con ese sectarismo de la emisora y del que el mismo embajador de España ante la Santa Sede, declara “como católico no entiendo por qué los obispos españoles no acaban con el problema de la COPE”.

Cáritas, principal organización del catolicismo español en la tarea asistencial, emplean buena parte de sus cuantiosos presupuestos y medios humanos en atender a inmigrantes en la idea de que para la Iglesia “nadie es extranjero”.

También es importante la reclamación de una especial atención a la segunda y tercera generación de inmigrantes: “Del acierto en la adecuada integración de los hijos de los inmigrantes de hoy dependerá en buena parte la convivencia pacífica en la sociedad plural de mañana. Hay que arbitrar las medidas necesarias y tender los puentes que la situación requiera para evitar la exclusión, la marginación, la discriminación, el gueto,  durante el tiempo de formación de niños, adolescentes y jóvenes, porque un error repercutiría en frustración y violencia”.

Esta es una de las tareas más importantes que tiene ante sí la sociedad española. Hasta ahora hemos sido el país de la UE que proporcionalmente más extranjeros ha acogido por estar en la orilla fronteriza de esa UE, junto con Italia y Grecia. Pero la lengua común con los países de América Latina ha propiciado la llamada y facilitado su inserción de inmigrantes para los cuales ha sido más fácil recuperar la unidad familiar.

Es un tema serio pues a los marroquíes y a los africanos sub-saharianos se les hace más difícil que sus familias se integren en  nuestra sociedad, por sus costumbres, tradiciones y niveles de educación. Cuestión que se puede superar con la educación obligatoria para todos cuantos habitan suelo español. Al cabo de unos años, nadie es capaz de distinguir a unos niños de otros jugando en el patio de un colegio, estudiando o insertándose en la formación universitaria o profesional. Este dato es incontestable. El reto que tenemos ha de ser asumido y resuelto por los gobernantes de todos los países implicados.

 

14 de diciembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuevo colonialismo: EEUU y UE fichan a inmigrantes cualificados

 

La Unión Europea propuso una directiva que pretende facilitar la entrada de cerebros inmigrantes para salvar los futuros problemas que la economía europea tendrá que afrontar. La propuesta legislativa se llama tarjeta azul y obliga a los países a ofrecer buenos sueldos (al menos tres veces el salario mínimo del país de origen). Los trabajadores serán admitidos en menos de 30 días o 60 en casos extraordinarios, y a sus consortes se les concederá automáticamente un permiso de trabajo. Los portadores de la tarjeta azul podrán además trabajar en cualquier país de la UE, transcurridos dos años desde su contratación. Europa conseguiría así su objetivo de pagar con la aportación de inmigrantes jóvenes las pensiones de una población envejecida.

En el trabajo “¿Fichaje de inmigrantes o fuga de cerebros?”, publicado en El País, se denuncia estos contratos de jóvenes universitarios cualificados como si fueran futbolistas. Y muchos países en vías de desarrollo acusan a Occidente de promover la fuga de cerebros y ejercer una nueva suerte de colonialismo explotando los recursos humanos más capacitados. Cada año, miles de profesionales especializados -ingenieros, economistas, informáticos, médicos, investigadores- abandonan los países del Sur, seducidos por los altos salarios y condiciones de vida más atractivas del mundo rico. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la huida de capital humano ha ido a más con el paso de los años. En África, más 20.000 personas cualificadas abandonan el continente cada año. Más de un tercio de los que se fueron, nunca regresaron.

Philip Emeagwali, ganador del Gordon Bell, algo así como el Nobel en computación, considera que el trabajo de los científicos, académicos e intelectuales africanos es indispensable. "Los que consigan la tarjeta azul serán los que lideren la lucha contra el sida", asegura. "Hasta que los hombres de ideas, los verdaderos senadores de África, no vuelvan a casa, el renacimiento africano y la lucha contra la pobreza serán sólo lemas vacíos. Si no se incrementa el capital del continente, África seguirá siendo irrelevante en el siglo XXI y más allá del mismo", afirma.

Pero, el mismo Emeagwali, es uno de los que no se plantean el regreso a Nigeria porque eso les impediría seguir investigando. Otros, como el ingeniero indio V.S Mani, residente en Nueva York desde los años 80, están tan adaptados a la vida occidental que el regreso les supone un paso hacia atrás. Y el biólogo mexicano Siro Rico, investigador en Madrid, sostiene que la ciencia es internacional y no debería haber fronteras para sus logros. 

Unos 20 millones de indios viven en el extranjero. La riqueza que generan es igual al 35% del producto interior bruto del país que les educó, pero de todo ese caudal India no se beneficia. El gobierno indio intenta que participen en el boom económico del país. "La gente más capacitada se educa con dinero público y se van a aplicar sus conocimientos a otro país", explica Rupa Chanda, directora del Instituto Indio de Dirección, en Bangalore, una especie de Silicon Valley indio que pretende crear las condiciones adecuadas para que sus cerebros regresen. Como hace China con enorme éxito.

Chanda señala que son las instituciones públicas y las zonas rurales las que más sufren las consecuencias de la huida de sus técnicos y científicos estrella, sobre todo con la contratación de médicos. "Las zonas más pobres son las que quedan más desprotegidas", comenta. Chanda, que tras estudiar en Harvard regresó a India, es autocrítico, y subraya la necesidad de que su país siembre el campo para que los nuevos investigadores quieran quedarse. "No sólo es cuestión de dinero. Hay que crear condiciones para que tengan una vida de calidad. La gente tiene que sentirse a gusto en sus trabajos". Aún así, el caso de India quizá sea uno de los que mejor ejemplifica las tesis de quienes defienden la contratación de inmigrantes cualificados. No sólo por el hecho de que muchos regresan, sino porque durante los últimos años los inmigrantes han enviado  millones de dólares en remesas. El actual crecimiento de la economía india debe mucho a los emigrantes que se fueron los años 60 y 70. Muchos han conseguido contratos millonarios para India y han ayudado a construir escuelas en las que se forman los prestigiosos técnicos del país reclamados por las empresas occidentales. Recordemos que las remesas de dinero de los emigrantes a sus países, cualificados y los que no lo son, se acercó a 300.000 millones de dólares en todo el planeta.

 

25 de octubre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aportaciones de los inmigrantes

 

Más de 300.000 millones de dólares enviaron a sus casas en 2006 los emigrantes repartidos por todo el planeta. Esa cifra incluye las remesas de inmigrantes cualificados y de los que no lo son. En algunos países eso supone gran parte de la riqueza del país. Los ciudadanos de Ghana contribuyen cada año con unos 500 millones de dólares a sus economías, la cuarta fuente más elevada de los ingresos del país. En Ecuador esos envíos suponen el mayor ingreso después del petróleo, así como en Marruecos después del turismo. Es un hecho que no sólo puede evaluarse económicamente; además hay que reconocer que la mayoría de esos inmigrantes, al menos en la Unión Europea, disfrutan de todos los derechos sociales adquiridos por los nacionales del país: seguridad social, educación pública y gratuita, pensiones, y el acceso a una mejor forma de vida.

La mayor esperanza de vida de los españoles obliga a modernizar la protección social. Esa esperanza de vida supera ya los 80 años. Esto indica que las condiciones de vida en España (calidad de la alimentación, salubridad de conductas o nivel de la sanidad pública o privada) son buenas. Por eso, se aconseja reconsiderar la edad de jubilación, situada hoy en los 65 años. Es absurdo prescindir de la aportación laboral o social de personas que a esa edad tienen una gran capacidad de trabajo, experiencia y generación de ideas. Muchos economistas apoyan hoy la coincidencia de que la prolongación de la vida laboral tenga además efectos favorables sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas. A más años trabajados, más aportación de fondos al sistema de pensiones y menos probabilidad de colapso financiero. La contraindicación puede ser la menor capacidad de sustitución en el empleo existente pero que se complementa con la aportación de los inmigrantes.

Una sociedad más madura exige un fortalecimiento de los sistemas de protección social para las personas de más edad, un aumento de las pensiones y más inversiones para mejorar la asistencia sanitaria para todos los residentes en nuestro país, nacionales e inmigrantes.

Pero la contratación de personal sanitario español en otros países plantea un problema. España necesitará a partir de 2016 más de 7.000 nuevos médicos cada año para cubrir las necesidades sanitarias nacionales. Ahora, las facultades españolas de medicina ofrecen unos 4.000 licenciados al año, lo que implica que una parte importante de los recursos futuros tendrá que venir de fuera.

Intermón Oxfam denuncia la sangría que supone para los denominados países del Sur la contratación de sus médicos: "Al menos un 12% de los médicos indios están en Reino Unido; Etiopía perdió la mitad de sus patólogos entre 1984 y 1996; Pakistán pierde la mitad de sus licenciados cada año; Jamaica y la isla de Granada han de formar cinco médicos para retener a uno; en torno al 60% de los médicos formados en Ghana abandonaron el país durante los años ochenta".

Intermón critica la política de la tarjeta azul que propone la Unión Europea: "Es hipócrita. Se conceden derechos a las élites de inmigrantes. No se tiene en cuenta que la mayoría de los beneficios que obtienen los países de origen vienen de aquellos que no son cualificados". Las críticas de otras organizaciones solidarias exigen que los países de acogida compensen de algún modo a los de origen. Pero una de las exigencias que hace la Unión a los Estados es que se abstengan de reclutar trabajadores en sectores necesitados de esos países, como el sanitario. De ahí la necesidad de fortalecer los vínculos entre las asociaciones de profesionales inmigrantes en los países de acogida y las de origen para fomentar la transmisión de conocimientos e incentivar el retorno a sus países de origen en condiciones dignas.

Un buen ejemplo de las posibilidades de esos acuerdos es la Red Sudafricana de Conocimientos en el Extranjero: Más de 22.000 licenciados de universidades sudafricanas en el exterior mantienen contactos con sus universidades de origen ofreciendo sus servicios para formar estudiantes o dirigirles en sus investigaciones. Los críticos no rechazan la contratación de esa mano de obra, pero piden que Europa no fomente una inmigración de dos velocidades, una para las élites y otra más lenta, para los que nunca pudieron estudiar.

 

2 de noviembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Europa busca 20 millones de inmigrantes cualificados

 

La Unión Europea envejece aceleradamente y nota la falta de trabajadores cualificados imprescindibles para competir en un mundo globalizado y para mantener los altos niveles de vida a los que se ha acostumbrado, señala el corresponsal M. Retuerto en su crónica desde Bruselas. Para hacer frente a este desafío, Bruselas se propone atraer a los trabajadores cualificados, quienes tendrán derecho a una tarjeta azul que facilitará su establecimiento y movimientos, como anunció el Vicepresidente de la Unión Europea, Franco Frattini.

La escasez de mano de obra cualificada en Europa amenaza con convertirse en una bomba de relojería. En 2006, se crearon dos millones de puestos de trabajo en la Unión, y para el bienio 2007-2008 se prevén otros 5,5 millones de nuevos empleos. La Comisión Europea informa de que hay tres millones de puestos vacantes. Hasta ahora han sido puestos de trabajo de baja cualificación, pero ya se aprecian desequilibrios en sectores estratégicos. En Alemania faltan 23.000 ingenieros, y en el área de la tecnología de la información se calcula que en 2010 habrá un déficit de 300.000 trabajadores en Europa.

El panorama se agrava con el progresivo envejecimiento de la población. Uno de cada cinco europeos tiene más de 60 años, y en 2050 serán más de uno de cada tres. La última ampliación de la UE ha llevado la población hasta los 490 millones de personas, pero las proyecciones apuntan a que la población europea comenzará a reducirse a partir de 2025. Pocos, viejos y fuera del mercado laboral.

"Seamos realistas de un modo visionario", dij Frattini. "Tenemos que mirar a la inmigración como un enriquecimiento, como un fenómeno inevitable de hoy, no como una amenaza"."Europa tiene que competir con Australia, Canadá, EE UU y las potencias emergentes de Asia". Mientras la UE recibe un 85% de trabajadores no cualificados, frente al 5% de ese tipo que entra en EE UU, resulta que el 55% de la mano de obra especializada va a EE UU y sólo el 5% opta por Europa. Sólo falta que les exijamos ser altos, sanos, blancos y con ojos azules.

Frattini propone de directiva para hacer más tentadora la UE a los trabajadores altamente cualificados del resto del mundo, a quienes se concederá una tarjeta azul, siguiendo el modelo americano de la carta verde, que les haga sentirse cómodos en Europa. La nueva estrategia tendrá cierta flexibilidad:

1. Un procedimiento rápido para la admisión de trabajadores de alto nivel procedentes de terceros países, que deberán llegar con contrato de trabajo con retribución por encima de los salarios mínimos en el país de destino.

2. A las mismas condiciones se podrán acoger los residentes legales de terceros países. Por ejemplo, estudiantes.

3. Se creará un régimen específico para jóvenes profesionales.

4. Los trabajadores admitidos recibirán una tarjeta de trabajo azul, que les garantizara determinados derechos.

5. El acceso al mercado de trabajo en el primer país de destino estará limitado a dos años prorrogables.

6. Los portadores de tarjeta azul podrán ir a trabajar a otro país comunitario al cabo de dos o tres años de residencia legal en el primero.

7. Para no penalizar su potencial movilidad ni perderlos, se les permitirá acumular los periodos de residencia en los diferentes países con vistas a la obtención del permiso de residencia comunitario definitivo.

Pero el primer ministro británico, Gordon Brown, ha sugerido a los empresarios de su país que conviene contratar trabajadores nacionales del Reino Unido, para reducir la bolsa de marginalidad de medio millón de británicos. Establece la "preferencia nacional" y hace que el discurso democrático, y el europeo, pierda parte de su efectividad ante unas prácticas con las que resulta incompatible. En Francia, el presidente Nicolás Sarkozy ha decidido deportar a 25.000 extranjeros que residen ilegalmente en Francia, pero la falta de instrumentos políticos adecuados puede hacer que esta decisión se vuelva contra él y encienda la revuelta de los inmigrantes que ya residen en Francia. Lo peor es que el Gobierno francés se propone incluir análisis genéticos financiados por los propios demandantes de visado para resolver los expedientes de reagrupación familiar. Eso tiene connotaciones racistas.

El establecimiento de una política común en inmigración es una tarea urgente en Europa, y hoy se presenta como un antídoto para evitar que las decisiones de los Gobiernos se ceben con los trabajadores extranjeros. En vez de establecer una política común que considere los intereses coincidentes de los países receptores y de origen, así como el escrupuloso respeto a los derechos humanos y a la igualdad ante la ley, cada uno de los países miembros se lanza demagógicamente con ideas que satisfagan a las opiniones nacionales. Lo cual dista mucho de la actitud democrática y respetuosa con los Derechos Humanos que informa la política de la Unión Europea desde sus orígenes.

 

14 de septiembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Remesas, clave para el desarrollo

 

España se ha convertido en el primer Estado de la Unión Europea por envío de remesas a países terceros. De acuerdo con un estudio de la Comisión Europea sobre las transferencias de los inmigrantes a sus países de origen, en 2004 los inmigrantes extracomunitarios afincados en España enviaron 3.258 millones de euros, lo que representa casi el 40% de las remesas de toda la UE y el 0,39% del PIB español. Este año esa cifra quedará superada hasta alcanzar los 6.000 millones. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ya atribuyó a España varios récords. El más espectacular fue que en una década (1994-2004) el empleo desempeñado por extranjeros aumentó un 551%, el mayor crecimiento del mundo aportándonos mano de obra capaz y servicios imprescindibles, más miles de altas en la Seguridad Social que garantizaron servicios sociales y pensiones para millones de españoles. Aparte de detener la peligrosa curva demográfica descendente, mantener abiertas escuelas de primera enseñanza, proporcionar un delicado trabajo remunerado a las personas mayores y, en suma, demostrar que la inmigración no constituye amenaza alguna sino que es gozne cardinal de un desarrollo consolidado, mestizo y global.

En 2004, España fue también el país que más inmigrantes acogió (645.000), detrás de Estados Unidos, siete veces más poblado. La tasa de actividad de los inmigrantes era además de las más altas del mundo y superior a la de los españoles.

El informe de la Comisión Europea añade ahora una nueva medalla de oro, la del principal emisor de remesas, por delante de Alemania y Francia. Fuera de la Unión Europea (UE), sólo EE UU y Arabia Saudí superan a España.

La Administración española es, entre los Veinticinco, la que más esfuerzos consagra a efectuar una detallada contabilidad de las remesas. Otro factor que permite comprender la fuerza del flujo es el poco tiempo que llevan los inmigrantes afincados en España y, por tanto, los fuertes lazos que mantienen con sus países de origen. Con el paso del tiempo estos vínculos son más tenues y, en consecuencia, se reducen los envíos debido a reagrupaciones familiares, a desarrollo de actividades empresariales y a que los hijos se integran en el sistema de estudios de la Unión. De ahí la importancia de que en los países de destino de esas remesas se informe y ayude para que no se empleen esas divisas sólo en el consumo sino en bienes de producción capaces de multiplicar su rentabilidad y garantizar el retorno de muchos emigrantes, como sucedió en España durante el “milagro económico español”. España no era rica en materias primas ni en industrias punteras ni en desarrollo de la investigación. Pero teníamos sol, tierras, paisajes, personas capaces de aprender y de entusiasmarse en un proyecto de vida común que abrió nuestras fronteras y riquezas a los turistas primero, y a los inversores después.

En 2004 las remesas que salieron de España rebasaron, por primera vez, a las que se recibían de los emigrantes españoles residentes en el extranjero, sobre todo en Europa. Esto, no sólo no perjudicó a la creciente economía española, sino que ha sido uno de sus factores más pujantes y uno de sus bastiones en el desarrollo previsto.

A estas cantidades conocidas que alcanzan los 6.000 millones anuales, habría que añadir las remesas ocultas, aquellas que los inmigrantes llevan en mano cuando regresan de visita a su país. En el caso de los 600.000 marroquíes instalados en España se calcula que la cantidad es elevada por la cercanía geográfica del país de origen. Felizmente, el negocio de las remesas, con sus pingües comisiones, no está en manos de la banca, aunque ésta lucha por su control cuando hasta hace unos años ni permitían abrir una cuenta de ahorro si el inmigrante no presentaba contrato de trabajo y domicilio fijo. Ahora, les irían a buscar el dinero a sus casas, si se dejaran. Nada menos que el 80% de los envíos que efectúan los inmigrantes se hacen a través de empresas especializadas que operan en España, La facilidad del trámite, la inmediatez de la transferencia, la escasa bancarización de algunos de los países de destino y, sobre todo, el amplio horario de apertura y sus tarifas más baratas, explican el éxito de las remesadoras. El Congreso español aprobó una proposición instando al Gobierno a impulsar el abaratamiento de estos giros. Las transferencias de inmigrantes pueden fomentar el desarrollo mucho más y mejor que las pretendidas “ayudas”. Las remesas son una fuente clave de financiación externa para los países  emergentes que superan ya a la Ayuda Oficial al Desarrollo sin crear las consabidas dependencias.

 

29 de diciembre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para no perder nuestras raíces

 

Los países europeos se han convertido en receptores de inmigrantes, cuando durante siglos fueron los mayores proveedores de emigrantes. Hacia América pero también hacia las ricas tierras de África convertidas en colonias de repoblación por los intereses de las potencias hegemónicas de Europa, así como hacia Australia y Nueva Zelanda.

Con facilidad olvidamos que Europa ha sido la primera en volcar los excedentes más pobres de su población en otras tierras para aliviar la presión demográfica y abrir caminos a la conquista y a la explotación, bajo los principios de las tres “Ces”: cristianizar a los paganos, Civilizar a los salvajes y abrir rutas al comercio que llevaría la prosperidad de todos, según las leyes de la economía dirigidas por la mano invisible.

Siempre recuerdo las palabras que escuché, en Dar Es Salam, a Julius Nyerere, la conciencia de África: “que no nos echen una mano, basta con que nos quiten el pie de encima”, a propósito de una ayuda económica que pretendían ofrecer filantrópicas instituciones europeas.

En el siglo XVI, 200.000 castellanos emigraron a América, para evangelizarla de acuerdo con la Bula del Papa Alejandro VI concedida a los Reyes Católicos. Portugal hacia otro tanto hacia el futuro Brasil y las tierras atlánticas de África, con idénticos propósitos. En menos de veinte años, entre 1846 y 1864, dos millones de irlandeses, la cuarta parte de su población, emigraron a EEUU. En ese mismo tiempo, un millón de alemanes abandonaron Europa para instalarse en América y, a finales del siglo XIX, les siguieron 650.000 italianos como avanzadilla de dos millones de compatriotas que les irían después.

Entre 1820 y 1925, unos 55 millones de europeos abandonaros sus tierras en una de las más grandes migraciones que ha conocido la historia. La mayoría se fueron a América, “tierra de promisión y de esperanza”: 33 millones a EEUU, 5,4 millones a Argentina, 4,5 millones a Canadá, 3,8 millones a Brasil, y el resto a diversos lugares controlados por potencias europeas en África.

Polonia, Italia e Irlanda, entre otros países sumidos en la pobreza, se aliviaron así del lastre de millones de personas hambrientas. Poblaron el Este de EEUU, California, Argentina o Uruguay. Las superpobladas India y China, en los siglos XIX y XX, volcaron sobre el resto de Asia y sobre África, sus excedentes de una población cuyos descendientes construyeron diásporas educadas y ricas que controlan el comercio y gobiernan países prósperos como Singapur o Isla Mauricio.

Este fenómeno de las migraciones ha experimentado un vuelco impresionante en las últimas décadas: una Europa enriquecida con la transformación de las materias primas expoliadas al Sur y con el nivel de vida que le proporciona su bienestar y cultura, ya no exporta mano de obra, rivaliza con EEUU en atraer a decenas de millones de inmigrantes empobrecidos y deslumbrados por El Dorado con que les bombardean los medios de comunicación y la publicidad de los países enriquecidos del Norte sociológico. Ante esta situación, reaccionan como fortalezas asediadas por millones de incontrolados, cuando los inmigrantes sólo pretenden devolvernos las visitas que durante siglos les hicimos nosotros. Conocen bien el camino que hicimos con anterioridad, pero ellos sin la fuerza con la que nos pudimos imponer. Esa es la radical diferencia junto a no saber reconocer que necesitamos a esos inmigrantes, a sus familias y sus aportaciones para no perecer en un orgasmo de felicidad estéril y envejecida.

El documento de la ONU “Las migraciones internacionales y el desarrollo”  habla de los flujos migratorios que ponen al desnudo la insoportable desigualdad entre ricos y pobres, entre los que se benefician de la paz y de la seguridad y los que carecen de ellas. Nadie abandona su país por gusto si no es para viajar o estudiar; cuando es por la fuerza de la inseguridad o de la miseria, se reproduce la cadena de injusticias que como llagas sangrientas estampan la historia: esclavitud, invasiones, racismo, xenofobia, colonización, explotación, conquistas, guerras, deportaciones. Tantas formas del desprecio y del miedo de lo que, en palabras de Tucídides,  “está en la naturaleza de los hombres: oprimir a los que ceden y respetar a los que resisten” o, en palabras de Solón “la política que muestra la historia no es sino la guerra entre pobres y ricos”, que Hegel elevaría a parábola del Amo y del esclavo para estudiar la íntima relación que los encadena: unos para seguir siendo ricos y otros para dejar de ser pobres.

Sin embargo, las migraciones engendradas en el sufrimiento han dado a luz frutos de progreso: quienes emigran se transforman y dan lugar a un mestizaje positivo y enriquecedor que está en los orígenes de las más grandes civilizaciones. La clave está en saber acoger a otras personas que necesitamos para sobrevivir. Necesitamos el mutuo enriquecimiento y establecer espacios de encuentro, prosperidad y relaciones entrañables con los lugares de origen para no perder ni las señas de identidad ni las raíces. Sin ellas, no seríamos más que barcos desarbolados y a la deriva, gentes sin sentido.

 

26 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El derecho a emigrar y a escoger un domicilio

 

En la frontera sur de la Unión Europea, se han producido asaltos de centenares de inmigrantes a las vallas metálicas con sistemas de protección electrónica que pretenden delimitar Europa. Ya ha habido víctimas mortales entre los asaltantes.

Si en el país de origen existieran condiciones de vida justas nadie se arriesgaría a emigrar. Las personas emigran por necesidad, por un puesto de trabajo remunerado con justicia, por unas condiciones de vida dignas para el trabajador y para su familia. Nadie emigra por capricho.

Tanto en México como en Marruecos y en los países subsaharianos hay situaciones económico-sociales manifiestamente mejorables cuando no radicalmente injustas. Para transformar esas realidades deberán aplicarse no sólo los países directamente implicados sino aquellos a los que después se dirigen los inmigrantes. Por eso, la Unión Europea tiene la obligación irrenunciable de implicarse en la resolución del problema de la inmigración y sus causas.

En toda Europa tenemos que reconocer que necesitamos a los inmigrantes para sobrevivir y poder mantener nuestras conquista sociales. Sería imposible mantener nuestro nivel de vida, nuestro desarrollo político y económico sin la ayuda eficaz de esos más de dos millones de inmigrantes que necesitamos cada año, de acuerdo con los informes más solventes de la ONU y otros organismos internacionales.

La curva demográfica en los países de la UE lleva más de una década estancada y no cesa de descender. La razón es obvia: el mayor nivel de vida y el acceso de las mujeres a la educación y a los puestos de trabajo que les corresponden han retrasado en casi diez años la fecha de nacimiento de los hijos. Las mujeres en la Unión Europea tienen uno o dos hijos a partir de los treinta años.

En la frontera de México con EEUU se producen muertes y situaciones inhumanas. En la frontera de España con Marruecos se ha producido el asalto de unos trescientos inmigrantes subsaharianos a la doble valla metálica, coronada con alambre de espino, que separa ambos países, y que se han reforzado desde que España, urgida por la Comisión Europea, pretendió blindar ese tradicional paso de entrada de inmigrantes. Barreras y puntos de observación visual diurna y nocturna a lo largo de los 12 kilómetros de perímetro fronterizo. Lo nuevo es el carácter organizado del asalto; su ejecución simultánea en diversos puntos del perímetro vallado; el uso de decenas de escaleras de mano y, sobre todo, el hecho desgraciado y lamentable de la muerte de un inmigrante en circunstancias no aclaradas.

En la prensa se reconoce que este hecho pone de manifiesto que ninguna barrera hará desistir a los inmigrantes que buscan una vida mejor en Europa. La Europa fortaleza que algunos defienden es una fantasía peligrosa. Los derechos políticos y sociales de los europeos a vivir según sus ordenamientos jurídicos chocan de lleno con el derecho de los habitantes de esos países a percibir la retribución debida por las materias primas que, en un 70%, Europa extrae de sus tierras. Es urgente reconocer que necesitamos esa fuerza de trabajo inmigrante sin la que no podemos sobrevivir ni mantener la Seguridad Social ni garantizar el cobro de pensiones por una población en proceso de envejecimiento imparable: antes de una década en Europa las personas mayores de 60 años superarán a las menores de 20 años si no lo remedian los inmigrantes con sus hijos y con un mestizaje vital y fecundo.

 

2 de septiembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sami Naïr, el desafío multiétnico                    

 

La globalización no hay que entenderla sólo en su contexto económico, se trata de un proceso que condiciona nuestras vidas. Estamos ante una nueva civilización. El modelo cultural era el American way of life, pero ahora se ha reemplazado por The new standard, en el que la homologación afecta a la opinión pública, "como auto imagen que tenemos de nosotros, ya que - señala Sami Naïr -, nadie conoce su identidad sino la auto representación de la misma, pero las cifras son necesarias porque nosotros pagamos las cuentas."

El lúcido politólogo francés de origen argelino, profesor en la Universidad de París, eurodiputado y asesor de Lionel Jospin, lanza un desafío a la conciencia europea ante la transformación de nuestras sociedades que serán multiétnicas. "Se pueden dominar las culturas, no el color de la piel".

"El mundo del Norte, viejo, rico, pequeño y blanco ha alcanzado el máximo poder, pero se ha agotado y el Sur joven, pobre, grande y de colores no conoce fronteras y ocupará el puesto que le corresponde", afirma. "No se trata de una invasión sino de un proceso natural histórico, pero falta perspectiva para comprenderlo". Esa es la misión de los intelectuales, de los artistas y de los políticos, si supieran descifrar los signos de los tiempos.

En el norte se concentra la riqueza mientras se destruyen las sociedades tradicionales del sur y aumenta la movilidad de sus poblaciones. El 75% de las inversiones se hacen en el norte y sólo el 8% en África adonde se exportan criterios de consumo occidentales.

El problema es de la comunidad, que tiene derecho a defender su propia identidad respetando y aceptando las de los demás. Se acabó el concepto de conquista para civilizar a pueblo alguno, o para imponer un monoculturalismo caníbal que provoca desarraigo, alienación y desesperación.

Sami Naïr sostiene que "los flujos migratorios que van a transformar el mundo no se pueden admitir en forma desordenada. La solidaridad con los inmigrantes es hacerles comprender que entran en una comunidad a la que deberán adaptarse, respetándola y aportando sus inmensos caudales culturales". De ahí que sean necesarias políticas contractuales a largo plazo con los países de donde proceden, fomentar los contratos temporales e integrar a los que ya están aquí a través de la escuela, de la cultura y de la participación ciudadana. No se puede tratar a los inmigrantes sólo como mano de obra, porque suelen emigrar las personas mejor educadas, causando sangrías irreparables en sus países de origen. En Francia hay 4.000 médicos argelinos que tramitan la convalidación de sus títulos mientras son necesarios en Argelia.

El mayor experto en políticas migratorias propone que nos preparemos para esa transformación mediante la educación de los pueblos implicados y no confiar absurdamente en el mercado. Los inmigrantes no son una mercancía. Son nuestro mejor mañana, con quienes tenemos que construir un futuro humano y habitable. "Hay que pagar un tributo a las desigualdades del mundo, porque lo que cuenta no es lo étnico sino la participación en un proyecto común".

  

4 de febrero de 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos devuelven la visita

 

Algo está cambiando en nuestra sociedad. Los inmigrantes ya no aparecen como la amenaza latente y desdichada, como la presencia incómoda, como la memoria rechazada de lo que hemos sido los europeos: expatriados en tierra ajena. Ahora nos devuelven la visita que les hemos hecho durante cinco siglos.

Televisión Española emitió un reportaje espléndido sobre la peripecia de un inmigrante senegalés, seguido paso a paso por las cámaras hasta su feliz arribada a Barcelona. La audiencia estaba en vilo completamente entregada a la causa del africano.

Muy bien filmada, con planos convincentes y sin concesión al folklore o al sentimentalismo. Acompañamos a Ibrahim, el protagonista, desde el día en que anuncia a toda su familia, reunida en el patio bajo una gran acacia, que ha tomado la decisión de acudir a la llamada de su hermano mayor que le ha buscado un trabajo en Barcelona. 

Habla con respeto y pone por delante los valores de la familia, de las tradiciones, del apego a su tierra, del respeto a su madre, que preside hermosa y con lágrimas contenidas, a los hermanos más jóvenes y a su prometida. En ella se demora la cámara mientras la voz de Ibrahim expresa su emoción ante su belleza y su calidad humana en el compromiso que los une, y que les obligará a permanecer cinco años separados. Los ancianos del lugar también asisten con una inmensa dignidad.

Lo que sí queda claro es que Ibrahim se va para regresar. Pretende conseguir un poco de dinero con el que paliar los desastres que la colonización hizo a los pueblos de África, autosuficientes durante siglos, que vieron destrozadas sus economías cuando las metrópolis coloniales exigieron abandonar sus cultivos tradicionales y plantar algodón, cacahuete, yute, sorgo como monocultivos para la producción industrial. El reportaje del programa “Documentos TV” hace un riguroso análisis de las causas de la pobreza hoy, motivada por los saqueos de los colonizadores, de los conquistadores y de los fundamentalistas religiosos.

Su prometida siempre estuvo al corriente de sus proyectos, pero Ibrahim no quería entristecer al resto de la familia. Ambos habían estudiado en Dakar y, una vez más, se deshace el mito de que se van a la emigración los menos preparados. La realidad es que las comunidades eligen y sostienen a los mejores porque se abrirán camino con más facilidad. Ibrahim había estudiado para aparejador y ella es topógrafa. Hablan con perfección el francés y conocen las lenguas vernáculas.

Recibida la bendición de los mayores y el abrazo con lágrimas comedidas de todos, la madre agarra un cántaro de agua y va tras su hijo, vertiendo un chorro fresco en cada huella de sus pisadas. Para que el camino le sea propicio y los vientos frescos.

Sin volver la vista atrás, Ibrahim, al llegar al portalón de la entrada, se agacha y con su dedo índice traza nueve rayas paralelas sobre la arena, ante el silencio impresionante de todos. Para que los caminos se abran ante él con facilidad. No traza la raya décima porque ésta es la que trazará desde donde se encuentre para regresar junto a los suyos.

Gobiernos miopes que protegen los intereses económicos de las grandes fortunas nacionales y transnacionales, no pudiendo rechazar la imperiosa necesidad de mano de obra que ofrecen extranjeros mucho mejor preparados de lo que nos han hecho creer, cargan las tintas en la amenaza a nuestras costumbres y a los logros sociales.

Europa necesita para sobrevivir la ayuda de esta gente joven que sabe trabajar, que engendra hijos y contribuye a evitar el descalabro de nuestra crisis de natalidad con sus contribuciones a la seguridad social y al mantenimiento de pensiones para una población cada vez más envejecida. El último Informe de la ONU declara que la UE necesita el doble de inmigrantes para mantener su nivel de desarrollo.

Los conservadores del pensamiento ultraliberal nos amenazan con los peligros de la multiculturalidad que preconizan. Esos guetos que contribuyen a crear en las ciudades, cuando lo que alumbra y es preciso favorecer es un diálogo intercultural enriquecedor para todos.

Una nueva sociedad mestiza nace.

 

16 de julio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ecología

 

Vender la vida para comprar carburante

 

“Mientras siga muriendo gente de hambre, no es sensato que utilicemos grano en nuestros motores”, declaró el investigador Pablo Vera, del Instituto de Biología Molecular y Celular de las Plantas, dedicado a la búsqueda de biocarburantes independientes del sector alimentario.

Añade que no deberíamos permitir que la tecnología de primera generación, como el bioetanol, se convierta en sustituto de la gasolina, que se obtiene de los cereales. La escalada especulativa de los alimentos es debida a los intermediarios, los lobbies y los mercados financieros que están especulando con las materias primas. Es absurdo vender la vida para comprar carburante.

Los biocombustibles de primera generación necesitan grano, el mismo del que salen las barras de pan y las tortillas de maíz. Necesitamos sacar energía de los cultivos de

la madera. Pero no se puede decir de la noche a la mañana “voy a degradar la celulosa de la madera en glucosa para sacar etanol”. Queremos biocombustibles ya, de bajo precio y sin investigación. Y eso no puede ser. Lo más obvio, reducir nuestras “necesidades” de velocidad y no someternos al imperio de las máquinas no se toma en consideración. Vamos deprisa a ningún sitio. Corremos enloquecidos dentro de un laberinto.

El informe Evaluación Económica de las políticas de apoyo a los biocombustibles, estima que subvencionar y promover el oro verde resulta muy caro, no contribuye a la seguridad energética, reduce sólo muy poco las emisiones de CO2 y propulsa el incremento de los precios de la alimentación en el planeta.

Los biocarburantes eran presentados hace una década como una triple solución a la inestabilidad crónica del suministro de petróleo, a las emisiones de gas con efecto invernadero y a los bajos ingresos de las familias de agricultores. Pero la OCDE opina que las políticas que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea han puesto en marcha desde hace casi diez años para promover el biocarburante tiene efectos negativos por ese inmenso aparato de subvenciones, mandatos, precios subsidiados y desgravaciones fiscales.

Los técnicos reconocieron que habrá que comprobar si las investigaciones sobre una segunda generación de biocarburantes dan resultados, mientras que reconocieron que el etanol sacado de la caña de azúcar en medios tropicales ya es eficaz, pero no transferible a otros países porque provocarían desertización y hambre.

Por ello sugieren que se supriman las subvenciones al cultivo de cereales, remolacha u oleaginosos para carburante en Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá, sustituyéndola por una liberalización de importaciones de biocarburante tropical. Aunque con el riesgo de incrementar las superficies de cultivo, que contribuiría a destruir más selva primaria tropical.

Es más barato reducir el consumo de energía, sobre todo en el sector de los transportes, que sustituir unas fuentes por otras, por lo que pide mayores esfuerzos en este sentido. Ayudará también mejorar la investigación, tanto en el sector de los biocarburantes como en el de la energía solar, las pilas de hidrógeno y otras tecnologías prometedoras.

Sin embargo, España, donde los biocarburantes suponen casi el 2% de los combustibles usados en el transporte, culpa a las petroleras de la campaña contra el biocarburante y niega que sean la causa del encarecimiento de los alimentos.

El número de personas que pasan hambre en el mundo aumentó en 133 millones en 2007, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos; 849 millones de personas ya sufren la escasez. El precio del arroz ha subido un 70% en un año, el del trigo se ha duplicado y el del maíz ha subido un 25% en dos meses.

La Agencia Europea de Medio Ambiente considera que no está claro que los biocarburantes mitiguen el efecto invernadero y sí que deforestan bosques tropicales; el FMI afirma que son los principales culpables del alza de los alimentos. Pero el Gobierno español insiste: “Los alimentos han subido por el alza continua del petróleo y porque los últimos años ha habido muy malas cosechas en grandes productores, como Australia o Ucrania”. Lo cual sólo es cierto en parte, pues la especulación es la mano que mece la cuna y expande la muerte.

España importa un 83% de la energía que consume y los biocarburantes son una de las pocas fuentes autóctonas. Por último, dicen que permiten mantener la agricultura y recuperar cultivos como la remolacha y el girasol y mantener la población rural.

Los defensores de los biocarburantes exponen que hay alimentos, como el arroz, que se encarecen pero que no sirven para fabricar biocombustibles.

 

Los ecologistas, partidarios de los biocarburantes, piden ahora que se reconsidere el objetivo.

Los expertos creen que en el futuro los biocarburantes tendrán que proceder de algas o de residuos orgánicos para no interferir en la alimentación. Pero los intereses financieros y de las petroleras pretenden beneficiarse todavía más de sus inversiones antes de dedicar sus esfuerzos a conseguir nuevas tecnologías que no contaminen tanto la atmósfera y que ayuden a paliar los efectos del hambre en el mundo.

 

18 de julio de 2008

 

 

 

 

El agua, un bien codiciado

 

Primero fue la lucha por el oro y otros minerales estratégicos. Después, por el petróleo (oro negro). Ahora, por el agua (oro azul). Las guerras futuras tendrán lugar en Asia central y en otros lugares donde esos recursos son abundantes y los gobiernos demasiado débiles para protegerlos, afirma Michael Klare, analista de la doctrina estratégica de EEUU. Pero sus efectos más apremiantes ya se dejan sentir en el Medio Oriente: el Jordán, que quieren controlar los israelíes, y el Éufrates y el Tigris donde EEUU mantiene una guerra desde hace cinco años para controlar Oriente Medio.

Klare, profesor de la Universidad de Hampshire, advierte de que no sólo EEUU está inmerso en esos conflictos, sino que todas las potencias regionales desarrollan planes para aumentar su acceso a recursos vitales para la próxima generación. Así lo explica en “Guerras por los recursos: El nuevo paisaje de conflictos mundiales”.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta 1990, el objetivo principal de la estrategia norteamericana consistía en mantener un sistema mundial de alianzas capaz de contener y, si era necesario, derrotar a la Unión Soviética.

Con el fin de la guerra fría, la cuestión de los recursos recuperó su papel central en la planificación militar. Una señal importante de ese cambio es el aumento de ejercicios militares conjuntos de EEUU con ejércitos de países centroasiáticos ricos en petróleo o gas natural, como Kazajistán, Kirguizistán y Uzbekistán. Sin olvidar el designio establecido sobre Ucrania y otros países de la antigua URSS, sirviéndose de la OTAN como ariete en el nuevo concierto estratégico que pretende prescindir de la antigua Rusia, conflicto de máxima actualidad.

La razón de esos ejercicios no es sólo fortalecer a los ejércitos de esos países y apoyar su independencia de vecinos más poderosos, como Rusia, China e Irán, sino también afirmar la presencia militar de EEUU en una región que guarda una quinta parte de las reservas mundiales comprobadas de petróleo.

Klare considera el despliegue permanente de la fuerza naval estadounidense en el Golfo, tras la guerra de 1991, como muestra de las prioridades políticas de Washington, pero señala que no sólo EEUU trata de asegurarse sus futuros recursos energéticos. Por eso tuvo el apoyo de tantos países europeos que no podrían subsistir más de tres meses sin el petróleo de la zona; aún a costa de sostener regímenes feudales que violan los derechos humanos como en Arabia Saudita y los emiratos del Golfo.

El mar de China Meridional -que según parece alberga grandes reservas de petróleo- se ha transformado en el objetivo de una nueva “carrera armamentista naval” de media docena de países que reclaman derechos sobre él.

Pero el petróleo y el gas no son los únicos recursos que pueden ser causa de conflictos. La lucha por el agua dulce puede ser crítica en los próximos años en vastas áreas desde el norte de África hasta Asia meridional. Hay estudios que demuestran que, en la misma Europa, se compran y privatizan los recursos hídricos.

Las cuencas fluviales donde la situación es más grave se encuentran en regiones donde el rápido crecimiento de la población presiona los recursos existentes y el calentamiento del planeta puede agravar las condiciones de sequía. Ahí está el Nilo, que fluye desde Etiopía hasta Egipto, pasando por Sudán; el Jordán, compartido por Israel, Jordania, Líbano y la Autoridad Nacional Palestina; el Tigris y el Eufrates que fluyen desde Turquía a través de Siria hasta Iraq; y el Indus, cuyos afluentes atraviesan partes de India y Pakistán.

“Con el crecimiento de la población y el consiguiente aumento de la demanda de agua y alimentos, cada estado ribereño intentará utilizar al máximo los recursos disponibles”, afirma Klare. “Y cuando las acciones de uno de esos estados provoquen una disminución en el suministro de alguno de los otros, se darán las condiciones para un conflicto por la distribución del agua”, añade.

Mesopotamia, “tierra entre ríos” con fértiles tierras y enormes posibilidades de desarrollo, sufre una disminución del cauce del Eufrates y del Tigris. Pero ya nadie ignora que en Turquía se construyen unas presas formidables que forman parte de un plan maquiavélico para, llegada la ocasión, cortar el agua a uno de los países con mayores reservas del petróleo vital para EEUU y la UE.

La guerra por el agua ya ha comenzado, aunque sólo se hable de los hidrocarburos. Los conflictos se trasladarán cada vez más a regiones con recursos naturales abundantes, olvidadas durante la guerra fría.

El resultado, dice Klare, es una nueva geografía estratégica, definida por la concentración de recursos y no por las fronteras políticas. Los Estados no importan tanto como los intereses en esta ciega escalada de los poderes económicos sobre los sociales. Y padecerán los seres humanos, reducidos a meros recursos útiles para ser explotados.

 

19 de marzo de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Formamos parte del medioambiente

 

Si la ecología es el estudio del medio ambiente, el profesor Raimon Panikkar prefiere el término ecosofía, pues comprende la realidad de que todos nosotros nos sabemos medio ambiente porque formamos parte del mismo. Y no es lo mismo estudiarlo como objeto que integrarlo como sujeto responsable. Una vez más, “la tierra no pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a la Tierra”, como afirmó el Jefe Seattle en su Carta al Jefe Blanco de Washington, en 1854.

El cambio climático no es sólo un tema medioambiental, como muchos creen: destrozará cosechas, pondrá en peligro a las poblaciones costeras, destruirá ecosistemas, extenderá enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla y aumentará los conflictos por lograr recursos, afirmó Kofi Anan en la Cumbre de Nairobi.

Por eso es necesario activar posibles escenarios basados en modelos científicos porque, si los escépticos continúan negando el cambio climático actúan contra una evidencia científica,  completa y alarmante, que sugiere que nos acercamos a un punto de no retorno. El impacto del cambio climático caerá de forma desproporcionada sobre los más pobres, especialmente en África. Pero todavía hay mucho que podemos hacer. Kofi Annan mencionó el uso más eficiente de combustibles y de energías renovables, y destacó que el reto de luchar contra el cambio climático ofrece oportunidades para la economía pues está demostrado que emisiones bajas no significan menor crecimiento económico.

De seguir el aumento del consumo de petróleo al ritmo actual, especialmente por parte de países como China e India, habrá un crecimiento insostenible de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

El Protocolo de Kioto es un paso, pero demasiado pequeño. Los países industrializados no pueden aumentar sus emisiones de forma descontrolada. Es una falacia sostener que “el que más contamina que pague”, como se ha sostenido en los últimos años. No es suficiente con pagar, son necesarias leyes que prevengan las contaminaciones y emplear todos los medios coercitivos para que se cumplan, incluso clausurar las empresas que contaminen. “Que nadie diga que no podíamos actuar”, afirmó el Secretario de Naciones Unidas. Sabemos que es más barato reducir emisiones ahora que afrontar las consecuencias más tarde.

La cuestión no es si el cambio climático ocurre, sino saber si nosotros somos capaces de cambiar antes de que los daños sean irreparables en la atmósfera, en los océanos, en las riberas de los ríos, en los bosques y en la cadena trófica que transporta, transforma y transmite efectos indeseables y hasta mortales a especies vegetales, animales y humanas  aún antes de nacer.

Por eso es imprescindible una estrategia para prolongar los acuerdos de Kioto más allá de 2012 con objetivos más ambiciosos y la participación de los países que no se sienten obligados por ese acuerdo. Así se deduce de los datos del informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que sostiene que sólo con una decidida intervención de los poderes públicos en los países más consumidores de energía podrá conseguirse una alternativa energética de futuro “limpia, inteligente y competitiva” frente a la simple prolongación de las tendencias actuales, que nos conducen a un escenario “sucio, inseguro y caro”.

La primera línea de actuación es impulsar políticas de eficiencia y ahorro energético que permitan invertir a partir de 2015 la tendencia al aumento de la contaminación. Los cálculos del informe demuestran la rentabilidad de dichas políticas, pues por cada dólar invertido en aumentar la eficiencia energética se ahorran dos dólares en generación, transformación y distribución de energía. Pero el ahorro energético sólo puede ser significativo en los países más ricos mientras que el consumo seguirá creciendo en los de economías emergentes, lo que implica que hay que complementar las políticas de ahorro con las de generación limpia de energía.

El impulso a las energías renovables es una necesidad inaplazable, tanto en la generación de electricidad como en los combustibles líquidos para el transporte. El informe también plantea considerar la energía nuclear como una alternativa viable para contribuir a ese escenario más seguro y menos contaminante. Las cifras que avanza son de hasta un incremento del 40% en la potencia nuclear instalada en 2030. La energía nuclear seguirá teniendo un papel que jugar, pero para que sea aceptable será necesario avanzar todavía en su punto débil: la gestión, tratamiento y eliminación de residuos.

 

17 de Octubre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pesticidas de destrucción masiva

 

Más de 6.000 campesinos del sector bananero permanecían acampados ante la Asamblea Nacional de Managua. Reclamaban al Gobierno del presidente Bolaños indemnizaciones por las graves secuelas para su salud causadas por el pesticida Nemagon, utilizado indiscriminadamente por las multinacionales para fumigar los latifundios bananeros.

Durante siglos los campesinos alternaban sus cultivos porque sabían que la tierra se fatiga y que así evitaban las plagas que brotan como pestes en las amplias extensiones dedicadas a los monocultivos.

Los campesinos que permanecieron al servicio de las enormes propiedades de las multinacionales, que antes les habían expropiado, padecieron los efectos de esas fumigaciones que les afectarían durante generaciones. Estos productos agroquímicos, cuyos letales efectos se transmiten de padres a hijos, han causado más víctimas que los huracanes.

El Nemagon es un pesticida utilizado en las plantaciones de plátano en Nicaragua y otros países de Centroamérica, Caribe, África y Asia. Es un derivado del dibromocloropropano (DBCP) para combatir a un gusano microscópico que daña los cultivos de banano. En 1975, la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA) determinó que el DBCP era un posible agente cancerígeno. El Gobierno de EEUU prohibió el agroquímico para casi todos los usos y suspendió el suministro temporalmente.

Las multinacionales Standard Fruit (Dole, en EE UU), Del Monte y United Fruit (actualmente, Chiquita) son algunas de las compañías que fumigaron con Nemagon en sus cultivos bananeros. El pesticida era producido por Dow Chemical, Shell y Occidental, entre otras empresas. Se calcula que 22.000 nicaragüenses han enfermado por el Nemagon, y se contabilizan 466 muertes de cáncer causadas por el pesticida.

Los informes médicos demuestran que más del 67% de los campesinos que trabajan en el plátano en Nicaragua tiene problemas de esterilidad. Las mujeres sufren abortos, cáncer de útero y de mama. En ambos sexos se han detectado migrañas, intensos dolores en las articulaciones, pérdida de visión, fiebre intermitente, caída de pelo y uñas, hematomas, pérdida de peso, ansiedad y otros desórdenes nerviosos, así como casos de cáncer de riñón y estómago.

Una de las principales reivindicaciones es que el Gobierno y el Parlamento mantengan en vigor la Ley 364, aprobada en 2000, en virtud de la cual un tribunal de justicia nicaragüense condenó en 2002 a las multinacionales Dow Chemical, Shell Oil Company y Dole Food Company a pagar 490 millones de dólares como indemnización a unos 600 trabajadores de los 5.000 que presentaron la demanda.

Las empresas condenadas no han cumplido la sentencia porque alegaron que la ley es inconstitucional y la justicia nicaragüense es corrupta. Estas empresas ya no están presentes en Nicaragua y así han escapado a cualquier acción de embargo en su contra. En estos casos no tiene lugar la extradición de los culpables, como sucede con los narcotraficantes que se desmarcan de la acción desestabilizadora de los agentes de las Agencias de EEUU.

Este es uno de los perversos efectos del modelo de desarrollo acelerado que los países industrializados impusieron durante décadas a “poblaciones subdesarrolladas”. Con ellas experimentaron productos químicos que actuaron como auténticas armas de destrucción masiva. Vistos los efectos nocivos y letales, prohibieron su utilización en EEUU, pero permitieron que se utilizaran en otros países para acelerar los procesos de crecimiento agrícola.

En amplias zonas cercanas a Latacunga, a unos sesenta kilómetros de Quito, se cultivaban plantas prohibidas por las leyes, pero muy valoradas por la industria farmacéutica suiza para elaborar productos anestésicos. Los campesinos que trabajaban en esas explotaciones todavía aparecen drogados y destrozados por las veredas y los contornos. Aspirar las emanaciones de las plantaciones residuales produce daños irreparables en el cerebro y afecta de manera fatal a la salud de familias enteras. Fetos monstruosos, alteraciones genéticas y cánceres de todo tipo se silencian por las autoridades que conocen la existencia de esas plantaciones, y de las pistas de aterrizaje de las avionetas que las sacan del país. Pero esas actividades criminales no son fumigadas ni bombardeadas desde helicópteros artillados, como los que el Pentágono ha facilitado al gobierno de Colombia como “ayuda al desarrollo” contra las plantaciones de la coca cuya pasta consumen en un 80% los ciudadanos norteamericanos. No sólo Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador sino también Ecuador, Bolivia y Perú padecen los efectos de esa política de exterminio que, en nombre de la salud pública, desestabilizan a los gobiernos para poder mantener el control de esa zona al sur del Canal de Panamá declarada de importancia vital y estratégica por el gobierno de Washington.

 

6 de mayo de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo, patrimonio de la humanidad

 

Está en pleno auge el debate sobre la internacionalización de las fuentes de riqueza fundamentales para la conservación de nuestra especie y de nuestro planeta. El paradigma es la conservación de la Amazonía como patrimonio de la humanidad. Las autoridades y la opinión pública brasileña reaccionan con un patriotismo que debería quedar superado en la época de la globalización y de las intercomunicaciones que vivimos.

La Amazonía es responsabilidad de todos los seres humanos y de sus instituciones. Es uno de los pulmones claves para nuestra supervivencia. No se trata de sustraer esa inmensa zona vital al pueblo brasileño. Sería absurdo. Pero sí de hacer comprender a sus autoridades y a la opinión pública que el mundo no puede asistir impávido a la progresiva destrucción y a la mala administración de ese fenomenal ecosistema del planeta Tierra. Esa debería de ser una de las primeras responsabilidades de unas Naciones Unidas renovadas y auténticas. Pero no sólo de la Amazonía, sino de frenar la progresiva desertización de las orillas del  Sáhara, de conservar los mares y los ríos, de mantener las reservas de agua dulce en el mundo entero y de la lucha contra la contaminación y del freno de la emisión de gases nocivos a la atmósfera.

Si no somos capaces de cumplir los compromisos de Kyoto es que nuestra actitud es suicida y deberíamos promover una revolución contra el modelo de desarrollo que nos destruye. Porque de lo que no cabe duda es que la capa de ozono supera todo concepto nacional, internacional o supranacional. Términos obsoletos en nuestro tiempo. Por eso, comprendemos las palabras del Ministro de Educación de Brasil, Cristóvão Buarque, durante un debate en una universidad de EEUU. "Como brasileño, hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonía. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él forma parte de nuestra historia. Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonía, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás que es de suma importancia para la humanidad”

Y así, argumentaba que, desde una ética humanista, debemos internacionalizar también las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonía para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Y no pocas personas creemos  que deberían destruirse en 48 horas los paraísos fiscales del mundo. ¿Acaso no fue ese el tiempo que tardaron en congelar  las cuentas bancarias de los sospechosos de tener alguna remota relación  con el 11 de septiembre?

El ministro Buarque argumenta que, si la Amazonía es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. “Quemar la Amazonía es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales”. Y añade con valentía, “no podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación”. Y no duda en declarar que si EEUU quiere internacionalizar la Amazonía, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, “internacionalicemos todos los arsenales nucleares de EEUU. Ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil”.

Las grandes potencias que han esquilmado sus bosques, contaminado sus aguas y degradado el medio ambiente en proporciones gigantescas con relación a sus poblaciones, pretenden ahora reglamentar los espacios vitales de otros continentes.  En sus discursos, continúa el ministro de Educación de Brasil, los candidatos a la presidencia de los EEUU han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. “Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela.

Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merece los cuidados del mundo  entero. Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo. Pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonía sea nuestra”.

Su lógica es tan apabullante que escandaliza que, en su país, hayan criticado sus palabras. Quizás no sea demasiado tarde para superar las “internacionalizaciones”, que siempre benefician a los poderes económicos y financieros del nuevo imperialismo sin imperio. Tal vez no sea tarde para que los responsables del mundo entero asuman como responsabilidad personal que cada parcela de esta Tierra no soporta por más tiempo el trato que le damos. En ello, nos va la supervivencia.

 

11 de junio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Carta de la Tierra

 

La Cumbre sobre la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992, enfrentó a los países industrializados del Norte sociológico con los pueblos empobrecidos del Sur imposibilitando un acuerdo para la preservación del medio ambiente. Lo más que lograron fue distribuir en cuotas la capacidad de contaminación a partir del principio de que "quien contamina paga". Nadie ignora que para las empresas más contaminantes resulta más barato pagar una multa que introducir los factores correctores de sus emisiones de productos letales para el medio ambiente que nos sostiene. Tras del fracaso de la Cumbre de Otawa con los mismos fines, se asiste al escándalo de enviados oficiosos de los países más contaminadores intentando comprar a los países pobres sus "cuotas de contaminación" a cambio de nuevos préstamos o bajo la amenaza de exigirles sus deudas o de suspender los envíos de repuestos para maquinarias que les habían vendido. En toda África, en Latinoamérica y Asia, se vive este fraude que ataca por donde más duele: la negativa a aceptar la importación de los productos básicos del sur mediante la exigencia de cláusulas de calidad, de origen y de sanidad imposibles de cumplir sin ayuda.

Ante la decepción por la negativa de EEUU y los países más poderosos de la tierra, como China, Rusia, India y muchos más, a suscribir los compromisos de la Cumbre de Río, un grupo de participantes siguieron la iniciativa del antiguo primer ministro de los Países Bajos, Rudd Lubbers, de redactar una Carta sobre los derechos de la Tierra.

Así nació la ONG "El Consejo de la Tierra" para buscar "un cuadro ético y moral universal que guíe a los pueblos y a las naciones en sus relaciones con el medio ambiente así como entre ellos mismos". El texto busca "el respeto a la Tierra y a toda forma de vida", "tratar la vida con comprensión, amor y compasión", "construir sociedades que mantengan una coexistencia pacífica, libre, justa, sostenible y basada en la participación", para "asegurar la belleza de la Tierra y la abundancia de sus riquezas para las generaciones presentes y futuras".

Fruto del trabajo durante ocho años de más de 100.000 personas en 50 países, esta Carta de la Tierra es resultado de la cooperación entre la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales que reclaman su derecho a participar en la preservación del medio ambiente que no puede quedar en las manos de políticos, economistas, ni tan siquiera de gobiernos.

Este documento se presentó a todos los Estados miembros de la Naciones Unidas en el año 2002 para que la ONU la adoptara formalmente como Declaración Universal y convertirlo en una Convención de obligado cumplimiento para los signatarios de la misma. Aunque es sabido que las Declaraciones sobre los derechos del hombre, de la mujer, de los niños y hasta de los animales son incumplidas en muchos países sin el menor rubor y sin consecuencias políticas ni sanciones económicas con tal de preservar las relaciones privilegiadas con los poderosos del mundo. Ahí están los ejemplos de EEUU, Rusia, China, Turquía, India, Afganistán, Brasil, México y tantos otros países que lideran el nuevo orden.

El 14 de marzo de 2000, se presentó en París la Carta de la Tierra para lanzar la campaña mundial de divulgación y de sensibilización de la opinión pública y obligar a los gobiernos a asumir las responsabilidades inherentes a este desafío en el que nos va la supervivencia de la vida en el planeta.

Al ritmo de "desarrollo" que se promueve con el modelo imperante en el Norte, la capa de ozono no resistirá la presión de la contaminación. Como le sucede a los mares, a las limitadas reservas de agua potable, a los bosques que desaparecen cada día por millares de hectáreas ante la devastación impune de empresarios sin conciencia. La deforestación de la Amazonía es un grito ante el silencio culpable del mundo que mira para otra parte como sucede en los magníficos bosques del Africa tropical. Es imposible circular por las carreteras de África sin encontrarse con interminables hileras de camiones que transportan las venas de las tierras africanas, uno de los mayores pulmones del planeta.

La Unión Europea gasta ingentes cantidades de dinero para conseguir que los gobiernos africanos detengan esa sangría que los europeos no supimos detener en nuestras tierras. Es impresionante el cinismo de exigir a otros pueblos que controlen las reservas del planeta mientras nosotros contaminamos con nuestros vehículos e industrias millones de veces más que los pueblos empobrecidos que venden sus bosques para convertirlos en papel, muebles y objetos que el norte dice necesitar.

Ya nadie puede llamarse a engaño: si fuera cierto que los llamados "países en vías de desarrollo" tuvieran proporcionalmente los mismos vehículos, industrias, neveras y consumo de papel que tenemos en los países industrializados, la capa de ozono y los casquetes polares no resistirían veinte años.

La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra y, como dicen los Masai, ésta no es un regalo que los padres hacen a los hijos sino un préstamo que estos hicieron a sus padres para que la administrasen y protegiesen con respeto. Hace cien años, el Jefe Seattle anunció "acaba la vida y comienza la supervivencia". Ojalá los medios de comunicación y toda la sociedad civil se ponga en pie para reclamar el derecho a la vida y el respeto al medio ambiente que proclama la Carta de la Tierra.

 

24 de abril de 2000

 

 

 

 

Continentes, regiones y países

 

La vieja Europa parece apostatar de sí misma, pero paradójicamente no deja de ser arsenal de esperanza. La inmigración la aterra, pero la necesita con urgencia. Por su parte, unos Estados Unidos erráticos aún dominan, guerrean sin cesar, y causan dolor y provocan sufrimiento, al tiempo que quizás entren en un callejón sin salida. En Oriente cercano y lejano, conflictos sin resolver, contradicciones de décadas, más nuevas fuerzas, temores y esperanzas agitan los días de las gentes, en tanto que África se consume de pobreza no por ser pobre sino empobrecida, esquilmada por los más ricos con nuevos métodos y modos tan miserables como los de antaño.

Mientras en algunas regiones de Asia apunta un resurgir sorprendente, pero no se consigue que cese la insultante desigualdad, y de la revolucionada y palpitante América Latina emergen promesas, luces y perspectivas que tal vez conduzcan a tiempos mejores.

La visión y análisis de lo que ocurre, de lo que sube y de lo que baja, de lo que avanza y retrocede en las diversas regiones y zonas que forman este planeta, expuesta con crudeza, lucidez y honradez es condición inexcusable para mantener viva la llama de la resistencia, de la razón , de la equidad y de la esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Europa

 

A quién pertenece el gas ruso

 

No hay más que “mirar por el telescopio”, como suplicaba Galileo a los cardenales que lo condenaban; pero no quisieron hacerlo “para no poner en duda su fe”. Así no hay más que mirar un mapa y asomarse a la historia de Rusia y de otros países eslavos.

Ucrania es el segundo país más grande del continente por extensión después de Rusia. Abarca a las llamadas tierras negras de gran fertilidad y granero de cereales. Desde 1991 es independiente, aprovechando la desintegración de la URSS, propuesta por Gorbachov.

Apasiona seguir la peripecia de esos pueblos que, mucho antes de que existiera Rusia, habían hecho de los enclaves de Kiev y de  Novgorod  hitos en el camino hacia Rusia, la tercera Roma, heredera de Constantinopla. Miremos el mapa, analicemos los recursos y los movimientos de pueblos espoleados por una religión totalizadora y excluyente, que confunde Trono y el Altar.

La URSS prosiguió el imperialismo de los zares en busca de las aguas calientes. Tenía que dominar el Mar Negro, como se había expansionado hasta el Pacífico por Vladivostok y enfrentarse al Imperio británico por el control de las tierras afganas para  ganar el Índico.

Con el auge del petróleo y del gas no había nada que inventar desde los zares Iván, Pedro o Catalina.

Mientras que Europa organizaba sus intereses por medio del Tratado de Roma y otros acuerdos que condujeron a la Unión Europea, la URSS se desintegraba deshaciendo el COMECON y el Pacto de Varsovia. Contra toda lógica y acuerdos, los occidentales fortalecían la OTAN y presionaban a los antiguos miembros de la URSS. Demostraron que no pretendían una Rusia integrada en las democracias occidentales y libres, sino unos pueblos humillados y sometidos para poder explotar sus inmensas riquezas y abrir nuevos mercados. Rusia pasó a constituir el “Segundo mundo”, antesala del Tercero.

Los depredadores al servicio de una plutocracia sin entrañas utilizaron la OTAN para controlar a países de la antigua URSS, organizando sus comunicaciones, vendiéndoles armas y nuevas tecnologías mediante la creación de una “deuda externa” como la de los países empobrecidos del Sur.

Mediante el chantaje a millones de ciudadanos europeos que, asolados por el frío, volvieron sus ojos hacia la Unión Europea, que se atrevió a “exigir” a Rusia que reanudara el envío de hidrocarburos a través del caballo de Troya de Ucrania.

Pero esas materias primas pertenecían al pueblo y al estado ruso y con la  lógica del libre mercado, esos productos tienen un precio que, si no se paga, no se entregan.

La mayoría de los países europeos habían diversificado sus fuentes de combustibles. No así los países del Este, que pretendían seguir enganchados a la ubre de Rusia, con precios de favor sólo comprensibles en el ámbito de las lealtades. Pero la integración en la OTAN de varios países del Este, como paso previo a su asociación a la Unión Europea, supone un descaro de aurora boreal.

Fue el vicepresidente Cheney quien, en su locura por controlar las reservas de petróleo de Oriente Medio y de las antiguas repúblicas soviéticas, proclamó en Kiev el derecho de este país a incorporarse a la OTAN, lo quiera o no Moscú. Mientras que la obediente Bruselas exhortó a Kiev a acercarse a la Unión Europea y a Occidente.

Cheney retó a Moscú desde Kiev: “Creemos en el derecho de hombres y mujeres a vivir sin la amenaza de la tiranía, del chantaje económico, la invasión o la intimidación” y advirtió a Moscú que “ningún país” fuera de la Alianza puede vetar la membresía de Kiev.

Cheney se reunió con la primera ministra, Yulia Timoshenko, antigua empresaria del sector energético que pretende conseguir ahora con la ayuda y al servicio de Estados Unidos. Ya lo había intentado sin éxito durante años cuando pretendió el control de esa industria desde nuevas sociedades al servicio de intereses transnacionales.

La Dama de la revolución naranja sostenida por la CIA se convirtió en Dama de Hierro que se atrevió a poner en jaque a Moscú. No reconoció la deuda de miles de millones de dólares a Rusia en pago de los combustibles que habían recibido aún al precio de país amigo. Se abasteció a tope de combustible no pagado, y pretextó que los millones de toneladas que desvió de los gaseoductos eran en pago de los derechos de tránsito.

Pero la jugada le ha fallado: Bruselas recula y baja el tono pues está ante una potencia soberana y en expansión, Rusia, que controla sus productos y los negocia como le enseñaron a hacer los mercaderes occidentales.

Moscú ha demostrado que es responsable de las riquezas naturales de su inmenso país, a quien torpemente algunos mandatarios anacrónicos se empeñan en ningunear.

 

16 de enero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Europa de los mercaderes no da la talla

 

Causa estupor comprobar que la Unión Europea no existe un poder soberano. A la hora de la verdad, cada uno de sus 27 miembros actúa como quiere y desprecia las instituciones que soberanamente nos hemos dado los ciudadanos.

En lo militar, dependemos de la OTAN y ésta de lo que decida el gobierno de Estados Unidos. En medioambiente, como en educación y formación superior, cada país tira por su lado. Por eso, no existe una auténtica libertad de circulación de la mano de obra, ni de las personas con titulaciones superiores. Con lo fácil que hubiera sido homologar la educación para todos los ciudadanos, como rige en cada uno de los países de la Unión Europea. Han abolido las obsoletas fronteras que no nos podían proteger de la contaminación, ni de los peligros de catástrofes nucleares, ni del control indiscriminado de las comunicaciones personales.

Internet y la revolución de la información han facilitado las relaciones humanas y comerciales. Pero también han proporcionado un arma de control masivo a los poderes dominantes sobre correos electrónicos, conversaciones telefónicas, transacciones comerciales con el cada vez menos seguro dinero plástico, control de datos personales so pretexto de defendernos. Eso sí, se han montado agencias policiales de datos con acceso de diversos países y cuerpos de inteligencia para protegernos mejor de los terroristas.

¿Cuándo nos atreveremos a denunciar que los peores terroristas son los que comercian con nuestras vidas, con nuestro sustento, con nuestra salud y con nuestro derecho a una vivienda y a un trabajo  dignos? Son los responsables de las guerras, del narcotráfico, de la impunidad en los paraísos fiscales, del blanqueo de dinero del crimen organizado, de las estafas inmobiliarias y de la destrucción de nuestras costas y de la contaminación de los mares y de la atmósfera.

Creo que hay indicios suficientes para una alarma general ante la fragilidad de nuestra autonomía personal y la creciente vulnerabilidad. Y eso que los neoliberales han sostenido que el fin principal del Estado era la seguridad, y no la justicia social, la defensa de los derechos humanos y de las libertades generales en la tarea de procurar el mayor bienestar para todos los seres.

El fracaso del modelo de desarrollo económico que estamos padeciendo y la injusticia radical del capitalismo salvaje nos están mostrando en estos meses que vivimos en un volcán.

No fuimos capaces de atender al grito de los pobres y de los excluidos. Ni hemos invertido en medios suficientes para proporcionar la salud general para todos, ni la educación universal obligatoria y gratuita, ni terminado con el hambre que padecen cuatro quintas partes de la humanidad. 

Impresiona constatar con qué facilidad Estados Unidos ha votado a favor de un rescate de 700.000 millones de dólares para ayudar a los banqueros temerarios y de directivos de grandes corporaciones para enjugar sus pérdidas. Y ese dinero, más el ya empleado en salvar a varias grandes empresas, va a sobrepasar el billón de dólares (no miles de millones como algunos mal traducen, sino un billón, un “millón de millones”). Sin contar con lo que la Comisión Europea ha acordado para garantizar fondos de depósitos y las exorbitantes cifras que Irlanda, Alemania, Gran Bretaña, Países Bajos y Francia ya han adelantado por su cuenta.

Aparte del escándalo por las repercusiones de esta crisis financiera y económica en el resto de los países del mundo, sobre todo en los más empobrecidos que seguirán condenados a aportar mano de obra barata y sus riquezas naturales sin recibir la contraprestación económica debida. Ellos no cuentan. Son una inmensa mayoría, pero no cuentan más que como objetos de transacción o de consumo.

Con una decisión del G 8 más Rusia, con 40.000 millones de dólares anuales, en diez años, se podría terminar con el hambre en el mundo, ofrecer educación primaria y asistencia sanitaria, así como luchar con éxito contra la contaminación del medioambiente y de prevenirnos ante la explosión demográfica que tenemos encima. ¿Qué significan 400.000 millones de dólares ante el billón que se disponen a gastar sin las suficientes garantías? De nuevo, se beneficiarán los culpables de esta catástrofe y no sus víctimas.

 

10 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una Europa más justa y solidaria

 

La Unión Europea ya no es una Utopía sino un proyecto ilusionante que ha recorrido medio siglo y precisa de una Constitución adecuada que afirme las estructuras, distinga los tres poderes, refuerce su dimensión social, se afiance como una de las mayores potencias económicas del mundo y no se deje avasallar por los grandes poderes económicos transnacionales que ahora se asustan del gigante que contribuyeron a crear.

Algunos prefieren unas instituciones débiles, con mínimas normas bancarias, laborales y fiscales. Prefieren unos "ejecutivos" a sus órdenes en lugar de auténticos hombres y mujeres de Estado. Sólo se puede “temer al miedo” sin olvidar que los poderes humillan y explotan al débil, pero se contienen ante el fuerte. Consolidar la Unión Europea como un auténtico Estado de Estados, República federal, Federación, una Europa de los pueblos que integre y supere la artificiosa funcionalidad de los Estados y de las naciones, de las patrias y de las banderas. Un proyecto de vida común basado en la Justicia, la Libertad, la Solidaridad, el respeto al Medio Ambiente y la afirmación del derecho a la búsqueda de la felicidad de acuerdo con nuestra naturaleza, una Europa desde el Atlántico hasta los Urales... y hasta, con Rusia integrada, hasta el Pacífico. ¿Por qué no?

Una Europa que sea coherente al reconocer que la clave de Oriente Medio está en el conflicto de Israel con los palestinos. ¿Israel un Estado? Sí, pero al mismo tiempo que un Estado de Palestina viable, con espacio suficiente, medios de vida autónomos, fronteras justas reconocidas y respetadas, y la reparación debida a los palestinos expulsados al exilio por los israelíes desde hace más de medio siglo. Es preciso restaurar el orden en Oriente Medio mediante la justicia y la equidad, y no a cañonazos como EEUU, Gran Bretaña y sus satélites pretenden.

Ser realistas en la relación con las grandes potencias emergentes de China e India, y reconocer que la segunda economía del planeta, Japón, está al borde de un abismo imperialista en el que se puede precipitar si el resto de las naciones libres y democráticas no cooperan para que ese salto adelante no suceda en el vacío. Y ahí están Pakistán y todo el Sudeste asiático -más de dos quintos de la población mundial- a punto de estallar. Indonesia, con más de un centenar de lenguas y ninguna  común, es uno de los mayores polvorines de 200 millones de seres de distintas etnias y orígenes, amalgamados por los poderes colonizadores de cada tiempo y por un fundamentalismo islámico en expansión.

Europa tiene que mirar,  sostener y hacer justicia con los pueblos de África, el continente de la esperanza. Europa tiene que reparar por lo que arrebató y expolió a los pueblos de África: restituir y compensar, organizar un gran Plan Marshall, depurar a los dirigentes corruptos y a sus corruptores occidentales o transnacionales, respetar sus tradiciones, sus anhelos, sus proyectos y voluntades, su historia y su inmensa riqueza humana y material. Seguimos necesitando sus riquezas materiales y humanas en la Unión Europea: que imperen la igualdad y la justicia en nuestro trato. Proporcionalidad y reciprocidad exigidas en derecho. Caiga quien caiga, como hizo Mandela. Porque una explosión de los oprimidos y condenados de la tierra puede alcanzar proporciones inimaginables, pues no tienen más que perder y saben que las antiguas "potencias" somos frágiles y ellos no precisan armas de destrucción masiva para desintegrarnos y volvernos locos. Lo saben. Sólo pedimos justicia, libertad e igualdad para todos y coherencia con mucho sentido común. No hace tanto que la esclavitud se consideraba inevitable; al igual que la pretendida superioridad de ciertas razas sobre otras, del derecho de conquista y de la fuerza, de la postergación de la mujer y de infamias como la pena de muerte, las mutilaciones, la lapidación, la tortura, los campos de exterminio, la Inquisición y las supuestas guerras santas o cruzadas. No. El mundo se ha hecho abarcable y hoy todos podemos ser testigos responsables y solidarios, o ciegos suicidas y miserables. Hoy podemos escoger. Mañana será demasiado tarde.

 

5 de Enero de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Unidos

 

Salvemos a los “banksters”

 

Después de las salvajes intrusiones de los Ejércitos de la URSS en Praga y en Budapest, los comunistas de toda Europa decían: “Es que en Rusia nunca ha habido auténtico comunismo”· Ni en China ni en Cuba ni en  Polonia ni en Hungría ni Alemania del Este, ni en los antiguos países miembros de la URSS.

Con el mismo cinismo, los neoliberales sostienen ahora que en el sistema financiero capitalista no ha imperado el libre mercado porque existe “una profusa intervención por los Bancos Centrales y otras agencias regulatorias”. “No existiría hoy una crisis financiera de tal magnitud si la Reserva Federal no hubiera mantenido los tipos de interés tan bajos”, escribe el economista liberal, José Luis Feito.

¿Les habrá parecido pequeña la catástrofe que han montado las entidades financieras con sus especulaciones salvajes, el uso de paraísos fiscales y su exigencia de una desregularización del Estado para seguir amasando fortunas inconmensurables?

Ningunearon a los Estados, considerando a sus legítimos gobernantes como meros ejecutores de las políticas financieras y económicas decididas en cavernas tan poco representativas como el G8 y Rusia, y por lobbies de intereses que no reconocen ni soberanía, ni fronteras, ni límites. Se han autodestruido por su propia voracidad y pretenden privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

“Allá van leyes do quieren reyes”, se decía de los monarcas absolutistas. Hoy los poderes tiránicos no tienen patria ni admiten responsabilidad porque se han adueñado del sistema financiero transnacional. Ignoraron Derechos Humanos, Leyes Fundamentales y Tratados Internacionales actuando bajo la ley del más fuerte, del beneficio económico a cualquier precio y haciendo del hambre y de las guerras armas de destrucción masiva. Han especulado con guerras inventadas e invasiones de países para apoderarse de sus recursos naturales, de su fuerza de trabajo y de la imposición de condiciones inhumanas.

En los bancos del mundo libre y en paraísos fiscales se han blanqueado miles de millones del dinero del narcotráfico, de la venta de armas y del mundo criminal. Han mantenido la opacidad de cuentas bancarias que defraudaban a las Haciendas nacionales y alteraban los precios de las cosas: desde los hidrocarburos a los alimentos, desde la construcción inmobiliaria a los medicamentos, desde la contaminación del medio ambiente con sus industrias participadas y los perversos fondos especulativos.

Ahora exigen que el Estado intervenga en ayuda de estos delincuentes (banqueros gánsters) inyectando fondos astronómicos a cuenta de los contribuyentes. No importa que pongan en peligro los fondos de pensiones, los programas sociales imprescindibles, la educación y la sanidad gratuitas y para todos, la vivienda asequible, la legítima ayuda a las personas dependientes y la creación de puestos de trabajo.

Habían excomulgado a quienes defendían políticas sociales justas y solidarias y a quienes proponían medidas conquistadas socialmente para garantizar el Estado de Bienestar para todos.

Lo expone I. Ramonet: El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Hemos llegado al final del proceso abierto en 1981 con la fómula de Margaret Thatcher: “Más mercado, menos Estado. Ya no hay sociedad, sólo individuos”. Ahora para salvar a los “banksters” (banquero ganster) pretenden implantar un socialismo para los ricos y capitalismo salvaje para los pobres.

En Estados Unidos, el Senado ha aprobado un Plan de Rescate en espera de que lo haga el Congreso, mientras la Unión Europea permanece en una inoperancia escandalosa. China, India, los Emiratos del Golfo y Rusia observan.

No olvidemos que algunos de estos países tienen fondos soberanos suficientes para controlar la economía de los países democráticos y desarrollados.

¿Dónde están los auténticos hombres de Estado?, se pregunta el periodista I. Gabilondo.  Del crack del 29 surgieron Roosevelt y Hitler, radicalmente diferentes, pero nacidos de la angustia de sus sociedades. Descubriremos liderazgos mundiales en personalidades de China, India o Brasil. Por el momento, el mundo viaja sin rumbo en un avión sin piloto y deposita su esperanza en que, el 4 de noviembre, emerja un nuevo Presidente que como, Franklin D. Roosevelt en 1930,  lance un nuevo desafío basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. ¿Dónde están los Roosvelt, Schuman, De Gasperi, Churchill, Adenauer, De Gaulle, Dhen Xiao Ping, Kennedy, Nheru, Mandela que devuelvan la confianza a los pueblos?

La etapa más salvaje e irracional del neoliberalismo habrá sido sustituida por otro modelo de sociedad más justo y solidario.

 

3 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A quién le beneficia este estado de guerra

 

El profesor Francis Fukiyama, norteamericano de origen japonés,  tuvo un gran éxito con su ensayo El fin de la Historia, en el que sostenía que puesto que EEUU había alcanzado la más alta expresión de la democracia, el mayor nivel de vida y un modelo incomparable e insuperable de vida, la Historia había terminado en su progreso. Así como suena. Por lo tanto, EEUU y sus aliados de ese club de elite no vacilaron en lanzarse a imponer "esa democracia" por las buenas o por las malas.

Ya hay pruebas ad nauseam de que esperaban un ataque de semejantes proporciones al del 11-S porque "lo necesitaban" para desarrollar el plan fundamentalista evangélico-sionista que domina la cúpula de Washington, plan elaborado desde antes de la elección de este nefasto presidente, y que no habían logrado que implantara su padre. De ahí que fueran aquellos colaboradores de Bush padre (a quien criticaron y abandonaron por no haber invadido Bagdad) quienes controlan el nuevo gobierno del acomplejado, ex alcohólico y converso, George W. Bush.

Cambiados los objetivos de la OTAN, cuya razón de ser era "protegerse de un eventual ataque de la URSS", una vez que desmoronada ésta, las gentes de buena voluntad del mundo esperábamos que "los dividendos de la paz" se invirtieran en erradicar del mundo, el hambre, la enfermedad y la terrible pandemia del sida, la ignorancia, la maternidad desde los doce años, la calidad de las aguas, el medio ambiente, la búsqueda de energías alternativas, el desarme nuclear, el fraude los paraísos fiscales, acabar con el tráfico de drogas y con el blanqueo en nuestros bancos del dinero del crimen, el escándalo de las ingentes transacciones financieras que no pagan impuestos -¡más de un billón de euros al día!-, prohibir el tráfico de armas con enormes sanciones, regenerar los campos de cultivo inutilizados y contaminados por las secuelas del napalm y de otras armas químicas utilizadas en las guerras últimas y las minas que colocaron los combatientes, garantizar la seguridad social para todos los seres humanos en los cuatro pilares del Estado de Bienestar: pensiones, educación, sanidad y ayuda a los dependientes.

Una vez transformada la OTAN en una ‘organización humanitaria’, esa auténtica maquinaria de guerra controlada por EEUU muestra su auténtico rostro: ser el sherif del ‘mundo condado’ a neocolonizar y convertirse en la force de frappe del neoimperialismo de la potencia hegemónica para controlar las fuentes de energía donde quiera que se encuentren. Por supuesto, en nombre de la democracia y de la libertad.

¿Qué hacer desaparecido el peligro soviético? Pues crear otro enemigo. Y aquí entra el Profesor Samuel Huntinton con El choque de las civilizaciones. Una especulación con tanta base científica como la Océana de Hurrington, La ciudad del sol de Campanella o la Utopia de Tomás Moro, pero que sirve muy bien a quienes desean un enfrentamiento entre la civilización islámica y la occidental, a la que no podían denominar cristiana, porque parte fundamental de esa aventura son los intereses del Estado de Israel, enemigo declarado de palestinos, árabes, musulmanes... y todo lo que oponga a su mesiánico concepto de sí mismos como ‘pueblo elegido’.

¿A quien puede beneficiar? Pues a quienes quieren alcanzar por la fuerza lo que no consiguieron por la política y la diplomacia del diálogo; a quién  tiene que aprestarse a retirar sus tropas de Iraq antes de que los contribuyentes se lancen a la calle como durante el descalabro de Vietnam. Lo quisieron todo y ya contra el Irán de los ayatollahs y armaron hasta los dientes a Hussein, y arruinaron a ambos países durante una guerra fratricida (ambos contendientes eran musulmanes y la mayoría chiís) que duró una década. Esperaron después a la invasión de Kuwait por Sadam para tener un casus belli. Luego esgrimieron la falacia de las armas de destrucción masiva, ahora pretenden que un país rico de la zona, Irán, no pueda desarrollar la energía nuclear como lo han hecho otros países menos ricos, como Israel, Pakistán o India. ¿Por qué razón? ¿Cómo puede el gobierno de Israel mantener más de doscientas ojivas nucleares listas para ser lanzadas y casi una docena de submarinos nucleares armados con bombas atómicas patrullando los 365 días del año en aguas mediterráneas?

Recuperemos la cordura. Que callen las amenazas, las injurias, las algaradas y las descalificaciones.

 

31 de marzo de 2006